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Julie Delpy está cada vez más volcada en su incipiente carrera como directora, lo que también la está sirviendo para hacer un retroceso sobre ella misma y echar un vistazo atrás. Si con 2 días en Paris volvía a recuperar a aquella maravillosa Celine que creo con Richard Linklater en Antes del Amanecer y cogía de nuevo el espíritu de un personaje que también tenía mucho de ella, ahora con El Skylab va mucho más para atrás para contar una reunión familiar a través de los ojos de una niña de la que no hace falta decirlo para darnos cuenta de que es la propia directora.

Una familia sube a un tren, sus asientos están separados y nadie parece estar por la labor de cambiárselos, está claro que las situación de las familia ya a nadie le importa, del grupo hemos pasado al individualismo, y nadie parece estar dispuesto a cambiarlo. Las familias comen cada una por su cuenta y se sientan en asientos separados. Una mirada por la ventana lleva a esa madre de familia directa hasta el verano de 1979, cuando ella era sólo una niña, a un día que se relaciona mucho con las fechas actuales ya que tenía mucho de apocalíptico y es que toda la Bretaña francesa estaba amenaza ante la inminente caída del satélite Skylab.

Delpy nunca se escapa de la mirada de esa niña para contarnos todo ese día de verano con muchísimo sentido del humor. Una familia reunida un solo día para celebrar el cumpleaños de la matriarca es normal que las bromas afloren y el buen rollo anide entre ellos. Desde un guión brillante, Delpy destila un sentido del humor muy ácido, picaresco y natural, las bromas nacen de los piques, el humor se contagia y al final es difícil no acabar estallando en carcajadas en más de una ocasión. Pero al igual que la bromas, los roces nacen de la convivencia, y aunque no se acerque a ello con la misma soltura que desprende en el humor Delpy también ahonda en un drama que siempre nace desde la situación actual del país en aquel momento. Afloran los ecos del racismo desde la guerra de Argel enfrentados al levantamiento estudiantil de mayo del 68. Delpy trata de tocar todo desde el pequeño margen de maniobra que le permite ese simple día y se maneja siempre con muchas soltura.

Dos mundos llegan a convivir en El Skylab, por un lado unos padres que nunca saben bien como hacer de padres, sin importar que sean primerizos o ya abuelos, siempre se les acabará escapando todo de las manos. Por otro lado la mirada de esa niña, curiosa, divertida y entrañable. Encontrando su primer amor y su primer desamor, indagando acerca del sexo, queriendo ser por fin adulta pero sin renunciar a su derecho a dormir en la tienda de campaña. La colección de personajes esperpénticos y divertidos que conviven en El Skylab bien podrían haber salido de una película de Wes Anderson (además de que la mirada de la infancia de Delpy tampoco está tan lejos de la estrambótica mostrada por Anderson en su último film), destacando sobre todo ese entrañable tío Hubert o el divertido primo Christian (ojo al talento de Vincent Lacoste, al que vimos hace poco en The French Kissers y podría ser uno de los nombres de referencia en la próxima comedia francesa). Delpy cuenta una historia enternecedora sin excesivas pretensiones. Una historia que ni siquiera trata de decir que los tiempos de antes fueran mejores, simplemente cuenta la historia de una madre que echa de menos el poder sentarse a jugar a las cartas mientras está en el tren con su familia.

Título Original: Le Skylab Director: Julie Delpy Guión: Julie Delpy Fotografía: Lubomir Bakchev Interpretes: Lou Álvarez, Julie Delpy, Eric Elmosnino, Aure Atika, Noémie Lvovsky, Bernardette Lafont, Emmanuelle Riva, Vincent Lacoste Distribuidora: Alta Films Fecha de estreno: 27/07/2012