Una de las citas más habituales del espectador medio cuando se enfrenta a la recién estrenada adaptación cinematográfica de un best seller viene siendo algo así como “el libro es mucho mejor, que yo me lo leí”, algo lógico por otra parte porque es un best seller (lo que implica que muchos lo han leído) y luego está el problema de que una película rara vez salda las expectativas del lector en cualquier adaptación. Bien, el último film de Daniel Calparsoro ha provocado la mayor repetición de “el libro es mucho mejor, que yo me lo leí”, desde que se estrenase Inferno (Ron Howard, 2016) y el guionista David Koepp se atreviese a modificar el finalazo parido originariamente por Dan Brown. Pero ese no es el único problema al que se enfrenta El silencio de la ciudad blanca.

Desde hace más años de los que queremos recordar se están filmando en nuestro país adaptaciones de best sellers como si de una fábrica de churros se tratase. Ya no son solo films que intentan emular el éxito de novelas El guardián invisible (Fernando González Molina, 2017), La niebla y la doncella (Andrés M. Koppel, 2017), sino que en ocasiones (muchas más de las necesarias) se intenta replicar el estilo audiovisual norteamericano en producciones que lejos, sino lejísimos quedan de sus referentes. La semana pasada se estrenó otro film El asesino de los caprichos (Gerardo Herrero) que confundirá a más de un espectador ocasional durante la próxima fiesta del cine porque pertenece a la misma escuela de thriller español que El silencio de la ciudad blanca, y porque además en ambas está la actriz Aura Garrido (en horas bajas) interpretando prácticamente el mismo personaje y con lo que es peor para confundir al gran público: el mismo peinado. Claro que al menos en la que nos ocupa está Belén Rueda y eso siempre es garantía de algo.

Una buena base no siempre asegura un buen resultado. Puedes tener buenos ingredientes pero el peligro de una mala adaptación y un pulso de vete a saber tú de qué manera, siempre determinan el resultado final. Nadie duda que El silencio de la ciudad blanca sea un material fantástico (yo no me he leído el libro) pero no hay más que leer la sinopsis para reconocer que es un muy buen material. Un thriller original que traslada asesinatos en serie a la imaginería española de la Edad Media en medio de un páramo tan atractivo como es la ciudad de Vitoria en el País Vasco. Entonces ¿qué podía salir mal? pues muchas cosas, la primera de todas escoger a un director que hace tanto que no rueda con brío que ni él se acuerda y luego está la innecesaria decisión de intentar adaptar el estilo visual de producciones archiconocidas y reputadas tales como El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) o incluso Se7en (David Fincher, 1995) con mucho menos presupuesto y sobre todo con mucha menos maestría. El silencio de la ciudad blanca tiene gancho, una buena pareja protagonista Javier Rey y Belén Rueda y una de las historias más cinematográficas que hay en esencia del cine español. Pero todo eso si lo ruedas con un nulo pulso narrativo y unos artificios tan evidentes como el de presentar al asesino al minuto 40, cuando desde el minuto 1 ya sabíamos que era él, pues ya eso es muy difícil de remontar.

Los elementos interesantes están ahí, tiene además una buena puesta en escena  y una memorable artesanía, tanto en su fotografía como en su diseño de producción y eso junto a una siempre notable interpretación de Belén Rueda hace que no perdamos del todo el interés y que salgamos de la sala con la sensación de haber pasado un rato entretenido, pero no es suficiente, no para el pedazo de material que tenían entre manos. El nulo tino de Roger Danès y Alfred Pérez Fargas al adaptar el guión basándose en las líneas firmadas por Eva García Sáenz de Urturi provocan que la película en algunos momentos esté atropellada y que se detenga a explicar aspectos irrelevantes, dejando los interesantes para unos flashbacks imposibles que ni tan siquiera están en el momento del metraje en el que por lógica y narrativa audiovisual deberían estar.

Probablemente una de las ocasiones perdidas que más lamenta la cinta de Calparsoro es lo poco que se explota la química sexual de su pareja protagonista. Hay una sola escena íntima entre ellos que está correctamente rodada con un encuadre elegante y reminiscencias del cine erótico de los 90 y de la escuela de Adrian Lyne y deciden cargarse con un montaje propio de alumnos de primero de Comunicación audiovisual. Algo que llegado el momento es muy difícil pasar por alto. Por lo demás El silencio de la ciudad blanca entretendrá a partes iguales a un público exigente y a uno habitual a la series españolas de ficción made in Mediaset y Atresmedia, pero dejará en ambos la muy evidente sensación de que esto es una oportunidad perdida para haber hecho un thriller con mayúsculas digno como mínimo de haberse paseado por los Goyas con un buen puñado de nominaciones.

Título original: El silencio de la ciudad blanca Director: Daniel Calparsoro Guión: Roger Danès, Alfred Pérez Fargas Música: Fernando Velázquez Fotografía: Josu Inchaustegui Reparto:  Belén Rueda, Javier Rey, Aura Garrido, Manolo Solo, Àlex Brendemühl, Kandido Uranga, Sergio Donado, Àlex Monner, Itziar Ituño, Pedro Casablanc, Richard Sahagún, Ramón Barea Distribuidora: DeAplaneta Fecha de estreno:  25/10/2019