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Adoro a Michelle Williams, la adoro desde los tiempos de Dawson crece, mientras que el resto de la humanidad se cernía en una lucha para decidir si la buena de Joey Potter (Katey Holmes) debía acabar con el bonachón Dawson (James Van Der Beek) o con el rebelde Pacey (Joshua Jackson), yo vivía prendado de la dulce y trágica –siempre trágica– Jen Lindley, la encantadora vecina que vivía con su abuela en la casa contigua a la de Dawson. ¿Cómo no iba a entender que el bueno de Michael Pitt estuviese a punto de tirarse desde el tejado de un granero por reclamar su amor?, ¿cómo no iba a llorar desconsoladamente con ese trágico –la siempre trágica Jen Lindley– final que los guionistas reservaron para su personaje? Y es que mientras el resto del mundo debatía sobre con quién debería acabar la buena de Joey (la verdadera protagonista de una serie que no llevaba su nombre), yo solo tenía ojos para Jen Lindley, o lo que es lo mismo Michelle Williams.

Tras Jen se escondía una actriz de brutal talento, una portentosa actriz que, como no ocurre en demasiadas ocasiones, se supo separar por completo de su personaje televisivo. Mientras que el resto de sus compañeros de reparto, pese al éxito de la serie, no han sido capaces de salir de las fauces de la televisión, o en el caso de Holmes de ser “la señora de Tom Cruise”, Williams se ha convertido en una de las más grandes actrices de su generación. Y es que no le valía con tener una gran belleza y un gesto que al mismo tiempo transmitía una enorme fragilidad y un espíritu de supervivencia (dos rasgos que llevó al máximo con el personaje que le dio la fama), sino que también supo dejarse la piel en cada papel que le llegaba. Ahí están como buenos ejemplos sus espléndidas colaboraciones con Kelly Reichardt en Wendy y Lucy y Meek’s Cutoff, la extraordinaria mujer tratando de revivir un matrimonio naufragado en Blue Valentine de Derek Cianfrance o la portentosa guardadora del secreto de Brokeback Mountain de Ang Lee. En cada uno de sus papeles Williams se ha dejado el alma, y eso la ha aupado a ser hoy una de las más grandes actrices que pululan en Hollywood.

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Tras un par de años retirada de la actuación, en los que se ha dedicado a la crianza de la hija que tuvo en común con Heath Ledger la verdad es que la echábamos de menos en la gran pantalla, esperábamos un regreso triunfal, quizá con un papel que le diese el Oscar que tanto merece (ha estado nominada en tres ocasiones), y aunque no parece una actriz que lo busque desesperadamente, de hecho, lo próximo que tiene en la cartera es una nueva colaboración con Reichardt, el papel de Suite francesa, película que por si fuera poco está producida por los Weinstein, parecía todo un caramelo para los académicos. Basada en la obra autobiográfica de Irène Némirovsky que fue descubierta por su hija y publicada a principios de siglo, cuenta la resistencia de las mujeres de un pueblo francés ante la ocupación nazi, y la historia de amor entre esta (aquí llamada Lucille Angellier) y un oficial del ejército alemán. El hecho de que la película, que fue rodada en 2013, estuviese tanto tiempo guardada en un cajón, no traía buenos augurios, y finalmente hemos podido ver como la anunciada hecatombe ha tomado forma.

Seamos justos, Suite francesa no es un completo desastre, es una película con una cuidada dirección artística, facturada de una manera bastante bella, aunque sin salirse de los cánones más ordinarios. Además, cuenta con un reparto excepcional, en especial el trabajo de sus actrices principales, Williams y Kristin Scott Thomas, y un reparto de secundarios con una irreconocible Margot Robbie pre-Lobo de Wall Street y un Matthias Schoenaerts, bastante solventes, entonces ¿qué es lo falla? Sencillo, todos los problemas de la película residen en su desastroso guión, la película está narrada de una manera torpe, con unos personajes pesimamente construidos que les hacen parecer forzadas caricaturas, cuyas decisiones, siempre elevadas a los límites del drama en pos de encontrar la respuesta emocional en el espectador, resultan siempre excesivamente evidentes. Esto sin tener en cuenta decisiones idiomáticas que a día de hoy resultan esperpénticas (franceses y alemanes hablando un perfecto inglés entre ellos, mientras que los alemanes se comunican entre sí en un alemán que demuestran los tiranos que son).

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Sí, no cabe duda de que Suite francesa es de esas películas que nacen con pedigrí académico, el problema, pese a que por muchas reminiscencias trate de ser una seudoversión femenina de El pianista, jamás llega a controlar lo que sale en pantalla de la misma manera que Roman Polansky lo hacía en su obra. El resultado no llega a ser catastrófico, pero se queda de los límites del desastre, es su excepcional reparto la que evita de el daño sea mayor. En especial, sí, una brillante Michelle Williams cuyo regreso esperábamos como agua de mayo, pero la siempre trágica Jen Lindley cae en el abismo con la tragedia de Némirovsky, no importa, actrices con el talento de Williams no abundan y a buen seguro pronto la volveremos a ver y celebrando cada interpretación suya como el regalo nacido de la tragedia de la buena de Jen Lindley.

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Ficha técnica:

Título original: Suite française Director: Saul Dibb Guión: Matt Charman, Saul Dibb Música: Rael Jones Fotografía: Eduard Grau Reparto: Michelle Williams, Matthias Schoenaerts, Kristin Scott Thomas, Sam Riley, Margot Robbie, Ruth Wilson, Alexandra Maria Lara, Tom Schilling, Eileen Atkins, Lambert Wilson Distribuidora: eOne Spain Fecha de estreno: 08/05/2015