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House of Cards siempre vuelve, como agua de Mayo, tras el frío e inerte periodo invernal. Tras un duro año de ausencia, en el que se plantearon multitud de incógnitas en torno al devenir de la serie, el momento de atar cabos y cerrar tramas ha llegado. La tercera temporada de la serie dejó en el aire algunas cosas importantes: desaparición de personajes e historias y un final bastante abierto. Es de esperar que todas estas tramas de vayan cerrando o al menos convergiendo hacia un punto en común en esta temporada. Además, el hecho de que se haya anunciado recientemente que se ha renovado la serie por una quinta temporada, augura que la transición hacia el, suponemos, apocalíptico final, esconde aún unas pocas sorpresas hasta entonces.

Enfocándonos en el primer capítulo que he podido ver de la temporada (Alerta spoilers de la tercera temporada a partir de aquí), las pautas que seguirá esta cuarta parte son claras: vueltas (in)esperadas y un estudio más amplio de los protagonistas, hecho que ya venía dándose en la tercera temporada pero que en este capítulo confirma que la serie no es sólo sobre Frank Underwood sino sobre él y Claire. Esto por supuesto tiene, a nivel narrativo, sus ventajas e inconvenientes, pero el hecho de que sean dos personajes extraordinariamente escritos e interpretados, hace que la alternancia entre uno u otro no provoque altibajos en el desarrollo.

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Las señas de identidad continúan intactas así como la grandeza de la serie: el erotismo implícito en el poder; el desarrollo de los eventos políticos de una forma totalmente realista y los elementos de thriller que ha escondido siempre la serie. Quizá, ahora mismo, su mayor problema es que no se sepa muy bien a que punto de finalización se dirige, algo importante en una serie con una evolución tan orgánica y constante como ésta. En cualquier caso, no se traiciona (ni parece que lo hará) a sí misma así que podemos esperar toda la esencia de House of Cards hasta el final, al margen de que éste satisfaga o no a los ávidos aficionados.

Poco más se puede decir de este primer capítulo, pero sí se puede recalcar la valentía que está teniendo Netflix a la hora estrenar series y películas de calidad y apostando por la diferencia. En el caso de House of Cards, ésta se ha convertido en el caballo de batalla de la plataforma, asentando una nueva forma de hacer series (y cine en menor medida) que probablemente se copie en el futuro. House of Cards es, hasta ahora, una de las mejores series jamás emitidas, pues ha sabido abrir un nicho ocupado por las todopoderosas cadenas de televisión estadounidenses. Larga vida a Frank Underwood.