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¡Gracias sean dadas al hacedor! Pues se ha podido disfrutar en este día 20 de Noviembre en L’Alternativa de Barcelona de dos pequeñas joyas, cada una a su manera, rodeadas de gran ingenio y buen hacer. Un disfrute absoluto en todos los niveles posibles.

The Sky Trembles and the Earth is Afraid and the Two Eyes are not Brothers – Un Herzog muy cautivador

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Un título tan, tan largo, que te agotas nada más decirlo para sacar tu entrada. Y he de reconocerlo, la película ya me caía bien antes de entrar a la sala, un nombre así solo puede significar dos cosas: estamos ante un experimento interesante, o ante algo calamitoso y pretencioso. La película de Ben Rivers es una especie de estudio meta-cinematográfico sobre el ego, el recuerdo perdido del cine experimental y documental de los años 70, e incluso una especie de mensaje anti-explotación del entorno exótico, aprovechado para la cinematografía. Poco más puedo decir como sinopsis, ya que hablamos de una reflexión de todos esos temas en forma de imágenes, con un hilo conductor muy interesante y clarificador. Grabada con película de los años 70, el nivel técnico es magnífico, brindando una puesta en escena que recuerda al genio Werner Herzog, tanto a nivel visual como en el tratamiento del sonido y el montaje. Y no podía ser de otra forma, pues la propia forma del film evoca al recuerdo de un género muy marcado por una época en concreto y un estilo muy marcado, y no hay mejor referencia que la de uno de los referentes como es Herzog. Todo suma para justificar el mensaje que se intenta proporcionar en el famoso Sáhara marroquí, un lugar donde han tenido lugar cientos de rodajes. La figura de un ficticio director de cine intentando hacer su película nos hace hallar secuencias de cine dentro de cine que nos muestran el lado más ególatra de la figura del director y el uso de, normalmente, el propio pueblo del lugar como mano de obra barata en los rodajes (con unos planos dignos de Aguirre, la cólera de dios), otras sobre la soledad, una supuesta venganza del entorno respecto al individuo egoísta, y una imagen constantemente presente del cineasta bajo el control del propio medio al cual se dedica, embadurnado en un traje hecho por latas olvidadas de todos aquellos rodajes perdidos. Una experiencia digna de ser expuesta en los museos de cine experimental, interesantísima de ver, y muy satisfactoria.

La muerte en la Alcarria – Nunca un western de jotas aragonesas fue tan interesante

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Uno de los platos fuertes del festival, al menos desde mi punto de vista, ya que la premisa me parecía tan genial que no podía decepcionar: Los Hermanos Cubero, músicos especializados en la música tradicional, van en busca de la inspiración yendo de vuelta a su tierra natal, La Alcarria. No hay diálogos, sólo música y un ambiente de western maravilloso. ¿Por qué salgo tan entusiasmado? Porque es, quizás, la obra más sencilla y a la vez grandiosa que se ha podido ver en el festival. No tiene pretensiones de ser una pieza artística profunda, ni de creer que es poética cuando no lo es ni por asomo (por si no ha quedado claro, esto era una referencia sobre alguna que otra película analizada en estos días), solamente pretende ser una película sincera, honesta, interesante y apacible. Y vaya si lo consigue, gracias a distintos niveles: la fotografía es sublime, un blanco y negro muy bien tratado y conseguido incluso en los momentos más oscurecidos; el ritmo está muy bien equilibrado entre las pausas y silencios del viaje con los segmentos musicales de los dos hermanos en una especie de teatro imaginario que evoca al momento del viaje en el que se encuentran; el uso del sonido es destacable y agradecido, ya que el acabado es notablemente superior al de la media de los films vistos hasta entonces. Todo esto marcado con un aire al John Ford de sus westerns en blanco y negro, con una temática que acompaña a uno de los objetivos básicos del género: la vuelta al hogar perdido por el personaje errante, esta vez interpretado por dos hermanos dedicados a cantar jotas y canciones tradicionales, y esto es un toque de originalidad magnífico, que bien tratado (como en este caso) aporta aquello que pocos consiguen: el factor de diferenciación determinante que divide los que me gusta llamar “quiero ser” de los que simplemente dicen “soy”. Un cruce majestuoso entre La Diligencia, Nebraska, y A propósito de Llewyn Davis. Fernando Pomares se ha ganado el corazón de muchos de los asistentes entre los que se encuentra un servidor, agradecido por haber disfrutado de, no solo de 83 mágicos minutos, o de haber visto destellos de un gran director en ciernes con más de una decisión creativa genial, sino de haber puesto tanta humildad y pasión en un proyecto que traspase la pantalla con un producto igual al amor puesto en él. Gustará más o gustará menos, pero no se puede negar que La muerte en La Alcarria es digna de mención.