Un sábado cualquiera en La Sexta Noche: Eduardo Inda e Ignacio Escolar se interrumpen y gritan para hacerse oír en una discusión sobre un caso de corrupción o unos tuits de humor negro (dependiendo del momento), mientras en sus ordenadores miles de espectadores toman sus antorchas virtuales. Lo que no sabemos es que Inda y Escolar han sido poseídos por unos extraterrestres y que, en la pausa publicitaria, se pondrán a escuchar ‘You might think’ de The Cars mientras rechazan una copita cortesía del programa, porque ellos prefieren algo más saludable, como un zumo.

¿De qué estamos hablando? De que Robert y Michelle King han llevado un paso más allá el “a mí no me mires, yo voté a Kodos” de Los Simpson: en Braindead unos extraterrestres en forma de insectos han decidido invadir nuestro planeta con un peculiar plan que consiste en controlar, al más puro estilo ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (y sus cuatro adaptaciones), a nuestros políticos, y también a tertulianos, activistas, etc, dejándoles sin la mitad de su cerebro y exacerbando su rabia política. La plaga comienza a invadir Washington, y una de las pocas personas que sospecha algo raro es Laurel Healy (Mary Elizabeth Winstead), que ha empezado a trabajar con su hermano Luke (Danny Pino) en el Senado, dentro de un trato con el padre de ambos (Zach Grenier) para financiar su trabajo como realizadora de documentales. Junto con sus amigos Rochell (Nikki M. James) y Gustav (Johnny Ray Gill) intentará averiguar qué está pasando, cruzándose en el camino con el senador republicano Red Wheatus (Tony Shalhoub), su ayudante Gareth Ritter (Aaron Tveit), la senadora demócrata Ella Pollack (Jan Maxwell) o la Dra. Alaimo (Margo Martindale).


La premisa de Braindead hace que podamos imaginarla perfectamente saliendo de la mente de Ryan Murphy, pero la verdad es que nos cuesta hacernos a la idea de que sus creadores son los mismos de The Good Wife… en cambio, lo que aparentemente es una mezcla imposible acaba saliendo bien, y la elegancia que caracterizaba a la serie de Alicia Florrick, junto a muchos de sus (positivos) tics, se las apaña para estar presente en una historia donde las cabezas de los personajes explotan (también hubiese sido curioso ver el tono camp que habría adquirido esto de la mano de Murphy). Una de las constantes de The Good Wife era su visión cínica de la política, la cual aquí no solo continúa sino que alcanza su máxima expresión, especialmente en Red Wheatus: Red se convierte en uno de esos malos a los que odias y a la vez adoras, gracias al timing cómico de un Tony Shalhoub en estado de gracia (aunque Jan Maxwell y su Ella tampoco se quedan atrás, especialmente en lo referente a focas y pandas). Pero aunque Red roba cada escena en la que aparece, esto no desmerece el trabajo de Mary Elizabeth Winstead: la que empezásemos a conocer como “vidente de turno” en Destino Final 3 se acerca más a su papel como Ramona Flowers (Scott Pilgrim contra el mundo) que al de “hija de John McClane” (‘La Jungla 4.0’) dotando de personalidad a su Laurel, y consiguiendo que no solo nos interese una protagonista que podría tener facilidad para resultar sosa, sino que maneja los cambios entre los puntos dramáticos de su personaje y la excentricidad de la propuesta, dándole a su Laurel una pose irónica que le sienta muy bien y que llega a regalarnos momentos hilarantes como los que tiene con algunos de los votantes de su hermano o, especialmente, cierta escena que mezcla sexo y salami (y no es ninguna de La que se avecina).

Zach Grenier destaca también con un papel que sabe a poco y que supone una pildorita de nostalgia, recordándonos al ambicioso David Lee, y el resto del reparto cumple con la difícil tarea de deslizarse entre “estoy hablando de política con seriedad” y “ojalá los extraterrestres no se me metan por las orejas”, con más añadidos cómicos en algunos casos, como el carácter paranoico de Gustav (su giro final sobra, eso sí) o la dificultad de Luke para dejarse los pantalones puestos (curioso cambio de Danny Pino tras su boy-scout Scotty de Caso abierto). Dos “WTF” de los que también merece la pena hablar son el improbable cameo del mismísimo Michael Moore y, por supuesto, su opening, perdón, su previously. Casi nunca, por no decir nunca, se dedica un espacio al previously de una serie cuando se habla sobre ella, pero este caso es algo más que un “anteriormente en Braindead: el compositor y cantante Jonathan Coulton canta en cada capítulo lo ocurrido en el anterior creando ya el tono ligero que se busca para el resto del episodio. Pero Coulton no es exactamente un desconocido en la cultura popular: los aficionados a los videojuegos recordarán su contribución en el final de ‘Portal’ y ‘Portal 2’, y los aficionados a The Good Wife recordarán cierta trama judicial sobre los derechos de una canción, que a su vez era un guiño a la trifulca que el propio Coulton tuvo con el equipo de ‘Glee’.


Realmente, ¿de qué quiere hablar Braindead? ¿Es la política un mcguffin para su historia de ciencia-ficción? ¿O más bien al contrario? La alocada historia de aliens, cerebros, invernaderos y canciones ochenteras que son música sideral es al fin y al cabo el punto de partida para una sátira política en la que cada capítulo tiene el título de un ensayo y en la que sutilmente se denuncian la hipocresía y falta de compromiso social de unos, el extremismo e incapacidad de negociación de otros y la amenaza del totalitarismo aprovechándose de ambas debilidades. Al parecer, Tony y Michelle King aseguraban tener planeadas cuatro temporadas donde los bichos invadirían Wall Street, Silicon Valley y Hollywood, exponiendo la locura que hay bajo la racionalidad de nuestro status quo a través de piezas tan emblemáticas en el engranaje de éste, pero la cancelación por bajas audiencias (el final puede servir como final cerrado, no os preocupéis) hace ahora imposible que veamos esas historias. “Era una serie que intentaba ser todo lo rara y anti-network posible… y probablemente fue un error hacer eso en una network. Pero me encantó.”, comentó Robert King en una entrevista reciente. Y a nosotros, Robert. Veremos con ganas The Good Fight, el spin-off protagonizado por Diane Lockhart (Christine Baranski) en el que andan ahora metidos Michelle y él, pero también esperaremos más idas de olla como Braindead porque, con este nivel, bienvenidas sean. Y porque todo el mundo regresa un poco cambiado después de cuatro semanas en el mar.

Artículo escrito por Pablo N. Tocino