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Se dice que el trece es el número de la mala suerte, pero la Muestra de Syfy celebra su decimotercera edición sin hacer demasiado caso a las supersticiones, algo que puede llegar a resultar peligroso en un sitio de tradiciones que ya el primer día se pudo ver al grito del ya icónico: “Canino: ¡Pa’ tu culo mi pepino!“, para jolgorio de muchos y martirio de otros tantos. Este año la Muestra, que se mudaba a la acera de enfrente de la madrileña Plaza de Callao a los rebautizados Cines de la Prensa, algo que ha acarreado algunas críticas y es que ayer algunos aún recordaban incluso los Cines Palafox, dejaba atrás los grandes blockbusters que solían abrir la Muestra durante los últimos años y ha decidido apostar por una propuesta mucho más acorde a su espíritu abriendo con La invitación. La última ganadora del premio de Sitges y que dividió por completo la opinión del respetable.

Uniéndome a sus detractores, la propuesta, a priori interesante, de La invitación jamás llegó a seducirme. El gran problema con el que me topo en el la película de Karyn Kusama es su torpe manejo de la tensión, la que debería ser su principal baza y que termina por arruinar por completo la función. La directora de obras como Aeon Flux crea una olla a presión encerrando a sus personajes dentro de un divertido juego psicológico en el que su mayor diversión reside en esperar a que olla explote. En lugar de dejar que todo sea su camino común hasta llegar a la más difícil todavía, conseguir que la película pueda sobrevivir desde esa explosión a su final con el ritmo in crescendo, lo que trata de hacer La invitación es engañar al espectador a base de giros fáciles y poco creíbles. ¿Todo para qué? Para acabar girando 360 grados y volver a su punto original, dejando que todo su parte final llegue demasiado tarde, cuando ya no tiene capacidad de sorprender, y peor aún, que todo se acelere tanto que ni siquiera te da tiempo de volver a entrar en su juego. Su última escena, la mejor idea de la película, es la muestra de que La invitación es una de esas películas que aunque funcionan bien sobre el papel acaban naufragando a causa de una terrible capacidad de desarrollo de la historia.

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No, desde luego no parecía que el trece fuera a dar buena suerte. El viernes lo volveríamos a intentar, esta vez, intentando economizar nuestro propio tiempo y ante las bajas perspectivas depositada en la programación (algo que los más viejos deberíamos saber que es un error, pues la Muestra es capaz de sorprenderte cuando menos te lo esperas), decidimos hacer una sesión breve y solamente ver Nina Forever y El infierno verde que parecían las propuestas más llamativas del día. Y desde luego hay que destacar que la británica tuvo el honor de protagonizar una de los momentos más memorables de la Muestra a causa de una de las proyecciones más accidentadas que recordamos, algo que a los más antiguos nos trae irremediablemente el recuerdo de la proyección de Rogue allá por un ya lejano 2008 en nuestros queridos Palafox. ¿El problema? Los subtítulos de repente desaparecieron, tras la desesperación, los chistes y algo de espantada, a los 20 minutos se para la película y se vuelve atrás media hora. El problema es que la película vuelve justo en una escena de sexo sin subtítulos para poder comprobar que es correcto, y como esto no es el VLC y no podemos tirar para adelante Leticia Dolera demuestra que está para mucho más que presentar las películas y que es una estupenda maestra de ceremonias. Y es que la actriz, tratando de apaciguar la exasperación del público, cogió el micro y se puso a narrar esa escena que ya habíamos visto.

Un pequeño salvavidas que sin lugar a dudas vino bien en una película que para cuando llegó el incidente ya nos tenía muy cansado, y es que Nina Forever es un intento de narrar el paso hacia delante de un hombre que trata de iniciar una nueva relación un tiempo después de que su novia falleciera. Si este argumento no les parece propio de un marco como éste es normal, pero lo que ocurre es que a los creadores de esta obra, la forma más sutil que tienen para contar todo esto es hacer que la novia muerta vuelva a la vida cada vez que la nueva pareja práctica sexo, y claro, donde están jugando dos, acaban jugando tres, que no hay que ser egoístas. Lo malo de todo esto es que está contado sin una pizca de gracia, con interés excelso en darle a la película siempre una impronta de cine de autor, que no sólo no le sienta bien, sino que acaba por dinamitar su ritmo haciendo que se acabe convirtiendo en una verdadero tostón. Hay buenas ideas en ella también, cierto, pero jamás llegan a plasmarse en la pantalla. Y al final, con un giro bastante poco justificable, hasta esas ideas acaban por irse por el garete, sin que uno acabe de encontrar jamás un motivo para explicar lo que ocurre en la película.

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Nuestro día término con The green Inferno de Eli Roth. Obviamente, el incidente de Nina Forever hizo que la película empezase con media hora de retraso, la presentación fue breve aunque Leticia dejó caer que no le caía demasiado el bueno de Roth, y no quiso ni siquiera contarnos el motivo de ello y es que al parece debieron tener algún encontronazo en Sitges, nos quedamos con las ganas de saber más. La película es un slasher loco y muy divertido. Roth crea una película antihippie en la que grupo de un chavales viajan al Amazonas para proteger a una tribu indígena que va a ser destruida por los constructores, el problema llegará cuando la tribu les capture y piensen que son un buen almuerzo. La película que es poco más que una bobada muy grande, es un auténtico festival de burradas e imágenes desagradables, todo un festín para el jolgorio de una Muestra que ya tenía ganas de desenfadarse así. ¿Seguirá el 13 persiguiendo a esta edición de la muestra? Aún quedan dos días que pueden llegar a ser muy accidentados, y en el plano fílmico, por ahora, tan solo Roth nos ha sido capaz de proporcionar diversión… Así que esperemos no acordarnos para mal de una edición de la Muestra que ha empezado bastante floja.