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Desde que Tarantino decidió que los más deleznables criminales  nos cayeran simpáticos a través de su verborrea, han abundado los intentos de confirmar la tendencia a uno y otro lado del Atlántico. El cine británico no ha permanecido al margen de esta corriente, y Dom Hemingway puede muy bien encuadrarse dentro de este catálogo de películas. Lo hace con algunas salvedades, a saber: no resulta claro que el tal Dom Hemingway nos llegue a caer bien al final de la historia (sí parece evidente, en cambio, que a casi nadie le puede caer bien al principio), aunque la gran duda estriba en saber si es o no intención del director Richard Shepard que experimentemos evolución alguna en nuestra consideración hacia el personaje, a quien seguimos desde su salida de prisión, tras una sentencia de doce años, en su intento de reinserción. Supongo que podemos llamarlo así.

Se trata de una fábula ejemplar, casi infantil, que comienza con una oda al propio pene por parte de quien es objeto de una felación y que no es otro que el propio Dom Hemingway, portentosamente encarnado por un Jude Law que ha estado muy bien muchas veces, pero nunca mejor en su nuevo estado gordocachas de asumido histrionismo. Dicho plano inicial es también un primer plano (no es lo mismo), aunque me apresuro a aclarar que el primer plano es del rostro de Law y no de su pene, que ya desde ese arranque impetuoso (Law, no su pene) nos agarra por las solapas para no soltarnos hasta el final de la proyección. Además es muy largo. El plano, no el… Oh, bueno.

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Por el camino tendremos tiempo de pensar si queremos o no ofendernos ante lo que se nos ofrece, si queremos (o no) reírnos ante las gamberradas perpetradas por Dom y sus amigos o si queremos abrazar o repudiar la estética de este film provocador en el mejor sentido de la palabra, o en el peor, que es quizá el que le interese aunque quizá no. Para lo que no tendremos tiempo es para aburrirnos. 

También se trata de una oportunidad para estudiar en profundidad la sequedad intrínseca a cierto tipo de humor británico, tan lacónico y despiadado que es prácticamente imposible que sea humor, aunque vaya usted a saber. Richard Shepard es americano pero la producción es británica y no es de extrañar, porque los de la Pérfida Albión adoran eso de dejarte pensando si había que reírse o no con lo anterior para quebrar tu estado de reflexión con un golpe maestro de violencia o escatología, y si no que se lo pregunten al magnífico Danny Boyle de Trainspotting, película de la que Dom Hemingway es deudora en mayor medida que lo es (por ejemplo) de Guy Ritchie. Y lo consiguen, en este caso, merced a un guión que si bien en algunos momentos parece confesar demasiado a las claras su vocación tarantinianamente cool, a través de diálogos chocantes en su extraña erudición, es francamente brillante. Hay (sí) en este guión del propio Shepard mucha sabiduría y varios hallazgos en forma de información  hábilmente escamoteada al espectador. Solo a través del diálogo, eje central del desarrollo de los hechos, nos es dado saber de la amputación que sufre uno de los personajes principales y en la que no habíamos reparado, o de la habilidad que ha valido a Hemingway su prestigio en el  inframundo de la noche londinense. Prestigio que tratará de recuperar, viviendo en el intento muy bonitas aventuras, queridos niños.

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Ya se ha dicho que Law está eminente, pero hay que insistir. No en vano, la película se asienta sobre sus espaldas de manera abrumadora. Está en casi todos los planos. Rompe casi todas las cabezas. Se bebe casi todas las pintas. Se folla a casi todas las mujeres. Se mete casi todos los tiros. Y lo hace con una solvencia demoledora, apabullante en su asumida teatralidad. Su verborrea y su bajeza nos repelen y nos conquistan. Es una auténtica creación, palabra que suele usarse con ligereza al hablar de actores. No es el caso para Jude Law y Dom Hemingway.

Si dijera que esta película me encanta a pesar de que es irritante, fatua, grosera, excesiva y pretenciosa, y agregara que me entusiasma pese a que no termino de soportar su ambigüedad artística y moral, no estaría diciendo la verdad. En realidad, creo que la película me encanta de hecho porque es desvergonzadamente irritante, fatua, grosera, excesiva y pretenciosa, añadiendo que si me entusiasma es precisamente por la ambigüedad artística y moral que otros dirían que la lastra. 

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Ficha técnica:

Título original: Dom Hemingway Director: Richard Shepard Guión: Richard Shepard Música: Rolfe Kent Fotografía: Giles Nuttgens Reparto: Jude Law, Richard E. Grant, Demian Bichir, Emilia Clarke, Kerry Condon, Jumayn Hunter, Madalina Ghenea, Nathan Stewart-Jarrett Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 23/05/2014