Poco hay para que a estas alturas una película de Astérix y Obélix nos pueda sorprender. Desde su primera adaptación de carne y hueso, hace ya trece años, la saga a demostrado, al igual que lo hiciera Mortadelo y Filemón aquí en España, que pese al éxito recibido, el lugar idóneo para las aventuras de los galos estaba en el papel, y que la pantalla no les hacía justicia. Pero el éxito manda, cuatro películas a las espaldas, tres Astérix distintos, un Gérard Depardieu lejos de la gloria que vivió a finales de los 80 y principios de los 90 y un recital de estrellas del cine de europeo que han paseado por toda la saga, nombres que van desde Roberto Benigni, Laetita Casta, Monica Belucci o Alain Delon a los que ahora hay que sumar a Fabrice Luchini y Catherine Deneuve, que parecen con ganas de recibir un gran cheque a costas de hacer el tonto un rato.

En esta ocasión los romanos se empeñan en invadir Britania, allí, en una pequeña aldea, han oído hablar de ese pueblo galo que se resiste a la invasión de los romanos gracias a un brebaje especial. Pronto irán a pedirles ayuda para recibir un tonel del brebaje mágico y en el viaje, escoltando el tonel irán Astérix, Obélix y el repipi sobrino de Ideafix.

No es nada nuevo los tópicos sobre el cariño que los franceses tienen hacia los ingleses, algo similar al de los españoles con el pueblo galo de lo que José Luis Torrente hizo gala al final de la segunda entrega de Torrente cuando tras tirar un misil sobre Gibraltar exclamó: “Si llego a saber que era de verdad, lo tiro para Francia”. Y en la película está mala baba hace una presencia continua, algo que sin duda podía haber sido su mayor baza si lo hubieran con la destreza y la mala leche que destilaban en los cómics de René o aquí en España lo hacían en los de Ibañez. Pero tanto abuso de chascarrillos y tópicos acaba siendo abrasador y su uso parece más cercano al de un gag de Martes y Trece que a nada mínimamente deslumbrante. Poquito hay que no se haga terriblemente asimilable, desde el insoportable y arquetípico personaje del sobrino, a las bufonescas presencias de los romanos. Ni el carisma de los dos protagonistas, algo que además consigue verse respondido por sus intérpretes, sirven para salvar una película, en la que se empeñan a raudales por hacerles encontrar el amor, en un ataque derechista ante la insoportable idea de que dos hombres adultos convivan juntos siendo solamente amigos.

Quizá llene a los más pequeños, sobre todo si están descubriendo las aventuras de estos personajes creados por René Goscinny hace ya más de cincuenta años. Pero sus tontas bravuconadas, salidas del cine infantil más rancio y conservador acaban por convertirse por una fatigosa experiencia, que no en vano tampoco sorprende nada, pues sigue el camino que la saga venía marcando hasta el momento. Sabemos lo que nos vamos a encontrar y básicamente es más de lo mismo, pero eso sí, esta vez ¡En 3D!.

Título Original: Astérix et Obélix: Au Service de Sa Majesté Director: Laurent Tirard Guión: Laurent Tirard, Grégoire Vigneron Música: Klaus Badelt Fotografía: Catherine Pujol, Denis Rouden Interpretes: Gérard Depardieu, Edouard Baer, Fabrice Luchini, Catherine Deneuve, Guillaume Gallienne, Vincent Lacoste, Valérie Lemercier, Charlotte Lebon, Jean Rochefort, Gérard Jugnot, Dany Boon Distribuidora: TriPictures Fecha de Estreno: 30/11/2012