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El cine del Este siempre nos saca una sonrisilla por su peculiares historias, donde el drama desaparece para dejar paso a la comedia simpática, adorable y socarrona, dando igual el tema que se trate o las duras circunstancias que pasen a los personajes. La cinta de la que os hablo y que cumple esas características es originaria de Georgia, dirigida por el desconocido Levan Koguashvili y titulada Blind Dates.

Blind Dates nos cuenta la historia de Sandro, un tímido profesor de primaria que junto a su amigo Iva concierta citas por internet con mujeres. A pesar de la dificultad que tienen ambos para relacionarse con el género femenino, Sandro se enamora de Manana, madre de una de sus alumnas, encontrando así el amor verdadero, un amor que no durará mucho debido a la salida de prisión del marido de ésta después de 4 años. A partir de ahí, Sandro se verá involucrado en extrañas situaciones que no tendrá más remedio que aceptar y seguir adelante.

A simple vista, Blind Dates puede parecer poca cosa debido al alto grado de indiferencia que transmite al espectador, un sentimiento que se mantiene hasta que este empieza a encajar todas las piezas. Koguashvili crea una película simpática, cercana al cine de enredos gracias a su protagonista Sandro y a las diferentes situaciones en las que se ve envuelvo después de haber encontrado el amor. Por lo que digo alguien puede pensar que se trata de una película deudora del cine de Lubistch, pero su humor seco, sus tonos sombríos y alguna diferencia temática notable (la miseria que se cierne en Georgia y el furor por el fútbol) la hacen muy diferente. Como digo al principio de la crítica, Koguashvili muestra las penurias y desgracias de todos sus personajes, las cuales se esconden bajo un humor algo negro y socarrón, llegando incluso a meter un discurso sobre el aborto, reflexionando así sobre sus posibles consecuencias futuras. También hay cabida para el pagafantismo, contada de una manera subjetiva que para mí pasa a un segundo plano sin ser el principal centro de atención de la película, algo que el director georgiano no busca expresarlo.

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Blind Dates no es ninguna maravilla visual, ni tampoco presenta giros de guión que causen un golpe de efecto en la trama y cambien por completo el camino de los personajes, sino que se deja llevar por su guión tradicional, que respira aroma clásico con personajes agradables que consiguen ganarse la empatía del espectador representando la vida austera en los tiempos actuales. No es una película fácil para el espectador medio, ni tampoco para los cinéfilos más jóvenes debido a su lenta estructura narrativa, que se va construyendo poco a poco. No es una obra maestra pero sí una cinta para alegrarte una triste tarde de cualquier día.

3.5_estrellas