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Llegada directamente del Festival de Málaga, se estrena Cómo sobrevivir a una despedida, comedia supuestamente heredera del tono incorrecto y dispuesto a desmontar los tópicos que le han aportado al género en los últimos años nombres estadounidenses como Judd Appatow o Seth Rogen. Además, sigue también la tendencia de potenciar el protagonismo femenino, con personajes mucho más atrevidos a lo que era habitual. Un buen ejemplo de ello era Despedida de soltera (2012), que, más allá de las relativas similitudes argumentales, comparte con la española la inmadurez patológica de los protagonistas. Sin embargo, la ópera prima de la directora Manuela Moreno poco tiene que ver con sus interesantes cortometrajes anteriores, más allá de aportar un aspecto visual muy moderno, y una cuidada selección musical que influye en ese espíritu actual.

La película empieza con un grupo de niños interpretando Wannabe de las Spice Girls. ¿Quién que pertenezca a la misma generación no lo hizo? Por desgracia, ahí acaba la capacidad de identificación: años después, los miembros de ese grupo convertidos ya en casi treintañeros en plena crisis actual, con trabajos precarios y el sexo como único pensamiento, son tan excéntricos y descerebrados que resulta imposible que el filme encuentre un público de su generación que pueda verse reflejado en ninguno de ellos. La vida estable de la más responsable, Gisela, está a punto de completarse con su boda. De ella, por supuesto, es la despedida de la que habla el título.

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Lo que hace que Cómo sobrevivir a una despedida no funcione es una historia que quiere seguir al pie de la letra las pautas de las comedias americanas a las que emula, pero se pierde constantemente en el camino. La referencia directa a Resacón en las Vegas (2009), o el tema de poner a prueba la amistad en momentos críticos como en La boda de mi mejor amiga (2011), no hacen otra cosa que evidenciar las lagunas de una película que va a la deriva, y que palidece ante cualquier comparación. Totalmente desproporcionada, baste como ejemplo de ello el hecho de que lo más significativo (entre comillas) de la trama ocurra cuando ha pasado más de medio metraje.

El reparto, eso sí, le aporta naturalidad a todo el disparatado conjunto. Natalia de Molina (que en la Sección Oficial de Málaga también protagoniza Techo y comida) y la televisiva Úrsula Corberó sacan su vena más desenfadada, pero finalmente quienes más sorprenden son los descubrimientos de Celia de Molina (hermana de Natalia) y María Hervás, ambas procedentes del teatro, y Brays Efe, que consigue llevar con agudeza todos los clichés del personaje gay. Junto a ellos, se suceden esperpénticas apariciones y cameos de todo tipo, llegando a su punto álgido en el momento coreográfico, que parece ya inevitable en cualquier comedia (y  que remite al mucho más divertido baile de los Backstreet Boys en Primos -2011-), con la presencia estelar de la exSpice Girl Emma Bunton. La coronación adecuada para la benévola conclusión, seguida de un epílogo digno de Disney Chanel.

Trendy Taste, Emma Bunton, Miki Nadal

Y es que Cómo sobrevivir a una despedida pretende ser, debajo de toda su parafernalia absurda, la historia de un trayecto de autodescubrimiento y madurez, tras el aprendizaje de todo lo vivido en el viaje literal. Pero su plano desarrollo narrativo y lo estereotipado de sus personajes, la impiden ahondar en cualquier tipo de reflexión. Sin embargo, no es esto lo que más cabría criticarle a un supuesto divertimento, sino un guion nada inspirado, que recurre al lugar común y al mal gusto constante para forzar una risa que nunca llega.

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Ficha técnica:

Título original: Cómo sobrevivir a una despedida Director: Manuela Moreno Guión: Susana López Rubio, Manuela Moreno, Núria Valls Fotografía: Bet Rourich Reparto: Natalia de Molina, Úrsula Corberó, José Lamuño, Celia de Molina, Roger Berruezo,María Hervás, Jim Arnold Distribuidora: DeAPlaneta Fecha de estreno: 24/04/2015