Con la crisis económica que azotó Francia en el año 2012 y la inestabilidad política como telón de fondo, la ópera prima de Thomas Kruithof (Rétention), Testigo, se construye sobre los cimientos de un thriller callejero lo suficientemente efectivo para mantenernos en vilo durante la primera media hora de la cinta, cuando todavía no está muy claro hacía donde quiere decantarse el director. A la cabeza del reparto encontramos a François Cluzet (The Intouchables), veterano de la cartelera francesa actual, que se mete en la piel de Duval, un hombre de mediana edad y ex alcohólico, que no puede encontrar trabajo. Como por arte de magia un buen día llama a su puerta Clément, un misterioso hombre de negocios que le ofrece un puesto como transcriptor de escuchas telefónicas. Lo que no sabe Duval es que su decisión desembocará en un alud de terribles acontecimientos que cambiarán su vida y modo de pensar para siempre.

A la luz de los recientes atentados en Londres, Manchester o Bruselas, son cada vez más los gobiernos que han manifestado públicamente su preocupación por la seguridad nacional de sus ciudadanos. Esto se traduce en una mayor vigilancia policial a pie de calle, pero también en una labor de investigación en la sombra, que tiene como objetivo desmantelar algunas de las redes terroristas más importantes que operan en Europa. Está claro que la información es poder. Y ese poder se traduce en una ventaja táctica definitiva por la capacidad de adelantarse a los acontecimientos y en muchas ocasiones, una baza indiscutible en el terreno de los negocios. Sobre todo si tenemos en cuenta en la modernidad líquida en la que nos encontramos y de la que hablaba Zygmunt Bauman en su libro Tiempos líquidos, donde las autopistas de la información son las encargadas de que nada de lo que sucede en el mundo quede en un afuera intelectual. Testigo es un tímido intento de un director en aras de encontrar su estilo y que busca realizar un discurso que vaya más allá de la pantalla. Que trascienda. Y lo cierto es que la premisa es ambiciosa, un hombre que empieza a transcribir conversaciones telefónicas para un poderoso hombre, pero que a medida que avanza la película la historia se va enredando en sí misma, dibujando expectativas que nunca llegan a resolverse y terminan por concluir en un final demasiado forzoso. Aunque es sintética, la película nunca es realmente consciente de lo que quiere explicar. No es una película de espías, tampoco una critica política o social (aunque se intuye vagamente), ni explora los entresijos del amor entre alcohólicos que intentan reconstruir su vida. Entonces, ¿qué es Testigo? Probablemente ni su director lo sepa, aunque esto tampoco le termina de sentar del todo mal a la cinta. El relato fluye de manera orgánica de una escena a otra (también ayuda el hecho de que el guión no se detenga muchas veces en reflexionar sobre sí mismo), mostrando a un François Cluzet soberbio a la hora de interpretar un personaje cuya integridad moral se mantiene impoluta hasta el final.

La mécanique de l’ombre (el nombre de la película en francés) hace referencia a esa sombra que hacen siempre los grupos corporativos y gubernamentales, y que rara vez llegan a ser vox populi para el resto de la población (a excepción, claro está, de casos como el de WikiLeaks). En este espacio sin ley se deciden la mayoría de las decisiones del mundo. Un buen ejemplo es la escena final de la película, donde Clément y el comisario Labarthe parecen jugarse el destino del país a cara o cruz. “La progresión profesional no se basa únicamente con los méritos. Uno asciende en la jerarquía a base de acumular expedientes” afirma Clément, a lo que el policía responde con un avergonzado silencio de complacencia. Llegados a este punto vale la pena preguntarse si todo el sistema está contaminado o no, algo sobre lo que no termina de posicionarse Kruithof. Por otro lado, lo que no queda del todo claro es el papel que juega el pasado adictivo de Duval en todo esto, como tampoco ese posible interés romántico de Sara, a la que conoce en una reunión de alcohólicos anónimos. Podría ser un mecanismo para que la trama respirase, agobiada ante un escenario demasiado repetitivo y solitario (Duval transcribiendo cintas en un despacho), pero finalmente es una mera herramienta al servicio del guionista.  Sobre las escuchas, nunca llegamos a saber el origen, tan sólo que son terriblemente preciados en un mcguffin que termina de deshacerse como el resto de elementos de la película.

Como ópera prima, la cinta de Kruithof es una sencilla puesta en escena de todos los elementos de suspense y acción clásicos del thriller, pero de forma poco concisa. Con una fotografía ambientada en los barrios más oscuros y tétricos de Francia, el personaje de Duval deambula frenético entre secuestros, robos y asesinatos sin terminar muy bien de entender cuál es su papel en todo ello. La moral, constantemente diseccionada sobre la mesa, pesa sobre los hombros de un hombre vapuleado por la crisis y capaz de cualquier cosa con tal de sobrevivir.

Título original: La mécanique de l’ombre Director: Thomas Kruithof Guión: Yann Gozlan, Thomas Kruithof Música: Grégoire Auger Fotografía: Alex Lamarque Reparto:  François Cluzet, Alba Rohrwacher, Simon Abkarian, Sami Bouajila, Denis Podalydès, Alexia Depicker Distribuidora: Surtsey Films Fecha de estreno:  09/06/2017