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Esto es algo que siempre digo a los cuatro vientos: adoro el cine asiático, (en especial el coreano), y siempre que se me acerca una película así, le dedico especial atención, deseoso de ver que me depara. Es decepcionante encontrar que todos los ingredientes para hacer un pastel sabroso están ahí pero que el miedo a no ser el adecuado haga que, al final, el pastel quede pocho y sin alma, consiguiendo lo impensable: que nadie quiera si quiera un trozo.

Rodada para, expresamente, emocionar al espectador, Una pastelería en Tokio relata la historia de un hombre que se dedica a cocinar “dorayakis” en una pequeña pastelería, y acaba teniendo de empleada a una anciana con las manos deformadas para que le ayude a elaborar el sabor perfecto de la salsa del dulce. Quizás será porque comienzo a estar saturado de tanta cocina en televisión, pero la premisa parte poco atractiva. Aun así, confiamos en la audaz Naomi Kawase para poder enternecernos.

06_an_copyright_2015_an_film_partners_comme_des_cinemas_twenty_twenty_vision_zdf_9764En los primeros minutos de película golpea tu mente el nombre de Ozu constantemente, y ya es imposible sacarlo de tu cabeza. Es una pena que al final siempre se acabe llegando a esa génesis, pero es inevitable. El ritmo pausado, tranquilo, y la cotidianidad te hacen adentrarte en la atmósfera japonesa, en este caso decorada de cerezos teñidos de un preciosista rosa pastel. Y es que precisamente las virtudes de la película son el manejo visual y su ritmo, pues la directora se mueve muy bien con esos elementos, adornando los diálogos y reflexiones con planos naturistas dotados de personalidad simbiótica con uno de los personajes, la anciana Tokue. Este buen manejo sostiene la película durante mucho tiempo en el metraje, incluso hace interesante descubrir la receta para hacer un “dorayaki” perfecto, pero en cuanto descubrimos el pasado de los personajes y entramos en el campo de lo emotivo, la película es fallida del todo. Todo entra en un camino extremadamente evidente y elemental, el cual no es posible reconducir ni siquiera por los actores, quienes hacen un buen esfuerzo en demostrarte que lo que se explica y descubre es frágil, triste y conmovedor.

Pues bien, el resultado es un constante ¿y qué? Esa es la peor pesadilla que un guionista puede tener, la indiferencia absoluta con los protagonistas. La resolución, si bien es consistente y cierra de forma muy acertada toda la trama y evolución de los personajes, peca de poetización exagerada e incoherente en lo narrativo: lo efectista del discurso no siempre funciona con buenos planos e intenciones, hay que saber medir todas las herramientas cinematográficas y narrativas para no causar rechazo en el mensaje. Por suerte para la directora Naomi Kawase, sus destellos de creatividad y buen hacer son suficientes para, al menos, creer que el resultado final tiene aspectos salvables e interesantes.

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Una pastelería en Tokio cae en el error de intentar ser más emocionante de lo que parece, y acaba quemándose en un aura de indiferencia decepcionante. Ya no interesan los “dorayakis”, las deudas por honor, o las terribles enfermedades, y es una verdadera lástima que algo no funcione cuando sabes que podría haber sido muy distinto sin perder la esencia de los primeros momentos de película. Como drama pasajero cumple en algunos aspectos, y en otros deja bastante que desear: una receta con buena combinación, pero mal horneada.

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Ficha técnica:

Título original: An Director: Naomi Kawase Guión: Naomi Kawase Música: David Hadjadj  Fotografía: Shigeki Akiyama Reparto: Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Masatoshi Nagase, Kyara Uchida Distribuidora: Caramel Films  Fecha de estreno: 06/11/2015