¿Qué pasaría si dos bandas decidieran atracar el mismo banco a la vez? Con esta premisa tan divertida y original arranca Atraco por duplicado y pese a que ya en su arranque se muestra bastante dubitativa, sobre todo al introducir al personaje de Dempsey, debemos decir que los diez primeros minutos de la película se antojan como algo interesante y que realmente puede llegar a dar juego. Nos encontramos en el banco, por un lado tenemos a una banda vamos a llamarla profesional, logísticamente preparados y dispuestos a dar el golpe del siglo, por el otro dos patanes (Tim Blake Nelson y Pruitt Taylor Vince) un inevitable tiroteo y una víctima ya en el primer asalto, por el medio se cuela McDreamy para hacer de mediador entre las dos bandas y facilitar el asunto. Es cierto que aunque Minkoff plantea este inicio con cierta solvencia, es fácil ver ya desde aquí muchas de las carencias de la película, las cuales residen principalmente en el guión escrito por Jon Lucas y Scott Moore, un libreto lamentable que sorprendentemente firman los guionistas de Resacón en Las Vegas, no sería de extrañar que lo escribiesen bajo el efecto de las sustancias nada recomendables que ingerían los protagonistas de la película de Todd Phillips. Se supone que estamos ante una comedia, pero es imposible reírse en ningún momento, y es que el guión se convierte en un montón de chistes rancios, de los que además se abusa en demasía.

El gran problema con la película llega a la hora de tener que continuar la historia más allá de su premisa, es entonces cuando se convierte en un completo desastre de épicas proporciones, cada una de las bandas decide atracar una parte del banco por su cuenta, mientras que los rehenes se quedan encerrados en una habitación, aunque no tardaran en danzar a sus anchas por todo el banco como si estuviesen en El Club de los Cinco, y aunque Dempsey es un incordio a ninguno de los atracadores se le ocurrirá la genial idea de meterle una bala entre ceja y ceja. La película se convierte en un completo quiero y no puedo, es verdad que Minkoff trata de darle velocidad, pero ésta se empeña en moverse entre lo demencial y el despropósito, una mezcla letal que a un espectador bastante poco interesado por lo que sucede en la película le acaba produciendo el más terrible tedio. Lo peor del todo llega en su recta final, cuando en un intento de sorprender al espectador la película da un giro rocambolesco que se siente de lo más artificioso, así nos vemos sumergidos en una investigación detectivesca al más puro estilo del Cluedo, montada torpemente a base de flashbacks y que es incapaz de interesarnos lo más mínimo por el pobre desarrollo que han tenido los personajes, el vil intento de montar un rompecabezas inteligente se ve defenestrado por el poco interés que presenta la resolución del mismo.

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Patrick Dempsey resulta un tipo de lo más simpático, es el típico tío que a todos nos cae bien, tiene ese algo que comparte con gente como George Clooney y levanta simpatías entre hombres y mujeres, además es un galán apuesto de esos que gustan a las abuelas a las madres y a las hijas, pero como actor deja mucho de desear y cuando le pones al timón de una película te das cuenta que no posee el carisma suficiente como para aguantarla sobre sus hombros. Además de caer en una excesiva exageración de tics a la hora de dar vida a este hombre más bien trastornado demuestra tener una nula vis cómica, llegando al más triste patetismo en alguna ocasión. Del resto más bien poco se puede decir Ashley Judd está por estar (le agradecemos el escote) y Tim Blake Nelson y Pruitt Taylor Vince se limitan a hacer un poco el tonto poniendo acento “gracioso”. La película que se estrena coincidiendo con el reestreno de El Rey León nos hace preguntarnos… Minkoff ¿Quién te ha visto y quién te ve? Y es que cuando una comedia no hace la más mínima gracia es preocupante, pero cuando realmente te pasas toda la película deseando un final atroz para sus protagonistas es que nada ha funcionado.

1 estrella (nota: 2)