?????????????

Entrar a definir los porqués de tus películas favoritas implica mencionar algo puramente subjetivo. No puede ser una simple cinta que te entretenga en mayor grado en contraste con las demás. Tiene que ser una obra que sea capaz de trastocar tu estado anímico a su antojo, sin ser capaces de analizar ese proceso que se crea en el visionado. Aquí no entra en función la calidad de la cinta, sino el impacto. Y esto siempre está unido a un contexto que nunca se repite. El simple hecho de revisarla siempre nos podrá retrotraer al momento en cuestión y volver a redefinir nuestro amor por ella. Por esa razón, aun sabiendo que aguardan centenas de obras maestras a la espera de que pueda enamorarme de ellas, nunca alcanzarán el primer puesto. Esa primera posición –que lo ocupa Magnolia, de Paul Thomas Anderson– representa un punto de inflexión. Representa el momento en el que el cine dejó de ser un mero pasatiempo y se transformó en algo más.

En cierto modo, el resto de la lista siempre estuvo condicionada por Magnolia. No existe analogía alguna entre ella y las demás cintas. Lo que consiguió la obra maestra de PTA fue perfilar mi sensibilidad para con el arte. El proceso simbiótico que se genera entre el artista y el espectador está subordinado a cuantiosos factores. De esta forma, únicamente cuando entendí que el cine tenía la capacidad de despertar sensaciones que no acostumbro a sentir en una vida ordinaria, fui capaz de entablar un diálogo con el críptico mundo de David Lynch en Mulholland Drive.

?????????

Lo curioso de todo esto es que gran parte de las cintas que aparecen en esta lista las repudié en su momento. Blade Runner (Ridley Scott) y Persona (Ingmar Bergman) me parecieron soporíferas. Acostumbrado a un cine que eran productos sobrecargados de puro artificio, fui incapaz de apreciarlas. Sucede algo similar con mi cuarta película favorita, Un hombre sin pasado (Aki Kaurismäki). Hasta que no entendí la grandeza y la importancia de una figura como la de Robert Bresson –influencia clara en el cine del finlandés–, no me enamoré de sus obras.

Llegados a este punto, hay que mencionar la aparición de Andrei Tarkovski. El egregio soviético no solo fue un apoyo clave para que encontrase el QUÉ es lo que busco en el cine, sino que cuestionó mi planteamiento de vida. Esto no es algo común en los productos destinados al consumo masivo de espectadores de ínfima inteligencia, aquellos que comulgan con un pensamiento equivoco de que el cine es un entretenimiento más. Una obra con la que el artista intente exorcizar sus demonios y que lo comparta con los demás; esa es la mayor pureza en este arte. Y no hay duda de que Tarkovski fue de los pocos en lograr su propósito.

maxresdefault (7)

Cuesta horrores comprimir –u ordenar– una lista de películas favoritas. Sin ir más lejos, el último puesto, que actualmente lo ocupa Apocalypse Now (Francis Ford Coppola), está en continua permutación. Bien podría incorporar Al azar de Baltasar (Robert Bresson), La evasión (Jacques Becker), Taxi Driver (Martin Scorsese), Sonata de otoño (Ingmar Bergman), etc. Sin más dilación, he aquí la lista de mis 10 películas favoritas:

  1. Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)
  2. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
  3. Persona (Ingmar Bergman, 1966)
  4. Un hombre sin pasado (Aki Kaurismäki, 2002)
  5. Arrebato (Iván Zulueta, 1979)
  6. Sacrificio (Andrei Tarkovski, 1986)
  7. Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
  8. La tormenta de hielo (Ang Lee, 1997)
  9. High-Rise (Ben Wheatley, 2015)
  10. Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)