The Handmaiden, Park Chan-Wook

The Handmaiden, Park Chan-Wook

08:15 de la mañana de un martes cualquier en Sitges. El sol, tímido, apenas quiere salir tras las amenazadoras nubes que cubren el Mediterráneo. Humeante olor a café y sueño en el ambiente, pero algo especial ocurre, pues apenas se han puesto las calles y las colas para entrar al primer pase del día son impresionantes. Y lo que ocurría tiene nombre y apellidos: Park Chan-Wook. Sitges traía la última película del director surcoreano y era un evento que, cualquier cinéfilo presente en el festival, no podía perderse. Se apagaron las luces y comenzó la proyección de ‘The Handmaiden’. La cinta presenta la historia de Sookee, una joven que es enviada a la mansión de un magnate para realizar las tareas de doncella. Dividida en tres actos que se enlazan en un bucle hipnótico y destinado a convertirse en una referencia del virtuosismo en el montaje cinematográfico, la película nos relata una historia en la que convergen ilusiones, misterios, secretos, pasiones, ira y amor en proporciones perfectas. El guión juega como quiere con el espectador, engaña y se asienta sobre la maravillosa banda sonora y la atmósfera mágica que envuelve los 145 minutos de metraje. Se trata de un poderoso juego de espejos en el que nada es lo que parece, algo así como una caída libre para los 5 sentidos a los que Park pide que liberemos de forma absoluta mientras vemos su última película. Quizá ese es el único peaje que nos pide el creador surcoreano, pero pagarlo, compensa con creces. En resumen: una de las mejores películas en lo que va de año del panorama internacional. O, lo que es lo mismo: una delicia.

Equals

Equals, Drake Doraemus

Uno de los aspectos más impresionantes del festival de Sitges es la cantidad y variedad de películas que vienen al festival. Una oportunidad única para poder acceder a diferentes géneros y a nuevos descubrimientos que llegarán en los próximos meses a las salas de todo el mundo. Ya también un pequeño hueco para esas pequeñas joyas que aparecen de vez en cuando en la vida de cualquier cinéfilo. Una de las películas que puede cumplir con esta afirmación es Equals, la última creación de Drake Doraemus, el director de Like Crazy (la cual, por cierto, se alzó en 2011 con el gran premio del jurado en Sundance). Producida por Ridley Scott en conjunto con Jaco Van Dormael, Equals presenta un futuro distópico en el que los seres humanos han perdido la capacidad de sentir. No existe ningún tipo de emoción. No hay relaciones de amistad ni de amor. Un mundo en el que cada uno cumple su función en el engranaje del planeta y su único acompañante es la más profunda de las soledades. Quienes comienzan a desarrollar las capacidades que nos caracterizan como personas son apartados de la sociedad y enviados a centros en los que se realizan terapias de supresión de las emociones y, con mucha probabilidad, la eliminación del individuo si éste no da síntomas de mejoría. Los dos protagonistas comienzan a enamorarse mutuamente, lo que supone una peligrosa tentación y un conflicto entre el desarrollo y expresión de sus sentimientos ante la perspectiva de que puedan ser asesinados por ello. En una fábula que conmueve por su desarrollo y que promueve una profunda crítica a través de una exageración de la situación actual de la sociedad, pero hace bandera del miedo que hay hoy en día entre las personas a sentir y a vivir, por lo que aprovechando la perfecta puesta en escena que crean Ridley y Van Dormael, nos propone un “Romeo y Julieta” en un futuro al que confiemos en no llegar nunca. Lo dicho, una pequeña joya que encantará a quien se emocionase con las anteriores películas de Doraemus.

Trivisa, Jevons Au, Frank Hui, Vicky Wong

Trivisa, Jevons Au, Frank Hui, Vicky Wong

La decepción del día vino con el pase de Trivisa, una película que intenta emular al cine negro enfocado hacia el mundo de la mafia que se pierde en sí misma debido a la falta de experiencia de los directores. Ópera prima de tres nuevos creadores, la película trata acerca de tres historias paralelas sobre tres criminales que intentan cruzarse por la fuerza, pero que chocan a nivel narrativo de forma espantosa. Se denota el intento de buscar un cine parecido al estilo de Ritchie en Snatch, Rock´n´Rolla o Lock & Stock, pero el intento es absolutamente fallido. La trama no despierta ningún tipo de interés, únicamente alguna carcajada en base a la peculiaridad de alguno de los protagonistas. Muy decepcionante.

El Extraño, Na Hong-Jin

El Extraño, Na Hong-Jin

Con la llegada de la noche, llegó otro de los platos fuertes y una de las películas más esperadas del festival: El extraño. Habiendo sido presentada previamente en Cannes, lo último del director de The Yellow Sea  y The Chaser, llegaba pisando fuerte a Sitges. La premisa es simple: una serie de brutales asesinatos pone en jaque a una pequeña población de las montañas de Corea del Sur. La policía del pueblo se verá inmersa en una partida de ajedrez con fuerzas que van mucho más allá de la naturaleza. Lo que comienza siendo un thirller con toques de comedia negra dada la ineptitud de los agentes de la ley del pueblo se va transformando de forma compleja y continua en un juego psicológico y una obra de terror que consigue ser absolutamente camaleónica de cara a mostrar todas las bazas posibles en cuanto a las respuestas que se necesitan para resolver los misterios que plantea. El ritmo es perfecto, Na Hong-Jin lo moldea a su antojo, dirigiendo tanto al espectador como a los personajes hacia el foco de una tormenta que se va creando con calma pero que desemboca en una absoluta tempestad de terror con unas secuencias finales difíciles de olvidar. Acostumbrados a las películas de terror al uso, la radical diferencia de esta consiste en la gran capacidad de hacer una tesis sobre el menos es más. Se aleja mucho de los trucos habituales y emplea mucho mejor los espacios y las atmósferas, humanizando mucho más el miedo y acercando el mal de una forma más realista, lo que es sencillamente terrorífico y espectacular. Una película en mayúsculas.