flm-40-Days-Of-Silence-Film-Still-3-b

Chilla, en el idioma original, también conocida con el título de 40 days of silence (los hispano-parlantes hemos de abstenernos de hacer bromas con la contradicción del título original y el título en inglés) es una película que opta por los silencios, la contemplación, la reflexión y la crítica social sutil. La narrativa nos desenvuelve, de manera lenta y sin concluir definitivamente, la historia de las mujeres de una familia en Uzbekistán, mostrando varias generaciones y creando un interesante contraste entre éstas.

El cine de crítica social suele acabar en un grito desesperado sin mucha más función que ser una hipérbole dramática. Aquí, sin embargo, encontramos que la crítica social no empaña el drama, ni el drama empaña a la crítica social. En Chilla se afronta el papel de las mujeres en una sociedad patriarcal y opresora, donde el silencio, como dice la abuela de la protagonista, que representa a la generación de la familia más conservadora, es un símbolo de maduración y de sumisión. En todo caso, el silencio no es visto como un método de reflexión que pueda servir para el crecimiento personal y el desarrollo de las propias habilidades como un ser humano independiente. El drama de la película reside justamente en la adolescente protagonista, la cual, a través de planos sutiles y sin acabar de rematar la idea, utiliza este silencio para repensar su papel en aquella familia, su lugar en la vida, su situación como mujer y como ser humano. Sin embargo, aunque recibe el apoyo de la familia, no sin algunas miradas y comentarios reticentes, se topa con un sentimiento contradictorio de esperanza e impotencia.

20141314_2_IMG_FIX_700x700

40 days of silence se presenta entonces como un filme con imágenes muy bellas, un ritmo pausado y una crítica social que deja al espectador pensar más que ser aleccionado. Sin embargo, los fallos residen en lo que deberían ser sus virtudes, y eso, por ser una película que en teoría, e incluso a veces en la práctica, resulta interesante y necesaria, acaba por ser una lástima. La crítica social pierde fuelle y en contadas ocasiones no acaba de quedar claro dónde quiere llegar, más allá de discutir el tema obvio y principal de la película de cuál es el papel de las mujeres en una sociedad como la enseñada aquí. El drama es casi inexistente, y no por ser lenta, silenciosa y sutil (ya se ha visto, volviendo a citar la misma película que ya he citado en mi anterior crítica, en La Ciénaga como un drama puede ser desgarrador desde lo estático, el silencio, la sutilidad y el pasivo desarrollo de la narrativa) sino por lo inerte del mundo que se nos presenta, la necesidad de forzar la fuerza visual de la película a través de los sueños de la protagonista para dotar de drama a una historia que en esencia no lo tiene, y ya no es que la falta de drama sea un fallo, sino que lo es la falta de interés que la propia historia provoca. Por último, el ritmo lento de la historia parece forzado y no resulta orgánico dentro de la misma historia. Se nota en el fondo una (no mala) intención de comunicar los sucesos de la película a través de un ritmo pausado, contemplativo y estático, pero se queda en una intención que dista de ser necesaria, de confluir con la estética y la temática de la película para que esos recursos no resulten superfluos.

Pese a resultar fallida, se ha de tener en cuenta que esto es el debut de Saodat Ismailova, que está filmada en un país sin mucha historia cinematográfica como es Uzbekistán y que además es una película que resalta una cuestión necesaria como lo es el papel de las mujeres en países donde sus derechos y su valor como seres humanos distan de verse representados en el día a día. Como otros puntos a favor, no podemos olvidar su preciosa estética, donde, si nos olvidamos de aquel sentimiento de lentitud forzada, podremos disfrutar de unos planos realmente bellos.

Si uno se arma de paciencia, no es exigente, acepta los fallos de la película y disfruta de sus virtudes, puede ser una parada interesante.

2.5_estrellas