No es mucho el cine coreano que llega a nuestras pantallas, por lo que debemos agradecer que la segunda película del realizador Na Hong-jin se estrene en nuestros cines después de pasar por Sitges dónde gano el premio al mejor director. Después de un arrollador debut con el despiadado thriller The Chaser, Hong-Jin demuestra que es un nombre a tener en cuenta en la nueva ola de cine coreano con gente como Park Chan-wook, Bong Joon-Ho o Kim Ji-woon. The Yellow Sea es el nombre del mar que separa las fronteras de Corea del Norte, China y Rusía, todos los que viven allí sobreviven a base de negocios ilegales. Cuando a Gu-Nam (Jung-woo Ha) un taxista endeudado hasta arriba y sin posibilidad ninguna de poder pagarlas le ofrezcan viajar hasta Corea para asesinar a un hombre a cambio de una elevada cifra de dinero, no se podrá negar.

Hong-Jin se pega al protagonista de una forma casi obsesiva, haciendo que su presencia esté omnipresente durante toda la primera parte de la película, sólo en la segunda mitad se despegará de él durante pequeños intervalos simplemente para mostrarnos un complicado juego de traiciones. El primer tramo magistral, es notable la evolución del Gu-Nam tras la aceptación del trabajo escalando desde el temor hasta finalmente asumir que realmente tiene que realizar el asesinato, así como la tensión que se logra imprimir en cada una de las escenas, el realizador es capaz de pegarnos a la pantalla de forma magnética mientras que observamos como Gu-Nam traza su plan para ejecutar el crimen. Tras una primera parte tan sobresaliente es normal que cuando llega la segunda parte, marcada por la culminación del trabajo aunque en realidad la película está dividida en cuatro capítulos, es imposible no notar un ligerísimo bajón que no nos impide por ello seguir disfrutando al máximo cuando explota del todo una historia de traiciones, codicia, celos y desesperación y sobre todo un hierática violencia, con la misma crudeza y realismo a la que nos tiene acostumbrados el cine coreano, dónde la sangre salpica al espectador y los asesinatos se producen con la cámara pegada a la herida.

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Como ya ocurría en The Chaser, el realizador vuelve a incurrir en una persecución global jugando al gato y al ratón, entre su protagonista y su terrible antagonista, el problema es que entre tanta persecución lo cierto es que en más de un momento se le llega a ir la mano, consiguiendo incluso alguna tímida risa por parte del espectador al observar la exagerada e increíble ineptitud del cuerpo policial coreano. No se queden solo sobre la violenta superficie, ya que The Yellow Sea va mucho más allá de eso, presentando un thriller existencialista y un análisis acerca de la necesidad del ser humano por sobrevivir más allá de cualquier otra cosa.

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