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Recuerdo que, hace algunos años, leí una maravillosa entrevista en El País Semanal en el que el protagonista era Brad Pitt. La entrevistadora relataba que, con motivo de la presencia del mismo en el Festival de Cannes, eran demasiados los medios que habían concertado una audiencia con él, por lo que el actor concedía rondas de 30 minutos a cada medio. Aquella periodista decía que en dicha jornada se le veía cansado, pues había asistido a una fiesta la noche anterior, apenas había pegado ojo y tenía que atender a periódicos de medio mundo en dicha mañana. Durante el desarrollo de la misma, la corresponsal de El País le preguntó a Pitt acerca del aspecto artístico de la fama, buscando la opinión del él hacia ésta, a lo que el actor respondió: “No creo que la fama sea un arte, lo que es un arte es sobrevivir a ella”. Y, precisamente de esta breve tesis que ocupó la portada del suplemento dominical, se desarrolla la (para variar) mal traducida Danny Collins.

La película nos cuenta la historia del cantante Danny Collins, el cuál muchos años después de su inicio como estrella de la música, realiza el hallazgo de una carta dirigida a su persona nada más y nada menos que por John Lennon, en la que le advierte sobre los peligros que hay detrás del escenario y le ofrece su ayuda para dar un rodeo sobre los mismos. Y es que Collins representa al clásico y cansado tópico del tormento del artista, su adicción a las drogas, al alcohol y a otros tantos vicios que corrompen a algunos profesionales de un sector tan paradisíaco o infernal como es el de la fama. Mientras nuestro protagonista continúa viviendo impulsado por una inercia acomodada en la primera clase económica e intentando espantar a los fantasmas de la soledad, realiza el hallazgo que produce la inevitable y clásica llamada a la redención de cualquier persona que se ha dejado llevar por las más oscuras y tenues virtudes que competen ser famoso y decide cambiar de la noche a la mañana para recuperar el tiempo perdido, ser mejor persona e intentar darle un giro por completo a la clase de vida que ha llevado y romper de golpe con lo que el mundo siempre ha creído que era. Éste es, a grandes rasgos, el argumento y el desarrollo de una cinta acerca una historia que no cuenta nada nuevo. Nunca es tarde es una simple historia de un cantante que busca una redención imposible de encontrar. Y poco más.

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El principal problema de esta película se encuentra en su guion. Y no es que este sea malo. Ni muchísimo menos. Es que no se atreve a dar el salto a contar algo nuevo. Duda entre si es mejor un gran contenido o un gran continente. Y es curioso, pues tiene momentos brillantes en los que se alimenta la esperanza de estar ante una gran obra, pero que se desvanecen de la misma forma que han aparecido. No es un quiero y no puedo. Es simplemente un puedo, pero me da miedo el quiero. Posee grandes ecos de virtud en secuencias puntuales, pero se alejan en cuanto aparece el siguiente cliché de una historia ya mil veces contada, aunque en esta aparente ser de forma diferente.

El gran pilar que sostiene la película durante todo el metraje es, como cabía esperar, su protagonista. Existen algunas películas en los que los actores realizan su interpretación con tal naturalidad que dan la impresión de que no hay cámaras delante de ellos. Véase a Bill Murray en Lost in Translation, o a Toni Servillo en La gran Belleza. Ambos eran el pilar de dichas películas, pero la propia película era la otra mitad fundamental en ese todo maravilloso que ambas conforman. En cambio, en Nunca es tarde, Al Pacino no solo asombra con la inconmensurabilidad de su interpretación, si no que apena que no haya un guion tan poderoso detrás de él que haga justicia a una actuación tan magnífica.

En resumen, Nunca es tarde no es una mala película, pero tampoco entrará en el club de aquellas cintas que son para el recuerdo. Para bien o para mal, no se arriesga. Tiene miedo de no cumplir y eso se nota. Confiemos en que, al igual que su protagonista, alcance o se atreva a buscar la redención en algún momento. Aunque parezca tarde para ello, por mucho que el título rece lo contrario.

2.5_estrellas

 

Ficha técnica:

Título original: Danny Collins Director: Dan Fogelman Guión: Dan Fogelman Música: Ryan Adams, Theodore Shapiro Fotografía: Steve Yedlin Reparto: Al Pacino, Annette Bening, Jennifer Garner, Bobby Cannavale, Christopher Plummer, Josh Peck, Katarina Cas, Cassandra Starr Distribuidora: Ver CineFecha de estreno: 04/03/16