Puede que el título español de la nueva película de Stephan Elliot (director de Las aventuras de Priscilla, Reina del Desierto) pueda ser bastante oportunista, y es que aunque comparten el mismo guionista (Dean Craig) y una fórmula similar, dar rienda suelta a una comedía anárquica a partir de una ceremonia seria y de carácter familiar, las similitudes se acaban ahí. Lo que ocurre es que una boda ya de por si tiene un carácter jovial y festivo que no posee el funeral, por lo cual jugar con él es más complicado presentar una comedia que se yuxtaponga tan bien con el fondo como lo hacía aquella dándole pie a crear un humor negrísimo, ácido y corrosivo envuelto en forma de sátira social. Nada de esto nos lo encontramos en Una Boda de Muerte, una película que aunque resulta bastante divertida lo hace a base de un humor burdo, grotesco y escatológico.

David ha conocido a Mia durante sus vacaciones de verano, cuando vuelva a Inglaterra le dará la gran noticia a sus amigos que viajaran junto a él a Australia a la ceremonia de su boda, por supuesto todos ellos son unos inmaduros y la liaran nada más poner pie en suelo australiano. Desde luego que estamos ante una película que cumple su cometido y que es capaz de provocar la carcajada en más de una ocasión, pero esto se antoja demasiado poco ante las expectativas provocadas por su título. Elliot demuestra un gran manejo del timing cómico y aunque es cierto que en más de una ocasión los chistes no conseguirán más que esbozar una pequeña sonrisa, en otros, sobre todo tras las aparición de la oveja Ramsey, una  robaescenas que tendrá que soportar desde el travestismo a tener una mano dentro de su concavidad anal (dos claros referente al humor de la película). Tampoco se queda atrás una despampanante Olivia Newton-John puesta de coca hasta las cejas que sin duda es lo mejor de un pobre reparto.

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Es cierto que Una Boda de Muerte no es lo que promete, pero pese a todo y gracias sobre todo a saber controlarse dejando que todos los chistes queden perfectamente metidos dentro de la película, sin que sientan forzados, y la no repetición de los mismos, llega a sacar nuestro lado más pueril y sinvergüenza y a hacernos reírnos bastante en más de una ocasión. Se podría decir de ella que es algo así como la versión australiana de Resacón en Las Vegas, y es que lo que produciría Apatow tampoco se quedaría muy lejos del producto final de esta película.

2.5_estrellas