En el séptimo y octavo día de la Croixette, la prensa española ha tomado diferentes caminos para ver diferentes películas que participan en la Sección oficial y en La quincena de realizadores. Las cintas más destacables son La seducción, remake dirigido por Sofía Coppola; The Day After, de Hang Sang-soo; L’amant d’un jour, de Philipp Garrel y The Florida Project, dirigida por Sean Baker, responsable de Tangerine.

La seducción

A Sofia Coppola le interesa más filmar el paisaje que hurgar en las complejas reacciones de los personajes. Son bonitos los amaneceres y los atardeceres, las brumas matinales y el encanto del bosque, pero la dinamita que pretende aplicar a la sinuosa relación de la colmena femenina con el abejorro y el postrero sacrificio del macho está ligeramente aguada. No es una película desdeñable, posee fuerza visual, pero palidece si recordamos su precedente. El modelo original daba angustia y miedo, su remake lo ves como un cuento de hadas en el que su desarrollo te puede parecer previsible.

Carlos Boyero, El País

La seducción no es ni un remake imaginativo, ni aporta nada a la historia del cine. Recalienta lo que ya había, perdiendo nutrientes por el camino. Pero nos permite disfrutar de un universo en claroscuro habitado por Kidman, Dunst y Fanning con vestidos abotonados y trenzas. Dentro del panorama de la competición de este año, una nota al pie de la filmografía de Sofia Coppola es casi un regalo. Tan inquietante como un soldado herido a la puerta de tu internado femenino.

Daniel de Partearroyo, Cinemanía

Las comparaciones con el original, o primera versión, son inevitables. Aunque la película de Siegel queda muy lejana en nuestros recuerdos adolescentes, ha permanecido en nuestras mentes por aquella asfixiante tensión sexual, tan sureña, que aquí esperábamos ver reflejada a otro nivel, desde un punto de vista más femenino, finalmente tan sutil que pasa casi desapercibida, sin que acabemos de notar cómo se van humedeciendo estas vírgenes homicidas. Lo mismo con su pertubador final. Es una película que, a la postre, te deja frío, cuando debería ser todo lo contrario. La humedad ambiental debería emanar de la pantalla, y no llega a empañarla del todo, pese a los esfuerzos del director de fotografía, Philippe Le Sourd (el de ‘Un buen año’), cuya elección también arroja alguna duda, aunque la película no desentona en absoluto dentro de la colección Coppola.

Philipp Engel, Fotogramas

La película de Siegel, socarrona en el tono y exuberante en las formas, funcionaba a partir de una sensualidad explícita y una alto grado libertad expresiva, encarnada en el vaivén de las composiciones y en el alegre uso de inesperados flash-backs que revelaban las mentiras del personaje de Eastwood. En la versión de Coppola, delicada y contenida, no encontramos nada de eso. Marcada por un cierto quietismo en los encuadres, proclive al acercamiento en plano detalle al contacto entre los personajes, la cámara de Coppola se muestra ultrasensible ante las muestras de fraternidad femenina, de competitividad amorosa y de deseo furtivo. El abanico emocional es igual de amplio que el reparto coral: vivimos el miedo ante la aparición del desconocido (miembro del ejército enemigo), la ilusión de encontrar una puerta abierta al mundo (el internado es un fortín pacífico, pero también una prisión), el despertar de la sensualidad, el afán de vencer una contienda romántica… Todo ello construido a partir de miradas sigilosas, diálogos con dobles sentidos y rituales cotidianos que van puntuando el desarrollo de las guerras de poder.

Coppola se sumerge con The Beguiled en un universo cerrado, tremendamente concreto en términos históricos y narrativos, y desde ahí, desde las texturas del cine predigital, conquista la mirada de un espectador entregado a las intrigas y pasiones de esta película notable.

Manu Yáñez, Otros cines

The Day After

Frente a Claire’s Camera, The Day After mantiene un tono más fatalista, incluso tenso. Muchas veces es necesario que nos repitamos la misma historia en la mente (o haciendo películas) para terminar de entender nuestro comportamiento. Hablamos y revisamos actos en retrospectiva, hasta malearlos de tal forma que pueden quedar irreconocibles. Esto sucede en The Day After, una película donde se habla más y se bebe menos de lo habitual en Hong. Es depuración absoluta: cuatro personajes y apenas tres escenarios, con algunas de las escenas de mesa más largas y sin cortes de su filmografía desde Our Sunhi (2013). Y con un plano, desde el interior de un taxi, con Kim mirando la nieve por la ventana mientras suena una oración en off que, sin duda, es para hacer como Will Smith y levantarse rompiendo en aplausos.

Philipp Engel, Fotogramas

Por ahora es la película que a este cronista más le ha gustado de la Sección Oficial competitiva.

The Day After, realizada en blanco y negro digital, cuenta la historia mínima de un póker de personajes encerrados en una librería donde el corpus dramático viene dado por las infidelidades del propietario de la misma. Con unos diálogos inusualmente largos, punteados por los conocidos zooms marca de la casa de su autor, la película vuelve a exponer en primer plano tanto las mezquindades como la fragilidad del ser humano. Es cierto que no sabrá a nada nuevo, pero quién necesita algo nuevo cuando tiene el cine de Hong Sang-soo. Ojalá gane la Palma de Oro -los rumores a pie de alfombra roja es que a Will Smith le ha encantado.

Alejandro G. Calvo, Sensacine

L’amant d’un jour

En su rohmeriana ‘L’amant d’un jour‘ Garrel describe el estadio del desamor como un enfermedad pasajera, un tumor que sólo puede extirparse con el paso del tiempo. Aunque la representación de la depresión de Jeanne y la puesta en escena de la relación en vías de extinción de Gilles y Arianne sumen el film en un clima derrotista, ‘L’amant d’un jour‘ no es una película pesimista que condena al hombre por su insatisfacción eterna, o su inagotable deseo de seducir. Garrel nos invita a caer, una y otra vez, en la misma a trampa. A ser, al fin y al cabo, humanos.

Carlota Moseguí, El Séptimo Arte

Resulta envidiable la liviandad narrativa de Garrel, su capacidad para hacer parecer la narración cinematográfica como el más sencillo de los lenguajes, su naturalidad para narrar las interacciones sociales de sus protagonistas y para que sepamos cómo cada uno de ellos se siente en cada momento sin necesitar la expresión oral de dichos sentimientos. Contar una historia a través de imágenes, conseguir que éstas fluyan con sencillez y espontaneidad, el ABC de este extraño arte, en definitiva.

Martín Cuesta, VOS Revista

The Florida Project

Cine, por ejemplo, como el que trae Sean Baker con The Florida Project, un boceto a trazo puntillista sobre una familia disfuncional en el Orlando menos publicitado turísticamente, sobre la carga suburbana de los complejos de Disney World, sobre la white trash que vive al lado de las autopistas, en hostales señalizados por letreros de neón que hace tiempo dejaron de funcionar. Sería fácil, dadas estas premisas, que Baker se revolcara en la miseria y la vida en el filo, pero el gran acierto de su película es otorgar el protagonismo y la preeminencia en el punto de vista a un grupo de chavales para los que la vida es aún juego y aventura. La pantalla, dominada así por la luz de la inocencia infantil, se asemeja más a unas aventuras de Huckleberry Finn puestas al día que a una inmersión deprimente en la prostitución y la basura. En definitiva, no se trata de mostrar o no mostrar, sino de elegir cómo lo mostramos y de coherencia narrativa, ese elemento tan lejano a veces de un séptimo arte obsesionado por el golpe de efecto.

Martín Cuesta, VOS Revista

The Florida Project podría apelar también a toda la tradición americana de fotografías de carretera, cuyo imaginario está plagado de moteles y de diners. Baker retrata un mundo que, como si se tratase precisamente de una película de Disney, parece irreal, una fantasía. Una tienda llamada Orange World tiene forma de naranja gigante. The Gift Shop es una enorme cara sonriente; y la heladería es un edificio envuelto, cómo no, de un gran cucurucho. Baker retrata este lugar imposible, de asfalto y plástico, con un motel que convive con el ruido de los helicópteros. Todo parece mentira, un cuento sin hadas. Y, sin embargo, todo es verdad. Todo es Estados Unidos.

Violeta Kovasics, El Español

Aunque el final (o los finales) suena un poco exagerado, sentimental y algo forzado, The Florida Project es, al mismo tiempo, una película con un universo propio y fascinante, y una denuncia -sin subrayados- sobre esa América profunda que no suele verse en las películas: madres solteras sin trabajo fijo ni ayuda, niños descontenidos, gente que vive en habitaciones de hoteles y una realidad que poco tiene que ver con ese símbolo del consumismo turístico que son los parques de entretenimientos.

Diego Battle, Otros Cines

De momento, es de largo, lo mejor que un servidor ha disfrutado en lo que llevamos de festival y dudo que difícilmente vea algo que ni tan pueda llegar a hacerle sombra. Como ya es habitual en el cine del insobornable Sean Baker, su nueva película pone foco en el extrarradio de la clase estadounidense más baja, en este caso en el white trash americano, aunque lejos de miserabilizarlo, no hace más que dignificarlo. Si en “Starlet” era desde la mirada de una actriz porno, en “Tangerine” desde la de dos prostitutas transexuales, en este caso “The Florida Project” la experimentamos bajo la mirada infantil de tres niños de 6 años cuyo aventurero y fantasioso mundo jolgorioso lo viven y disfrutan de forma paralela a la cruda realidad que sus madres afrontan y soportan.

Con todo ello, bien podríamos definir “The Florida Project” como un marginal y subvertido cuento de hadas que traslada una inaudita belleza partiendo desde lo sórdido y mísero, pero también desde ese sentido de la libertad para ser dueños de nuestro propio destino. Su lugar era sin duda la Sección Oficial y no la Quincena de Realizadores. Y es que directamente, lo nuevo de Sean Baker se lleva la Palma.

Joan Sala, Filmin