Sicario de Denis Villeneuve

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Prisioneros tenía un planteamiento inicial que ya habíamos visto cientos de veces en las tardes de Domingo de Antena 3. Sin embargo no podía estar más lejos de ellas en todos los demás aspectos, Villeneuve se preocupaba sobre todo por la dimensión moral de su historia, por los límites que uno se atrevería a cruzar y la posibilidad de volver a atrás tras haberlo hecho.

Sicario recuerda a Seven en sus primeros minutos en los que no aparta la mirada ante el horror de los cárteles mexicanos. Kate Mace es un agente del FBI especializada en extracciones de rehenes. Gracias a su encomiable trabajo será reclutada por (Josh Brolin en modo Whalberg de Infiltrados) con la intención de hacer un daño real a la organización de uno de los pesos pesados del narcotráfico asentado en el país latinoamericano.

La experiencia en este turbio mundo será aportada por (hacía tiempo que Benicio del Toro no estaba tan genial).

El canadiense vuelve a colaborar con el maestro Deakins y juntos aislarán a sus personajes en varios planos aéreos, pues mucho de lo que ocurre es tan grande que les sobrepasa. Otra de las brillantes decisiones que ayudan a expresar las críticas y los temas de la película es el uso de planos largos, con la bandera de los Estados Unidos en ella, mientras los personajes discuten sobre cuestiones y decisiones éticas o amorales.

El baluarte de Hacer Lo Correcto es Kate que será un mero espectador en un gran número de ocasiones, Denis y su cinismo ya mostrado en Prisioneros. Sicario llegará hasta las últimas consecuencias, mostrando ideas frescas y aterradoras pues el espectro de maldad y bondad será presente en ambos bandos.

Denis también sorprenderá con una brillante planificación en las escenas de acción, la tensión a veces se hace insoportable y necesitas que estalle. No dejará respirar emocionalmente a Kate en ningún momento, ahora está entre lobos.

Sicario es un bello y seco thriller de acción en el que se apuntan culpables que sólo acusa un pequeño bajón tras la descarga eléctrica del inicio.

Mountains May Depart de Jia Zhang Ke

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Os voy a ser sinceros, el momento que más recuerdo del visionado de Mountains May Depart (Shan he gu ren) es el de escuchar un ronquido atronador que provocó carcajadas en la sala. En segundo lugar está la aparición de Ricky Rubio en una de las fotos que aparece en el film, “cameo” con el que nos reímos todos los españoles.

La tercera posición ya pertenece a la película y es la primera escena, un grupo de jóvenes celebra el fin del año 1999 al ritmo de los Village People. Alegre, jovial y divertida, la primera parte del relato navegará por estos tonos al contar el triángulo amoroso entre Liangzi (Liang Jin Dong), Jinsheng ( Zhang Yi ) y la adorable Tao (Zhao Tao).

Este segmento es el que contiene más comedia y es más agradable de ver, lleno de colores mostrados en un “aspect ratio” 1:33 y cierto plano compuesto para mostrar visualmente la distancia y jerarquía que hay entre los personajes. Sin embargo sufre el mismo mal que las otras dos partes: demasiado larga.

Entonces la película saltará al año 2014 donde volveremos a ver a los protagonistas afrontando malas decisiones, graves enfermedades y desconexiones emocionales. Esta vez contado en ratio 1:85 y con tonos más apagados. Con este segundo segmento Jia Zhang-Ke nos muestra su gran ambición en cuanto al manejo de tonos y temas, pues a mitad de metraje serán más dramáticos y tristes. Sufrirá otra vez de una excesiva duración aún más acusada pues ya no existirá la comedia que nos aliviaba en el primer acto.

Para la traca final el director nos llevará a la Australia de 2025, donde veremos las consecuencias de cierta decisión tomada en 2014. Rodada en inglés,  toda esta sección resulta incómoda, Jia Zhang-Ke no está interesado en la ciencia ficción y plasmará con torpeza algunas ideas y emociones.

Mountains may depart es admirable por su gigantesca ambición y su preocupación por temas vitales que se podrían haber explicado en menos tiempo y con un poco más de interés.

Mustang de Deniz Gamze Ergüven

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Mustang nos introduce a 5 hermanas huérfanas que viven con su abuela y tío en algún lugar de la costa norte de Turquía. Las jóvenes, con el comienzo de las vacaciones de verano van a la playa a jugar en el agua con sus compañeros de clase.

Nada puede parecer más inocente ¿verdad? Pues una vecina del pueblo lo tomará como un acto de erotismo y sexualidad impropio de las chicas, avisando a su abuela y dando comienzo a una serie de eventos que acabarán de diversas y constrictas formas.

La pérdida de sus padres ha unido a las hermanas y eso se transmite en la pantalla, nos caen bien al instante y además las limitaciones a las que se enfrentan nos resultan tan absurdas que nos ponemos inmediatamente de su parte en la lucha por una libertad primordialmente sexual y de capacidad de elección.

La película es abiertamente feminista, en contra de las tradiciones impuestas a las hermanas, se les dirá que deben aprender a coser, cocinar y quedarse en casa. El acierto mayúsculo es que lo hace con humor y complicidad, la sala ha aplaudido un chiste que en concepto es bastante normalito, pero que emocionalmente nos llena pues es una defensa de las chicas que tanto nos gustan.

Lo único que se le puede reprochar es un uso poco inspirado de la voz en off, que se limita a decir lo que ya estamos viendo en pantalla; El tercio final toma un tono bastante más serio y tenso que, a pesar de lograr lo que se propone, no es tan certero como los dos primeros.

Las metáforas casa de la que no pueden salir – sociedad están claras y quizás un poco repetidas pero es un mensaje tan importante que no molesta el excesivo hincapié.

Mustang es una deliciosa joya que se encuadrar en el género de “Coming of age” en el que la madurez la poseen los jóvenes y los que tienen que aprender son los adultos.

Taklub de Brillante Mendoza

Taklub

Hay días en los que es casi imposible que una película me atrape y me impida ir al glorioso mundo de los cabezazos o “voy a cerrar los ojos y los abro cuando haya diálogo”. Siempre intento ir cargado de cafeína pero hay momentos en los que resulta imposible y tienes que poner mucho de tu parte para no empezar a roncar en medio de la sala. Aún no me ha ocurrido pero este Drama filipino ha estado muy cerca y lo peor es que llevaba dos buenas tazas de café encima.

Taklub nos sitúa en Tacloban, en el centro de Filipinas un año después del paso del tifón Haiyan que provocó grandes daños estructurales y personales. Brillante Mendoza nos mostrará la lucha por sobrevivir a las consecuencias del desastre.

La película abre con la secuencia más dolorosa de todas, parece que Mendoza lo sabe y se recreará en mostrar en primer plano el horror de la muerte de una familia casi al completo. Si esos subrayados con la cámara no eran suficientes el guión se encargará de recordarte algo que acabas de ver hace 3 minutos.

En otra escena especialmente dramática el filipino directamente se salta las reglas de la lógica y vuelve a intentar que sintamos la pena más grande de nuestras vidas. Una vez más, no lo conseguirá.

Y lo peor es que esas acciones son lo más interesante que pasa durante los largos 100 minutos que dura el film. El resto son escenas insulsas y aburridas de las que ya no recuerdo nada y las he visto hace menos de una hora.

La pérdida de la fe, de varios hijos o del hogar están tratados de forma irregular, con las metáforas menos sutiles que recuerdo. No todo es reprochable pues Mendoza se aprovecha de bellos parajes naturales que filma con un gran entendimiento del uso de la luz natural.

Taklub se queda en el montón del cine de catástrofes, sin garra ni emoción, no logra que nos importen unos personajes por los que deberíamos tener la mayor empatía del mundo.