El terror siempre ha sido un valor en alza y eso es así, pero en 2013 el joven director James Wan le devolvió el encanto y la dignidad al género gracias a Expediente Warren film que a día de hoy es una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, un éxito que aforismos a partes muy pocos han sido capaces de repetir. Pero como todo lo que funciona se estira y se estira hasta no dar más de sí, Hollywood encontró en esta fantástica película un filón para un nuevo universo cinematográfico expandible que desafortunadamente salvo por su fenomenal secuela Expediente Warren: El caso Enfield, 2016, solo nos ha sabido proporcionar decepciones y desperdicios cinematográficos que rara vez han estado mínimamente a la altura de un universo con tales posibilidades, en donde encaja una monja que ni da miedo ni da nada, más bien algo de vergüenza ajena.

La teoría desde luego era inmejorable, un universo de personajes terroríficos presentados en las dos entregas de Expediente Warren y que uno a uno tuvieran la oportunidad de contar su historia en una película individual ¿el problema? la práctica. Annabelle, John R. Leonetti, 2014 abrió la veda de la poca vergüenza de un estudio que pecó de dos cosas imperdonables: vender terror cuando no era terror y la segunda y todavía más imperdonable no ser consecuente ni con su predecesora ni con el público de la saga. Les costó unos años darse cuenta del error y haciendo como que tal atrocidad no había ocurrido (yo a día de hoy también lo sigo intentando) contrataron a alguien algo más avispado David F. Sandberg artífice del archi premiado corto Lights Out,2013 y su muy regular adaptación al largo Nunca apagues la luz, 2016, para sacarse de la manga una precuela Annabelle: Creación, 2017 que por lo menos era entretenida a la par que regalaba algún sustito que otro.

Pero lejos de aprender de sus propios errores, el estudio ha decidido contratar a Corin Hardy para perpetrar un híbrido de acción gótica y thriller paranormal con el que desaprovechar, como poco, al personaje más terrorífico de la saga de los investigadores Ed y Lorraine Warren, la hasta entonces temida monja poseída por el espíritu maligno de Valak.

¿Sabéis cuando compráis la entrada de un parque de atracciones y luego una vez dentro tenéis que pagar un plus para entrar al pasaje del terror y al salir pensáis que no ha dado miedo pero que susto a susto al menos habéis estado entretenidos? pues este símil resume la sensación con la que muchos saldréis de ver La monja. Un batiburrillo de escenas inconexas y potencialmente tétricas y mal royeras, que en conjunto no dicen nada y desde luego una vez has salido de la sala no volverás a pensar más en ellas nunca más.

El principal problema de La monja es que nos están vendiendo gato (monja) por liebre y ni da miedo, ni es digna de pertenecer al universo creado por James Wan, ni mucho menos es respetuosa con su público que una vez más sale decepcionado de esta saga. Porque una película supuestamente de terror que cuela una historia de amor en la trama, una amplia variedad de gags cómicos más propios del universo de Marvel que de terror, y un casting nada acertado (a excepción de su protagonista Taissa Farmiga, la cual hace lo que puede con lo que tiene entre manos) hace que esta película encaje mucho mejor dentro del concepto de ese Dark Universe que Universal está intentado sacar del fango en el que se hundieron con La momia, Alex Kurtzman, 2017 de Tom Cruise. Pues estas monjas zombies, sí porque ahora resulta que fantasma y zombie son lo mismo, funcionan como una arrabalera mezcla de Resident Evil, 2002, la muy insufrible La liga de los hombres extraordinarios, 2003 y la simpática Van Helsing, de Stephen Sommers, 2004.

Pese a una serie de innumerables desatinos tales como una canción “The End of The World” que suena por qué sí sola a las tantas de la madrugada, y a un empotrador franchute Jonas Bloquet que juega ser el interés amoroso de la protagonista, La monja entretiene durante su hora y 40 minutos, pero alcanza la vergüenza ajena con un epílogo y desenlace que conectan con calzador con la primera y estupenda Expediente Warren, madre de toda esta saga que ahora en favor del terror mainstream para adolescentes ha perdido toda esencia de lo que en su día la convirtió en un hito y en una institución.

ítulo original: The Nun Director: Corin Hardy Guion: Gary Dauberman Música: Abel Korzeniowski Fotografía: Maxime Alexandre Reparto:   Taissa Farmiga, Demian Bichir, Bonnie Aarons, Charlotte Hope, Ingrid Bisu,Jonas Bloquet, Jonny Coyne, Manuela Ciucur, Jared Morgan, Sandra Teles,Boiangiu Alma, Laur Dragan Distribuidora: Warner Bros. Pictures