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Como otros muchos, Michael Cuesta se ha curtido como realizador en la pequeña pantalla, en series como A dos metros bajo tierra, Dexter o Homeland, especialmente en esta última, donde Cuesta llegó a dirigir 8 episodios y trabajó como productor ejecutivo. Aunque Cuesta ya había realizado cine con anterioridad, no cabe duda de que Matar al mensajero es su gran carta de presentación de cara a la industria, y tampoco es de extrañar que haya muchos puntos en común entre ésta y Homeland. En Matar al mensajero se acerca a uno de los capítulos más oscuros de la inteligencia norteamericana, una forma de sacar trapos sucios a la luz de manera bastante similar a la que Kathryn Bigelow hiciera en La noche más oscura. Lo hace acercándose a la historia de Gary Webb, este periodista a mediados de los años 90 destapó una trama en la que demostraba como la CIA se acercó y pagó a peligrosos tipos del cartel de la droga para introducir drogas y armas en Estados Unidos. Matar al mensajero se acerca a como destapó este hombre la investigación y los esfuerzos por censurarle desde dentro del propio gobierno. La película cierra antes de su fatal final, y es que Webb no pudo volver a trabajar como periodista y acabó muerto con dos disparos fatales en la cabeza, algo que tuvieron la poca vergüenza de etiquetar como suicidio y jamás trataron de buscar a los culpables de su fallecimiento.

El material de partida de Matar al mensajero es realmente atractivo, tanto su director, como su guionista, Peter Landesman, que junto a su anterior trabajo, la fallida Parkland demuestra ser un interesante estudioso de los momentos más oscuros de la sociedad norteamericana moderna, lo saben, y aunque la denuncia siempre esté presente en la película, deciden dejarla de lado para elaborar un thriller que trata de ser fascinante, pero que sin embargo, acaba naufragando. El motivo de esto proviene principalmente de un guión que no parece saber manejar bien todo lo que quiere abarcar, como si se quiera reunir mucha información, la cual, no se sabe cómo acabar de presentar.

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Me gusta mucho la primera mitad de la película, toda la investigación que tiene que realizar Webb tiene un sabor frío y adictivo que me recuerda en cierta forma a aquello que planteó Oliver Stone en la magnífica J.F.K.: Caso abierto. No en vano, incluso el Webb al que da vida un pletórico Jeremy Renner, tiene mucho que ver con el Jim Garrison al que daba vida Kevin Costner en aquella. Incluso el desfile de actores de gran potencia, que incluye a gente como Barry Pepper, Tim Blake Nelson, Andy Garcia, Michael Kenneth Williams, Michael Sheen o Ray Liotta, tiene mucho de aquello que Stone planteaba. No existen personajes pequeños por mínima que sea su intervención, contar con grandes talentos para todos esos papeles, da a la película la sensación de ser un filme de grandísimo peso. Algo que cobra sentido dentro de la historia, y es que cada pequeño personaje acaba siendo realmente clave en la investigación de Webb.

Pero naufraga, todo en ella es difuso, algo tosco, la película tiene el poder de siempre interesar al espectador, fruto de una historia que es realmente atractiva, y sin embargo, jamás consigue levantar verdadera pasión. Estamos interesados en el devenir de su protagonista en toda la trama de corrupción, pero los detalles de esta investigación acaban por ser anticlimáticos, apenas nos interesan. Esto aumenta todavía más en su segunda mitad, cuando Webb tiene que conseguir evitar que su nombre no sea pisoteado. El personaje tiene la simpatía del espectador, pero no te interesa en exceso la forma de la que éste tiene para limpiar su nombre, ni siquiera acaba de resultar interesante la forma de los que problemas se crean, y tan sólo lo consigue la forma que tiene para salir de ellos. Como si fuera un producto vacuo, entretenido, pero que no acaba de encontrar la forma definitiva.

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El material con el que contaba Cuesta es realmente apasionante, una historia magnífica, que tiene grandes tics de ser una apasionante historia cinematográfica, pero es un material desaprovechado por completo. Un material que consigue que la película deje en breves ocasiones retazos de genialidad, pero que no acaba de encontrar la forma de dar consistencia a un guión bastante pobre que jamás consigue enganchar al espectador en plenitud. Una lástima, porque la odisea de Webb es realmente interesante, y la película consigue darla a conocer, pero desde luego podría haber dado pie a una película bastante mejor.

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Ficha técnica:

Título Original: Kill the Messenger Director: Michael Cuesta Guión: Peter Landesman Música: Nathan Johnson Fotografía: Sean Bobbitt Reparto: Jeremy Renner, Mary Elizabeth Winstead, Ray Liotta, Michael Sheen, Barry Pepper, Andy Garcia, Rosemarie DeWitt, Richard Schiff, Tim Blake Nelson, Oliver Platt, Paz Vega, Michael Kenneth Williams Distribuidora: DeAPlaneta Fecha de estreno: 14/11/2014