David Fincher, director reputado por realizar videoclips de varios artistas famosos, dio el salto a la gran pantalla con Alien 3, tercera entrega de la famosa saga iniciada por Ridley Scott con El octava pasajero y continuada por James Cameron en su segunda entrega Aliens: El regreso. Era difícil superar la labor de las dos anteriores entregas. La primera convertida en un clásico del terror espacial y la segunda en un referente para el género de acción. Pero 20th Century Fox hizo todo lo posible para realizar una tercera entrega continuando las hazañas de la teniente Ripley (nuevamente interpretada por Sigourney Weaver) confiando todo el empeño a David Fincher.

De un proyecto entusiasta, se convirtió al final en una terrible pesadilla para el director, presionado constantemente por los productores, ya que no veían con buenos ojos los cambios del realizador. Alien 3 fue un desastre de cantidades estratosféricas recibiendo el batacazo de varias revistas especializadas a pesar de dividir a los espectadores. Fincher, que quería debutar a lo grande, se desatendió del proyecto renegando completamente de ella como ya hiciera David Lynch con Dune. Tuvieron que pasar 3 años para ver que Fincher era en realidad un maestro del thriller con la película Seven.

Escrita por Andrew Kevin Walker, Seven es un thriller que víncula a los detectives Mills (Brad Pitt) y Somerset (Morgan Freeman) en resolver los casos de un asesino en serie denominado John Doe cuyos crímenes se representan a través de los 7 pecados capitales: gula, pereza, soberbia, avaricia, envidia, lujuria e ira. La película se nutre de un mundo decadente, oscuro y gris (elemento que hereda de El silencio de los corderos) centrándose en el lado más ingenuo de la humanidad. El asesino no comente sus crímenes por una enfermedad mental, ni tampoco por una truculenta vida. Todo lo hace por un propósito para castigar a las personas más miserables y rastreras como un abogado corrupto (avaricia), un pedófilo (pereza) o un adicto al sexo (lujuria). El colofón final llega cuando se cumplen los pecados de la envidia y la ira con la famosa escena de la caja.

Cinco minutos de puro suspense, rodada con más mínimo de detalle en el que no se puede dejar de pestañear. John Doe indica a los detectives Mills y Somerset el lugar donde se encuentra la ¿última? victima. Cuando ya están en el lugar, en mitad del desierto, llega por el horizonte una furgoneta de la compañía Fedex. Al marcharse el servicio de paquetería, Somerset abre la caja expresando un rostro de incredulidad y horror. El espectador ya piensa que se trata de la cabeza de la mujer de Mills, hecho desencadenante que Doe aprovecha para provocar la ira de Mills contándole que tenía envidia de su mujer. Caldeado por el ambiente, Mills deberá decidir si ejecutar a Doe o llevarlo a prisión para que sea juzgado por los asesinatos. Somerset, contenido por lo visto en la caja, intenta convencer a Mills de no elegir la primera opción, ya que sería un victoria para John Doe. Finalmente, la ira de Mills es fuerte a la conciencia de Somerset y decide liquidar a Doe dándole victoria.

El desenlace perfecto que tenía que tener Seven, porque si hubiera sido un final feliz, no estaríamos hablando ante una de las escenas más recordadas (y a la vez, parodiadas) de la historia del cine, haciendo reconocer la maestría de Fincher en el terreno del suspense.