La Cosa nos mostraba una estación en la Antártida, que había sufrido un extraño suceso, allí un grupo de investigadores descubriría que un ente extraterrestre estaba entre ellos… Pero… ¿Qué paso en aquella estación antes de lo que aparece en la película? Eso es precisamente lo que trata de contarnos la película de Matthijs van Heijningen Jr., viendo lo que le ocurrió a aquella expedición noruega que descubrió por primera vez a ese alienígena aterrador.

Hay películas que no se deben tocar, eso es algo bien sabido (aunque la mayoría de las veces esto se lo pasen por el forro), y desde luego La Cosa es una película para incluir en esa lista. Es cierto que ésta ya era una versión de una cinta previa, pero al igual que Cronenberg hiciese también un poco después con La Mosca, Carpenter hizo una película con sello propio, que rápidamente se convirtió en película de culto y uno de los principales iconos del terror y la ciencia-ficción actual. Era por esto por lo que era normal tener algo de miedo ante la innecesaria revisión de una película que treinta años después sigue sin haber envejecido lo más mínimo, aunque este nuevo acercamiento se hiciera en forma de precuela, el miedo ante lo que nos podríamos encontrar era evidente.

Por suerte debemos de decir que el miedo se pasa rápido y es que la película de Matthijs van Heijningen Jr. arranca rápido y bien, mostrándonos ya desde el principio que no se va a limitar a copiar, si no a buscar su propia identidad, pero sobre todo que va a tratar con respeto, admiración y mucho cariño a la obra de Carpenter, en una cinta que no deja cabo sueltos a la hora de establecerla como anterior, y busca siempre explicar hasta el más mínimo detalle, pero que además está repleta de homenajes hacía la película de Carpenter, todo ello sin perderse en ningún momento y creando su propio concepto.

En ningún momento busca ser mejor que la cinta a la que claramente respeta, es consciente de la limitación de un proyecto así, algo que incluso les permite tomar sabias decisiones como relegar el rol protagónico a una mujer, evitando de esta forma la pertinente comparación con Kurt Russell. Ese rol se le enfunda a la perfección la guapísima Maria Elizabeth Winstead, a la que ya habíamos visto en la tercera entrega de Destino Final o como la Ramona de Scott Pilgrim contra el mundo. Winstead encarna a la perfección a un personaje que en muchas ocasiones nos evoca incluso a la mismísima teniente Ripley (salvando las distancias).

Por supuesto también está presente el que sin duda era el elemento más importante del clásico ochentero, como es la desconfianza en todo el mundo. Esa forma de no poder confiar en nadie como ocurría en la original, esta llevado con gran pulso, creando una atmósfera bastante aterradora y mucho suspense. Por supuesto adaptándose a los tiempos en los que estamos, podemos ver al bicho en todo su esplendor, y unas buenas dosis de gore que hacen a la película de lo más divertida.

No estamos ante un guión para tirar cohetes, algo que desde luego tampoco nadie esperaba, pero aún éste consigue ser bastante interesante, evitar el ridículo, y mantenerse durante todo el metraje. La realización de su director, Heijningen, noruego que debuta en el cine, y que ahora tiene en su cartera de proyectos una película de Zombis junto a Zack Snyder, es bastante eficiente, nada realmente espectacular, pero sobria y entregando al espectador exactamente lo que busca.

Como es lógico y de esperar la cinta de Heijningen se queda muy lejos y muy mal parada si la queremos comparar con la del maestro Carpenter, pero lo cierto es que consigue ser un efectivo entretenimiento, que respeta tanto al espectador como al gran clásico de ciencia-ficción de los años ochenta. Y que sorprendente no cae en el absurdo, ni se siente innecesaria, consiguiendo además resultar de lo más divertida.

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