Seguimos descubriendo la Sección Oficial del 12º DocumentaMadrid, en esta ocasión, con tres trabajos de muchísimo interés. En primer lugar, tras pasar por Sundance y Berlín, Censored voices, de Mor Loushy, excepcional documento que muestra por primera vez declaraciones ocultas durante años. Por otro lado, se estrenó en el festival Desde que el mundo es mundo, la única coproducción española a competición, de Günter Schwaiger (director de la aplaudida La maleta de Marta -2013-). Y por último, el potente documental de Netflix nominado al Oscar Virunga, de Orlando von Einsiedel, que tras un recorrido de más de un año por festivales de todo el mundo, se proyecta fuera de concurso.

Censored Voices – ¿Vencedores o vencidos?

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La Guerra de los 6 días de 1967 enfrentó a Egipto, Jordania, Irak y Siria con Israel, siendo éste el vencedor, conquistando los territorios con los que se formó el estado que conocemos actualmente, siempre con el respaldo estadounidense. Sin duda, el mayor triunfo de todo ello fue la recuperación de Jerusalén Este, que pertenecía a Jordania desde 1948. Dentro de lo que debía ser un ambiente de celebración, unos días después de que finalizara el conflicto, el escritor Amos Oz grabó algunas declaraciones de los soldados que acaban de volver del mismo. Éstas fueron censuradas, por considerar que podían minar la moral del país. Censored voices muestra por primera vez de forma íntegra estas grabaciones, unidas a imágenes de archivo, que nos cuentan la experiencia interna de quienes vivieron la guerra de primera mano, y la transformación que sufrieron.

Si ya en su primera película, Israel Ltd, la directora Mor Loushy realizaba una crítica del país desde la actualidad, ahora lo hace desde el pasado, que es clave para entender su presente. Sigue por tanto la tendencia del cine israelí cada vez más desarrollada de analizar más los problemas internos que sus conflictos externos. Alejados de cualquier tipo de sentimiento, mucho menos nacionalista, los participantes de la guerra recuerdan con amargura cómo en estas situaciones se les da más importancia a la tierra y las piedras que a los seres humanos. En este sentido, la declaración más brutal de la película tiene lugar cuando uno de ellos compara la manera en la que expatriaron a los jordanos con el Holocausto.  

Israel es un país que distorsiona su realidad, y busca constantemente una paz a todas luces imposible, ya que se pretende conseguir por la fuerza. Parece querer ignorar que todo conflicto bélico tiene consecuencias, incluso para el ganador. Como afirma uno de los soldados, “la guerra no ha resuelto problemas, sino que los han complicado de forma irreversible”. Censored voices es una película imprescindible que nos revela que la victoria de un país puede dejar una sensación de profundo fracaso.

Desde que el mundo es mundo – La vida misma

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El director austriaco Günter Schwaiger, afincado desde hace 20 años en España, ya ha expuesto en bastantes trabajos su interés por retratar la cara menos exhibida de nuestro país. En este caso, se marcha a un pueblo de Burgos para hablarnos de Gonzalo, un agricultor, y de su familia. Resulta fascinante escuchar hablar a este hombre, que tiene su propia filosofía de cómo llevar la existencia con tranquilidad, facilidad y resignación, así como mucho trabajo (casi no le vemos hacer otra cosa), y una sabiduría propia de los años y de las circunstancias. Schwaiger se basta de determinados detalles y pinceladas para darse a entender, no hay necesidad de sobreexplicación. A excepción de algunos momentos en los que interviene preguntando algo, se dedica básicamente a observar, a dejar que las cosas pasen frente a la cámara, consiguiendo momentos autenticidad única.

Desde su visión de extranjero, se aprecia la curiosidad con respecto a las tradiciones y los quehaceres del mundo rural, y de también de sus habitantes, como esa fantástica mujer de 103 años, y también una nostalgia de la despoblación y el abandono que éstos están sufriendo. Además, se vale de toda esta base para introducir temas tan importantes como el de la Memoria Histórica (esos lugareños desenterrando huesos de las fosas comunes, que recuerda a las mujeres que buscan a sus muertos en el desierto de Atacama en Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán), la pederastia de los sacerdotes o la crisis económica. Pero todo ello expuesto con naturalidad, sin que parezca forzado. Realmente, en Desde que el mundo es mundo todo fluye y no ocurre nada excepcional; y es que tal vez esa sea (además de la informativa) la función esencial del documental, la de mostrar la vida tal cual es.

Virunga – El ciclo sin fin

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En el polo opuesto a la naturalidad de Desde que el mundo es mundo se encontraría Virunga, nombre del mayor parque natural del Congo, declarado Patrimonio de la Humanidad. Allí, los guardas forestales tienen que actuar como soldados para protegerlo de cazadores furtivos, el grupo rebelde M23 y de la compañía británica Soco, que quieren explotarlo para obtener el petróleo que se encuentra en esa zona. La película sigue el trabajo de algunas de estas personas, prestando especial atención a un cuidador de gorilas huérfanos, que nos regala los momentos más emotivos de cinta. Se podría pensar que con esa situación privilegiada, cuya belleza potencia la magnífica fotografía de Franklin Dow, y el encanto de los animales, Virunga ya lo tendría casi todo ganado. Sin embargo, el filme no se acomoda, y hacia la mitad del metraje, da un giro hacia un enérgico para convertirse en un thriller.

Tanto el director del parque, como el jefe de los guardabosques, y una reportera francesa, tendrán encuentros que grabarán con cámara ocultas con diversas personalidades de Soco, y con gente a los que la compañía ha sobornado. Estas imágenes son las más impresionantes, por tratarse de las más reales. Y es que Virunga tiene un componente manipulador muy importante, a través de un montaje propio de una película de ficción. Sin embargo, aún siendo consciente de ello (es imposible no serlo), el espectador se siente inevitablemente arrastrado por la tragedia de lo que se cuenta. El resultado es un filme emocionante, y también evidentemente efectista, pero que deja muy claro su mensaje: hay que luchar para que esta historia se sepa, y denunciar la situación para que se pueda conservar este espacio, cuya pérdida supondría una auténtica catástrofe natural.