Mindscape

“La trama es muy confusa, no se entiende bien. Pero me gusta porque me parece que está muy bien dirigida”. Capté estas palabras de boca de otro crítico a la salida del pase de prensa de Mindscape, y me llamaron la atención. ¿En qué se nota (o para qué sirve) que una película está muy bien dirigida si no te has enterado bien de la historia? La culpa probablemente no sea del director sino que se fundamente en el pecado original de un guión deficiente, eso es cierto. Ahora bien, la primera labor de un buen director debería ser seleccionar adecuadamente qué guiones quiere rodar. Tal vez no pueda permitirse ese lujo, cabrá aducir. Cabrá. Pero difícilmente podremos los demás juzgar qué tal lleva a cabo su labor cuando los mimbres con los que trabaja no son los adecuados. Los mimbres fallan, y eso nos impide emitir una primera valoración sobre el debutante Jorge Dorado, quien probablemente sea un director cuya pista valdrá la pena seguir, pero que no seguiremos gracias a esta fallida (en gran parte) ópera prima.

Insistir en que es imposible hacer una buena película sin un buen guión es algo que produce rubor, pero se antoja necesario. La historia de Mindscape tiene un arranque sugestivo. No excesivamente original, también es cierto: cambiemos sueños por recuerdos para no parecernos demasiado a Origen y jovencita lolitesca por niño asustado para que no nos asimilen a El sexto sentido. No excesivamente original pero interesante en su planteamiento: en un futuro indeterminado existen “detectives mentales”, personas dotadas de poderes extrasensoriales especiales que les permiten penetrar en los recuerdos de otros. La utilización de estas personas permite a la policía resolver casos no resueltos. John Washington (Mark Strong) es un detective mental que ha pasado su mejor momento, que vive traumatizado por la muerte de su mujer y a quien su jefe (Brian Cox) quiere rehabilitar asignándole un caso aparentemente sencillo, el de Anna (Taissa Farmiga), una adolescente que se ha declarado en huelga de hambre sin que se conozcan los motivos. A través de sesiones de inmersión en los recuerdos de Anna, John deberá resolver el enigma.

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La cosa no estaría mal si se tratara, en efecto, del enigma, pero es que a partir de ese punto los enigmas se multiplican exponencialmente, lo que no implica que el guión termine por esclarecerlos todos. Yo imagino que el guionista piensa algo así como lo siguiente: si la serie Perdidos se convirtió en un fenómeno de culto masivo durante no sé cuántas temporadas a base de apilar un misterio encima de otro sin molestarse luego en ofrecer una explicación para ellos, ¿no seré yo capaz de hacer lo mismo en una película de poco más de hora y media? Además, tengo la excusa perfecta, porque resulta (tatachán) que mi película no solamente es de misterio sino que además es de ciencia ficción, con lo cual todo aquello que en su vertiente de película de intriga no queda aclarado pasa a no ser explicado tampoco (pero ahí no hace falta) por la película en su vertiente de obra de ciencia-ficción, o sea, sí, ya sé, esto no queda claro, pero como resulta que entramos en el terreno de la magia potagia, pues ahí vale todo e imagínate lo que quieras.

Es una lástima que algunas buenas ideas del guión queden lastradas por esta tendencia (que por lo demás parece ser moda) de acumular misterios sin pararse a pensar cómo voy a resolverlos luego. Como Perdidos fue un éxito sin precedentes, pero también una histórica decepción para sus fans, que se sintieron estafados al término de la serie, tengo derecho a pensar que la gente preferiría pocos misterios, intrigantes y resueltos con claridad y brillantez. Pero a lo mejor la gente prefiere lo otro, no lo sé, en cuyo caso Mindscape funcionará en taquilla maravillosamente. Porque además hay algo en lo que un productor puede confiar sin sombra de duda, algo en lo que coinciden público y crítica: dirán que una película les ha gustado o no; pero nunca reconocerán que no la han entendido (lo que por otra parte debería ser reconocido pura y simplemente como una forma de no gustarte. Y aquí no me refiero solo a aquellas cosas que en la película sucedan sin que se aclare cómo ni por qué, sino aquellas que luego aparentan tener un peso en la historia que al espectador se le escapa).

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No es el guión el único elemento contra el que lucha Jorge Dorado, ignoro si sabiendo que lucha contra ellos o creyéndolos sus aliados. Seguro que alguna vez habéis pensado “qué raro que este actor, con sus cualidades, siempre haga papeles secundarios y nunca haya encontrado un rol protagonista a su altura”, ¿verdad? Pues bien. Es una pena no poder decir esto de Mark Strong. Uno ve Mindscape y entiende perfectamente que (al menos en cine) sea un actor que haya ejercido su carrera encarnando mayoritariamente personajes secundarios.

Hay que decir en honor de Jorge Dorado que sabe explotar convenientemente los puntos fuertes (los tiene) del guión, que dosifica con sabiduría los sustos, que logra a través del uso del montaje, la música y la fotografía que no desconectes del todo. Y, en definitiva, que maneja el asunto con buen pulso narrativo, lo que nos hace intuir que con otra materia prima será capaz de depararnos buenas obras. Imagino que a todo esto se refería mi colega al indicar a la salida del pase que la película estaba “muy bien dirigida”.

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Ficha técnica:

Título original: Mindscape Director: Jorge Dorado   Guión: Guy Holmes   Música: Lucas Vidal   Fotografía: Óscar Faura   Reparto: Mark Strong,  Taissa Farmiga,  Brian Cox,  Indira Varma,  Noah Taylor,  Saskia Reeves,  Clare Calbraith,  Jessica Barden,  Alberto Ammann,  Julio Perillán,  Hovik Keuchkerian Distribuidora: Warner Fecha de estreno: 24/01/2014