Maik Klingenberg (Tristan Göbel) es un joven y tímido estudiante de 14 años. Su vida transcurre como un fantasma en su instituto, donde pasa desapercibido para todo el mundo, incluyendo la chica que le gusta. Su familia es, además, de lo menos convencional: su madre es una alcohólica que pasa largos periodos de tiempo internada en una clínica de rehabilitación y su padre es un poderoso hombre de la construcción que pasa la vida de viaje de negocios en viaje de negocios. Sin embargo, la monótona soledad de su existencia se ve rota el día que conoce a Andrei “Tschik” Tschichatsow (Anand Batbileg), un inmigrante ruso que ha ido a parar al pupitre contiguo al suyo. Tras sufrir su enésima decepción amorosa, Maik decide aceptar la proposición de Tshick y huye con él a vivir una aventura en un coche robado.

La película se centra en las peripecias que viven los dos jóvenes intentando escapar de las durísimas situaciones personales que viven. De este modo, su odisea se convierte no solo en una huida física, sino también mental. Sienten que conocen demasiado bien la mísera existencia que les garantiza su estancia, por lo que deciden emprender un viaje que les ayudará a encontrarse personalmente y a aprender nuevas situaciones lejos de las cadenas de una comunidad que no ha sabido darles amor. Circunstancias como la marginación de la sociedad, el racismo y las complicaciones familiares son tratadas en este film. Sin embargo, todas estas condiciones tan graves son cubiertas por la pátina de la candidez de los dos adolescentes, que, sin la mentalidad pacata de los adultos, son capaces de encontrar la felicidad luchando con todas sus fuerzas contra tan difícil tesitura.

El hecho de hacer una película de humor sobre estos temas tan serios podría parecer algo frívolo. No obstante, en este caso esta aseveración no podría estar más lejos de la realidad, puesto que los toques chistosos están justificados por la personalidad del que los emplea. El humor no se fuerza, sino que se desprende de cada situación. Se podría decir que no es la necesidad de hacer gracia la que guía la estructura de la narración, sino que es el enfrentamiento de las situaciones derivadas de la propia estructura con la personalidad de los personajes lo que lleva la risa al público. Todo esto, por supuesto, no podría llevarse a cabo sin una respuesta muy positiva por parte de los actores, que, tanto individual como colectivamente, consiguen interpretar a la perfección sus personajes y las relaciones que entre ellos se crean, con mención especial para Mercedes Müller, que da vida a Isa, una joven que se encuentran Maik y Tschik durante su periplo.

Así, Goodbye Berlin se convierte en un canto a la vida y la libertad. Una película a través de la cual puedes unirte a los protagonistas y emprender un viaje con ellos, olvidarte de tus, a todas luces nimios, problemas durante 90 minutos y disfrutar de la vida vista con la inocencia y madurez de quien ya lo ha vivido casi todo siendo un niño. Es un film bonito, que te hará sentir bien y salir de la sala de cine reconciliado con el mundo. Ideal para ver después de haber tenido un día malo y darte cuenta de que la vida, por muchos contratiempos que traiga, puede ser maravillosa.

Título original: Tschick Director: Fatih Akin Guión: Hark Bohm, Lars Hubrich Música: Vince Pope Fotografía: Rainer Klausmann Reparto: Tristan Göbel, Aniya Wendel, Justina Humpf, Paul Busche, Jerome Hirthammer, Max Kluge, Udo Samel, Anja Schneider, Nadine Dubois Distribuidora: Golem Fecha de estreno:  19/05/2017