El cine de Aki Kaurismäki tiene música, y la música de El Havre suena a blues y rock (con un momento de lucimiento del viejo rockero francés Little Bob, nacido en el mismo Havre que da título a la cinta). El cine de Aki Kaurismäki también se ve, se disfruta de su estética casi de cómic, de ese estilo tan personal que ha desarrollado junto a Timo Salminen a base de una inmensa paleta de colores azules y de esos rostros desgastados e inexpresivos de todos sus personajes. Y el cine de Kaurismäki también sabe, habitualmente sabe a cuento de hadas, a fantasía bohemia y optimista, y posiblemente El Havre sea el mayor cuento que jamás nos ha contado el finlandés, una fabula con tintes de cine social, al igual que hiciera por ejemplo Biutiful el año pasado, la película nos acerca el drama de la inmigración y el grave problema que este supone para Europa, aunque en lugar de optar por el típico enfoque de cine social y tratar de enfurecer a las clases bajes, Kaurismäki opta por darle a la película un color soñador y entrañable y disfrazarla toda ella de bondad y coraje.

El Havre es una ciudad portuaria de Normandia en el norte de Francia,  hasta allí llega un contenedor lleno de inmigrantes procedentes de Gabón, aunque la policía les detiene el joven Idrissa consigue escapar hasta dar con Marcel Max que se gana la vida como limpiabotas, la mujer de Marcel Max ha caído enferma, aunque le oculta que realmente es algo grave lo que le pasa. Idrissa no habla mucho, él sólo quiere cruzar el canal para poder llegar a Londres con su madre, mientras tanto y con la ausencia de su mujer a Marcel le servirá como un clavo ardiendo en el que agarrarse, además de que el joven es un trabajador y le ayudará en todas las tareas del hogar.

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Pese al peso de una historia triste de fondo, El Havre es de todo menos deprimente, el realizador atina al saber incluir todas las cuestiones sociales dentro de un cuadro marcado por el buen rollo y su particular sentido del humor. Cada personaje es perfecto en su cometido, cada secundario se siente indispensable, especialmente genial ese Inspector de policía al que interpreta Jean-Pierre Darroussin. Otros personajes se sienten como puras extensiones de cine anterior, si Marcel Max fácilmente podría ser el mismo personaje que ya interpreto André Wilms en La vida bohemia, cansado de no conseguir nada con la literatura y escapando de Paris hacia el norte para seguir soñando, lo mismo ocurre con Jean-Pierre Léaud otro de los habituales del director, aquí haciendo de un delator que a nadie nos sorprendería lo más mínimo si nos dijesen que responde al nombre de Antoine Doinel.

No hay mayor optimista en el cine actual que Aki Kaurismäki, capaz de enamorar a ese hombre que contrata a un asesino a sueldo para que acabe con su vida, de hacer que Ariel sea un barco que pueda disputarle al Titanic el sobrenombre de barco de los sueños, e incluso hacer que en su película más triste, La Chica de la Fábrica de Cerillas, ésta pueda encontrar un forma para poder escapar de su miseria. Y como es un optimista es capaz de decir al final de la película “Los Milagros existen” algo que en las manos equivocadas correría el peligro de sonar hasta irónico, pero no, el cine de Aki está lleno de milagros, y El Havre, que es el comienzo de una nueva trilogía, que efectuará su segunda parada en Vigo, no deja de ser otra milagrosa joya que añadir a la estupenda filmografía del finés.

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