A veces hay excepciones y a algún guionista se le ocurre una historia increíblemente buena y, además, se consigue plasmar en la gran pantalla con la belleza que merece. Lo cierto es que esto ocurre, no con mucha frecuencia pero afortunadamente pasa y Charlie Kaufman lo hizo en 2004 con esta película.

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Es inevitable que no veamos a Jim Carrey como un genio de la comedia, ha dedicado gran parte de su carrera a hacer disfrutar a mucha gente con sus genialidades y muchos le han etiquetado pero películas como Olvídate de mí demuestran que no tiene por qué ser así, casi todos los actores cambian en algún momento su registro y a veces con muy buenos resultados.

La mayoría sabrá del gran carisma de su director, Michel Gondry (su acento nos cautivó a muchos hace ya unos cuantos años), un autor que nunca dejará de sorprendernos, para bien o para mal, y que con esta película consiguió hacernos vibrar. Una joya del cine independiente

Joel (Jim Carrey) descubre que su novia Clementine (Kate Winslet) ha borrado de su cerebro los recuerdos de su relación. Desesperado, Joel contacta con el inventor del proceso, el Dr. Howard Mierzwiak (Tom Wilkinson) para eliminar cualquier recuerdo de Clementine de su propia memoria. Pero entonces Joel se da cuenta, mientras los recuerdos progresivamente desaparecen, que no quiere borrar todos. 

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Olvídate de mí logra ese juego psicológico que muchos largometrajes pretenden pero que nunca alcanzan. Es la película con la que millones de espectadores hemos sentido identificados, por contar esa historia de amor que todos querríamos olvidar porque no ha salido como pensábamos, conseguimos dejarla de lado pero luego te das cuenta de que los momentos buenos no querías que se fuesen. Lo espectacular es la manera en que Gondry la relató en este filme, la técnica empleada para que Joel (Jim Carrey) olvidase a Clementine (Kate Winslet) y viceversa deja sin palabras a cualquiera. El juego con el tiempo, las dimensiones, el subconsciente, todo unido a las brillantes interpretaciones y, sobre todo, a ese guión que todos recordaremos como “uno de los mejores de la década” hacen que esta película sea tremendamente irresistible. Olvídate de mí es ante todo muy pura, complicada pero que llena al público en sus primeros diez minutos. Sublime de principio a fin (y vaya final…). Imprescindible para que los sentidos despierten y la vista se alegre.