Holocausto y drama judicial. El cine está de fiesta. O eso parece por la potencia que estas dos temáticas han tenido durante la historia del cine. Temáticas nunca exentas de moralejas y enseñanzas que siempre han resultado, en su naturaleza, poco dadas al debate, excepto en contadas ocasiones. Negación no es un caso que venga a romper la regla, pero tampoco es un ejercicio de cine que permita perdonar aquella actitud obtusa con la que suelen caminar estos filmes.

Todos recordamos La lista de Schindler, la cual más allá de sus horribles técnicas para conseguir lo que desea y controlar al espectador de forma similar a aquella verde babosa que controla la mente de Fry en Futurama, al menos se esforzaba por conseguir gustar partiendo de una cuidada técnica, como buen sabio que es Spielberg sobre este medio, consiguiendo gustar y enamorar a muchos a partir de una fotografía nada sutil pero bien realizada, unas actuaciones nada disimuladas en cuanto a su moral pero bien ejecutadas y unos correctos encuadres que prefieren enseñar a insinuar, que prefieren dictar a guiar. Estética que disfraza el horror. No sé a qué me suena. La cuestión es que, al menos, si uno lo prefería, podía desviar el cerebro de lugar y reconducirlo a disfrutar de ciertos elementos narrativos y técnicos que no tuviesen un nefasto efecto en nosotros. Negación se permite, no obstante, no ser tan contundente en lo dicho, lo cual no sé si a estas alturas es de agradecer, aunque sí debe reconocerse que resulta menos hiriente que otras obras sobre esta cuestión. Y esto surge del hecho de que Mick Jackson se esfuerza lo mínimo en impregnar a su película de algo que le proporcione más personalidad sin caer en la autocomplacencia tan repetida y alabada actualmente. No hay ni onanismo ni carácter, solo hay fotogramas que desfilan. La obra del inglés se permite ser un ladrillo más en la pared del drama judicial.

Sí, se le reconocerá la gran intensidad interpretativa de aquellos que ya todos conocemos por ser buenos en su trabajo, pero eso no debería ser razón para elevar una película más allá de lo que es o pretende ser. He aplaudido (contenidamente) antes a películas recientes que, en su humildad, permitían relucir la cotidianeidad, los gestos simples, sin hacer ni tan obvias estas intenciones ni tan exagerado el alcance de estas a partir de aderezar con pretensiones inalcanzables esas sutilidades (gran pecado de Richard Linklater en Boyhood). Los objetivos en Negación provienen de determinar una historia que se cree a sí misma grande pero que ni nosotros ni el director incluso parecen acabar de confiar en que lo sea, quedándose en un limbo de no saber si entrar a analizar a la protagonista o el debate creado por gente como David Irving y sus personalidades o el propio holocausto o el propio funcionamiento de la maquinaria judicial británica. Ese desconocimiento del propio filme respecto a su dirección, a su objetivo, condena a la película a una insignificancia que no busca su narrativa, pero que parece surgir de la incompetencia o la falta de ganas de su director.

Su aspecto técnico, la experiencia que proporciona, los sentimientos que arraigan en los fotogramas, son los propios de un cine hecho con un pie en lo mecánico y con otro en las intenciones atropelladas. Duele ver que no haya lugar a mucho debate, aunque se entienda superficialmente que sí se da espacio a las dos visiones para acabar ganando la verdad. El drama judicial brilla por su ausencia al no dejar espacio para la duda, para el debate. No para triunfar la certidumbre histórica debe sacrificarse la existencia de un cuestionamiento que, por más disparatado o falaz que pueda ser, existió y causó grandes cotas de curiosidad tanto por su retorcido giro a la historia como por los orígenes psicológicos y culturales que dan lugar a tal planteamiento.

Hay muchas maneras de ganar el tiempo viendo algo que nos aporta alguna experiencia, sentimiento, sensación o emoción, sea positiva o negativa. Es preferible detestar lo que se ve que quedarse como se queda uno ante Negación. También hay buenas maneras de perder ese tiempo, pero con la obra de Mick Jackson no se pierde el tiempo, simplemente pasa. Para grandes películas sobre la barbarie nazi tenemos los famosos Noche y Niebla de Alain Resnais y Shoah de Claude Lanzmann, haciendo hincapié en ese planteamiento de lo irrepresentable de Theodore Adorno respecto a la cuestión del holocausto. Para grandes dramas judiciales, tenemos los famosos de siempre (El debut de Sidney Lumet o Testigo de Cargo de Billy Wilder) pero también tenemos acercamientos interesantes y variados como Anatomía de un Asesinato, de Otto Preminger o El Dilema, de Michael Mann. Incluso Spotlight, ganadora de la penúltima gala de los premios Oscar, criticada por ser excesivamente fría y académica, tenía más pasión en sus venas que el productor de Mike Jackson. El tiempo es más preciado que el dinero y en el cine se gastan ambos, así que pararse a pensar en ello antes de ver Negación no es mala idea.

Título original: Denial Director: Mick Jackson Guión: David Hare Música: Howard Shore Fotografía: Haris Zambarloukos Reparto:    Rachel Weisz, Tom Wilkinson, Timothy Spall, Andrew Scott, Caren Pistorius, Alex Jennings, Jack Lowden, Will Attenborough Distribuidora: eOne Films Fecha de estreno:  13/04/2017