El maestro Volker Schlöndorff con casi 50 años de películas y trabajo, mucho trabajo a sus espaldas, visitó nuestro país el pasado mes de junio para presentar en el ocaso de su dilatada carrera un film profundamente romántico y melancólico. Un título que poco o muy poco, tiene que ver con su impecable legado del denominado nuevo cine alemán tan influenciado por la Nouvelle Vague. En Regreso a Montauk es difícil reconocer al oscarizado director que en el año 1976 ganó el premio de la Academia y la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes por su emblemática El tambor de hojalata, pero contemplar un film tan intenso y raruno como este a estas alturas de su cinematografía, resulta algo indiscutiblemente sugestivo.

En Regreso a Montauk, Volker Schlöndorff nos arrastra hasta el confín del mundo, donde el faro de Long Island alumbra los vastos paisajes de las playas de Montauk, escenario perfecto para desarrollar su historia más romántica y desesperada sobre el primer ¿y único amor?. El director realiza un elegante ejercicio de romanticismo clásico con innumerables elementos biográficos, en un film que narra la historia de su alter ego, el escritor Max Zorn, que tras una larga y exitosa carrera en su Alemania natal, en donde está felizmente casado, viaja hasta Nueva York para promocionar su última novela. Sitio en el que después de 17 años se reencontrará casi por casualidad con Rebeca, el amor de su adolescencia. Este es el eje central que sirve como motor a una película sobre un común triángulo amoroso, que habla de muchas cosas muy bien, pero no todas con el mismo certero resultado.

La demostradísima capacidad de su director y guionista para abordar historias con personajes poderosos, es de las pocas cosas que salvan a un film, que en ocasiones resulta tremendamente objetable y levemente soporífero.

Tratando de dejar a un lado la cuestionable calidad de la producción, es inevitable no conectar con ese poderoso sentimiento que aquí Schlöndorff retrata sobre la necesidad de saber ¿qué pasaría si hiciéramos aquello que nos dicta el corazón en lugar de la razón? y si seríamos ¿o no?, capaces de romper con todo, solo por descubrir si nuestra vida sería más parecida a aquella que un día soñamos cuando aún éramos jóvenes. Es ahí donde la película (pese a sus evidentes defectos) consigue atraparnos, gracias en gran parte a una poderosa interpretación de Nina Hoss, que es en esencia el enigmático personaje del que su protagonista – un correcto Stellan Skarsgård – y nosotros quedamos totalmente atrapados.

Regreso a Montauk es un frío y contundente melodrama, profundamente literario y elegante, pero que no llega a alcanzar el nivel de entusiasmo generado en su país de origen, en donde participó en la sección oficial del festival de cine de la Berlinale de este mismo año. Un título recomendable para todo aquel romántico empedernido, que en su interior encierra a un solitario escritor frustrado que escribe sobre todo lo que pudo haber sido y lamentablemente nunca fue; una frase que en gran parte resume mi opinión sobre la película.

Título original: Rückkehr nach Montauk Director: Volker Schlöndorff Guión: Volker Schlöndorff, Colm Tóibín  Música: Max Richter, Thomas Bartlett, Caoimhin O’Raghallaigh Fotografía: Jérôme Alméras Reparto:  Stellan Skarsgård, Nina Hoss, Niels Arestrup, Robert Seeliger, Susanne Wolff,Ray Wiederhold, Olga Lezhneva Distribuidora: Golem Fecha de estreno:  04/08/2017