El cine español ha encontrado en el thriller y en el género su mejor baza para presentarnos historias potentes que sacan a la luz a directores que revitalizan nuestro cine, y por qué no decirlo también nuestras taquillas. Una ecuación que parece haber dado con la fórmula del éxito seguro y que ha encontrado a su musa en la siempre exquisita Belén Rueda, la que para mí siempre será una de las mejores actrices de nuestro país, y probablemente la primera en arriesgar y apostar (casi siempre) con éxito al número ganador. ¿Dónde está el problema? Pues en que en ocasiones esta fórmula se intuye prefabricada e impersonal y por tanto nos recuerda o retrotrae a otras muchas películas que anteriormente corrieron quizá con mejor suerte y mucho más atino.

El debutante David Victori desde luego apuntaba maneras. El director venía de dirigir el muy curioso cortometraje La culpa (2010), una portentosa historia que giraba en torno a la culpa como lastre que impedía seguir con la vida de su protagonista. Este proyecto le puso en el disparadero llamando la atención del propio Ridley Scott y del actor Michael Fassbender quienes hicieron de mecenas y produjeron su siguiente y muy ambicioso cortometraje Zero, 2015. Una producción que peca exactamente de lo mismo que su primera película, la culpa como repetitivo hilo conductor que llega a ser un problemas más en el desarrollo de la historia y la ambición, una ambición descontrolada que presenta una curiosa premisa lastrada por un desarrollo previsible, maniqueo e irremediablemente aburrido, aunque en honor a la verdad visualmente muy vistoso.

El pacto presenta a una madre desesperada (Belén Rueda) que hará todo lo necesario por salvar la vida de su moribunda hija, llegando hacer incluso un pacto con un desconocido que salvará a su hija por arte de magia sin pedirle aparentemente nada a cambio, excepto otra vida para saldar la deuda. Un acuerdo que generará una losa enorme de culpa en esta madre haciéndola tardar en encontrar con una más que obvia solución para acabar con todo. El problema y nuevamente la culpa de que esto no acabe de interesar al espectador está en que David Victori lega todo el interés de la trama a un giro final carente de interés y a una más que sólida interpretación de la incombustible Belén Rueda que hace lo imposible por disimular una irrisoria interpretación de Mireia Oriol (su hija en la ficción) el supuesto motor de esta irrelevante trama.

La producción cuenta con una vistosa realización que recuerda a Verbo de Eduardo Chapero-Jackson, 2011 y a otros thrillers de Oriol Paulo como El cuerpo 2011, y Contratiempo, 2016, que pecan exactamente de lo mismo, pero con un resultado innegablemente mejor. El pacto no acaba de funcionar en casi ningún momento y el ritmo pausado y los agotadores efectos de sonido de manual de galería de sonidos de terror hacen que el espectador centre toda la atención en esa inexplicable y cutre peluca de su protagonista, que ya de antemano demuestra lo poco cuidado que están algunos de los más pequeños detalles de esta producción, que por otra parte espero no defina la carrera de su ambicioso director, del que estoy seguro es capaz de dar algo mucho mejor.

Porque a veces coger a una actriz solvente para hacer lo mismo que hace siempre no es suficiente para tratar de obviar los muchos defectos de una producción que lamentablemente considero está abocada al olvido más absoluto.

Título original: El pacto Director: David Victori Guion: Jordi Vallejo, David Victori Música: Miquel Coll Fotografía: Elías M. Félix Reparto:   Belén Rueda, Mireia Oriol, Darío Grandinetti, Antonio Durán, Josean Bengoetxea, Carlus Fàbrega, Vanessa Buchaca Distribuidora: Sony Pictures