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Penúltimo día del festival de cine alternativo de Barcelona, tratando de exprimir al máximo las presentaciones visuales de que otro tipo de cine es posible, para bien y para mal. Seguimos deseando que el nivel se mantenga después de una jornada de joyas escondidas.

Encallado en Cantón – Tragicomedia humana (All Night Long)

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Una de las mayores promesas del festival era Nakangami na Guangzhou, dirigida por el sueco Mans Mansson, en la que Lebron, un ciudadano congoleño, es enviado desde su país hasta China, concretamente a la ciudad de Cantón, para comprar camisetas para la campaña presidencial de un partido político del Congo, pero el pedido se retrasa meses y se queda ahí estancado, esperando a una solución para conseguir el dinero que debe y poder volver a casa. La película funciona mucho mejor como drama que como comedia, aunque precisamente los momentos de comedia son muy, muy memorables (aún me entra la risa cuando recuerdo la escena del karaoke con All Night Long de Lionel Richie). El pulso del director no flojea en ningún momento, y es totalmente correcto en todas las decisiones, incluida la del uso constante de primeros planos que, a mucha gente, suele echar para atrás, y narrativamente es de lo mejor que hemos visto en el festival, donde cabe incluso los momentos más experimentales en el campo de la absurdez casera. Aun con todo, lo mejor y más sorprendente es el protagonista, el propio Lebrun, que hace un trabajo enternecedor y cumple en toda la película, siendo un buen estandarte para tener motivos para ver el film. Junto a todo esto, el retrato de una ciudad orientalizada al máximo punto y con una jerarquía democratizada intrínseca en los bajos fondos empresariales, representado en un ventanal de luces de neón, humo y tiendecillas variopintas, el camino de nuestro pobre e iluso protagonista se visita con ojos de ignorancia hacia una situación desconocida por muchos (yo mismo por ejemplo), que presenta su cara más dura, pero a la vez una inocencia esperanzadora y magnetizante que te atrapa. Quizás sea esa la sensación que hace que la película gane enteros más que por otra cosa, y es muy meritorio.

Rabo de Peixe – Deja Vú soso

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¿Por qué digo que Rabo de Peixe es un deja vú? Porque es un documental que ya hemos visto cientos de veces en muchos formatos distintos: la película es un viaje al pueblo de pescadores homónimo, situado en las Islas Azores, grabando sus vidas, su día a día, relaciones, tradiciones y vivencias variadas. No es nada nuevo, pero nunca me gusta prejuzgar sin verlo con mis propios ojos. Que sea un tema ya tratado mil veces no lo hace menos merecedor si éste está hecho con una mirada especial o tiene rasgos distintivos y diferenciadores. Bien, no es este el caso. Es otro más del montón, sin nada más que ofrecer que lo que hemos visto en televisión y en las salas miles de veces desde hace años. Y aprovecho para preguntarme retóricamente porque no se ha vuelto a conseguir una sensación similar a la de La tierra tiembla, de Visconti. Siguiendo con lo que nos atañe, hay que remarcar que la película data del año 2003, pero los directores Joaquim Pinto y Nuno Leonel decidieron reeditar la película, ya que cuando se emitió en su momento en TV, el documental quedó radicalmente alterado para omitir todos los aspectos negativos de la situación vivida por el pueblo. Es de agradecer que los directores hayan decidido mostrar su creación como fue originalmente concebida. Dejando ese tema de banda, el producto final es correcto a secas, y con miedo a sonar repetitivo, nada nuevo bajo el sol. No destaca en nada en especial, pues cumple con su cometido informativo, e incluso puede ser que te acerquen bastante a un terreno más cercano con la gente del pueblo, pues por momentos se nota que quieren transmitir el apego que tuvieron los directores con la gente que les abrió de forma tan calurosa las puertas de sus vidas, incluso con momentos que recuerdan más bien al repaso de fotos tomadas en una boda. Poca cosa más se puede decir de Rabo de Peixe: correcto, eficaz, discreto, corriente y soso.