Joshua Oppenheimer llegó y venció hace dos años en la 10ª edición de DocumentaMadrid con The act of killing, su impactante primer largometraje, que se llevó el primer premio del jurado y el premio del público. Ahora vuelve al festival con la continuación de aquella, The look of silence, que se presentó en Venecia donde obtuvo, entre otros, el Gran Premio del Jurado. Pero aunque la sombra de Oppenheimer es alargada, también hemos podido ver otro trabajo a competición muy destacado, como es la ágil y divertidísima The Yes Men are revolting, de Laura Nix, Andy Bichlbaum y Mike Bonanno, ganadora en la última Berlinale del segundo Premio del Público en Panorama Documental (por detrás de Tell the spring not to come this year, que ya comentamos en el segundo artículo).  Menos destaca ha sido la presencia de Flotel Europa, de Vladimir Tomic, presentada en la sección Forum también en la Berlinale, que ha pasado por el festival de forma más discreta.

The look of silence – La ceguera colectiva

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En The act of killing, Joshua Oppenheimer ponía el foco en los verdugos del genocidio de Indonesia tras el Golpe de Estado que dio el ejército en 1965, los cuales asesinaron en un año a más de un millón de personas, acusadas de ser comunistas. La película mostraba la recreación ficticia de algunos de esos crímenes por parte de sus propios artífices, los cuales se exhibían con orgullo y sin culpa. No es de extrañar si tenemos en cuenta que hoy en días, 50 años después, los responsables de esta atrocidad siguen en el poder. En The look of silence, Oppenheimer cambia el punto de vista y le da el protagonismo y la voz a la otra parte, a los afectados, las familias de los muertos, que deben convivir día a día con los asesinos. Viendo las imágenes que el director grabó para su anterior película, un hombre cuyo hermano fue asesinado decide enfrentarse a ellos directamente.

El cine de Oppenheimer se encuentra justo en el medio del debate en torno a cuál es el límite moral de lo que se puede mostrar y no en el cine. Aunque The look of silence tiene momentos hablados muy fuertes, se trata de una película que da fundamental importancia a lo visual, como su mismo título indica, de un preciosismo pictórico. El protagonista es oftalmólogo, y el director se vale de esta profesión para componer toda una metáfora en torno a la dinámica de un país ciego, miope ante sus problemas. Al tiempo que gradúa la vista, el protagonista interroga a los asesinos sobre sus actividades de años atrás, obligándoles a afrontar los hechos, los cuales solo ven de manera borrosa, y según su interpretación personal. Sin embargo, corregir esta desviación no va a resultar tan sencillo como poner unas gafas; sobre todo en un país al que no le conviene recordar. “Hacéis preguntas muy profundas”, les recriminan constantemente, incomodados por su insistencia en hablar sobre política.

“El pasado, pasado está”, afirman todos los asesinos, y sus descendientes. A Indonesia no le interesa escarbar en ese pasado, porque sabe lo que podría encontrar. De este modo, no solo se convierte en un país ciego, sino también sordo y mudo, que vive aislado en una auto-conspiración de serenidad impostada, en la que prácticamente todo el mundo está implicado, y nadie está libre de culpabilidad. Se ve como, por este motivo, Oppenheimer empieza a perder la confianza con los criminales que había ganado a lo largo de los años, por lo que se puede intuir que este explícito fresco se quedará en un díptico, imprescindible para la historia del documental actual.  

Flotel Europa – Imágenes imperecederas

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Vladimir Tomic, artista contemporáneo y documentalista experimental, nos cuenta su historia autobiográfica del tiempo que pasó en el Flotel Europa, nombre que recibía el barco en los canales de Copenhague en el que a partir de 1992 vivieron un gran número de refugiados de la guerra de Bosnia. Una película compuesta casi exclusivamente de los vídeos caseros que los habitantes del barco grabaron a lo largo de dos años para mandarlos a los familiares que quedaron en su país. Concebida como un diario, Tomic ejerce de narrador, con su voz en off ilustrando todo el tiempo las imágenes.

El realizador plantea un documental que exhibe constantemente su condición audiovisual: si muchos trabajos del género tienen tendencia a querer parecerse lo máximo posible a la vida real, Flotel Europa, mostrando los VHS deteriorados sin apenas adulterar, huye de la reconstrucción más allá del montaje que los une, para acentuar su carácter de filme físico, que puede romperse y detenerse en cualquier momento. Sin embargo, la historia que Tomic nos cuenta acaba siendo convencional, en el sentido del recorrido de un joven hacia la madurez a base de los golpes de la vida: su relación con su familia, sus amigos, la chica de la que está enamorado, sus escarceos con las drogas… Por tanto, lo que es un tema potente, y contado de forma bastante peculiar, acaba dando un resultado que deja más bien indiferente.

The Yes Men are revolting – Una verdad incómoda

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Los activistas Andy Bichlbaum y Mike Bonanno, conocidos como los Yes Men, llevan desde finales del siglo pasado enfrentándose a diversas entidades corporativas a través de performances en tono satírico, en las que se hacen pasar por altos cargos o personalidades importantes, para revelar en público toda una red de intereses económicos y políticos. The Yes Men are revolting, codirigida por Laura Nix, supone la tercera película que habla de esta formación. En ella, aparte de hacer un repaso general a toda su historia, nos muestran de nuevo algunas actuaciones que han llevado a cabo en los últimos tiempos, centradas en la que es su mayor preocupación actual, el cambio climático. Pero lejos del tono catastrofista y tremendista que este tema suele generar en el documental, el filme se concibe como una extensión de sus acciones, divertido y dinámico, con un ritmo incesante.

Pero además, se ahonda en la intimidad de Andy y Mike, y en sus dificultades para compaginar sus actividades con la vida personal y familiar. Con el paso del tiempo sus prioridades ya no son las mismas, y las ganas de protestar y luchar tampoco. Como le pasa prácticamente a cualquier persona, llega un punto en el que están frustrados porque sus proyectos no avancen ni den los resultados esperados. Pero la amistad que les une, y el sentido de la responsabilidad social que les ha llevado a donde están, harán que estos dos hombres tan carismáticos superen esa crisis y vuelvan a dejar en evidencia el terrorífico panorama en el que nos encontramos. Porque entre tanta hilaridad, la realidad que nos está contando The Yes Men are revolting es, cuanto menos, preocupante: estamos destrozando el mundo, y los gobiernos y las empresas  no hacen otra cosa que ocultarlo para poder seguir enriqueciéndonos. Es por eso que gente como de Yes Men les resulta tan molesta, porque son los encargados de desvelar una verdad que nadie querría saber, pero que es nuestro deber conocer, para poder al menos intentar solucionarlo.