The Pursuit

Ocurría con Meryl Streep en La dama de hierro; sucedía con Charlize Theron en En tierra de hombres; y también pasaba con Robert Redford en Brubaker. Son muchas las películas fallidas que se sostienen sólo gracias a las estupendas interpretaciones de sus protagonistas. Y a esta larga lista se puede añadir también Filth, el sucio, cuya carta de presentación es la portentosa actuación del genio McAvoy. Pese a que la obra tiene retazos interesantes y es bastante superior a los tres títulos mencionados anteriormente, arrastra demasiadas imperfecciones para valerse por sí misma.

Jon S. Baird adapta la novela Filth, de Irvine Welsh, para ofrecer esta comedia negra a ratos gamberra y a ratos mustia. Poco puede decir respecto a la obra literaria alguien que no ha tenido acceso a ella, pero no son pocos quienes la alaban por su fidelidad a ella. Preguntado el director y guionista sobre ello, afirma que el único cambio que realizó fue borrar la lombriz que crecía dentro del estómago del protagonista y que hacía las veces de narrador; en su lugar, la sustituyó por el personaje al que da vida Jim Broadbent, un psiquiatra cuyos diálogos ponen al espectador en situación.

The Pursuit

La puesta en escena de la cinta es intachable: el protagonista camina con paso firme por las calles de Edimburgo, hablando con un fuerte acento escocés y dejándonos claro que él cree ser el amo. Es de corta estatura, pero parece querer compensarlo yendo con la barbilla bien alta; tiene más michelines de los que desearía, pero eso también carece de importancia. Él es Bruce Robertson, un ambicioso inspector de policía que se dispone a hacer gala de todas sus artimañas para lograr un ansiado ascenso. Para Bruce existen dos formas de alcanzar el éxito: por méritos propios o por deméritos rivales, y él se prepara para desacreditar a todos sus compañeros. De este modo, los primeros minutos de metraje consisten en ver cómo ese “puto amo” que se va a comer el mundo analiza los puntos débiles de sus competidores de modo cómico. Punto por punto, todas las piezas son impolutas, pero el engranaje falla, como si se produjera una saturación de sarcasmo. Pese a todo, uno no puede evitar sobrecogerse ante la interpretación de uno de los actores jóvenes más carismáticos del panorama internacional: James McAvoy deja de ser actor para convertirse en ese sarcástico y despótico inspector de policía al que admiramos y detestamos a un tiempo.

Pese al buen inicio, el desarrollo de la trama se torna irregular. Se suceden las interacciones entre Bruce y sus compañeros, a los que adula o desanima según convenga, pero siempre con el propósito de minar su imagen ante su jefe. Algunos gags tienen gracia y otros no tanto, pero puesta en perspectiva la trama no avanza, y sobre un servidor empieza a cernirse la creciente sospecha de que la obra está creada para el lucimiento de su actor protagonista.

La trama comparte un doble símil con la cocaína a la que tanto recurre Bruce (aunque con los efectos alucinógenos que sufre, está claro que este hombre consume más de lo que nos muestran). El personaje es un tipo públicamente exitoso, admirado por su jefe y sus compañeros (pobres estúpidos que no se dan cuenta de sus veladas intenciones). Sin embargo, este tipo avispado sufre un grave trastorno de personalidad, a raíz de su incapacidad para superar que su mujer lo abandonara. La vida de Bruce es como la cocaína: espléndida en su superficie, pero deshilachada en cuanto rascas un poco. Y me temo que esta metáfora se puede extender a la propia película, que pretende ser la comedia negra del año, pero que tiene muchos más agujeros de los que sería deseable.

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En el ámbito interpretativo, no todas las alabanzas se las puede llevar McAvoy, aunque méritos hace para ello. Y es que Jamie Bell es capaz de plantarle cara en las contadas escenas en que aparece, rindiendo a un nivel insólito en su carrera, al contrario que sucede con el actor escocés, de cuyo gran potencial sí teníamos constancia antes de este filme. La dirección de Jon S. Baird destaca especialmente en las múltiples escenas de trastorno del protagonista. Él reconoce que “escribir el guion me reporta un mayor entretenimiento, mientras que la dirección es más un ejercicio de ego que puede dar verdaderos quebraderos de cabeza”, pero reconoce con pena que sus virtudes se centran más en la dirección que en el guion, opinión que comparto con él.

Filth, el sucio es una irregular comedia negra, que promete algunas buenas risas, pero que está lejos de alcanzar su propósito más puramente gamberro. Y es una película en la que convendría preservar la versión original, porque no hay película sin McAvoy.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: Filth  Director: Jon S. Baird Guión: Jon S. Baird Música: Clint Mansell Fotografía: Matthew Jensen Reparto: James McAvoy, Imogen Poots, Jamie Bell, Joanne Froggatt, Eddie Marsan, Jim Broadbent, Emun Elliott, Kate Dickie Distribuidora: Surtsey Films Fecha de estreno: 31/10/2014