La historia de Jack Palance con los Oscar es, cuanto menos, curiosa. En el año 1992, el veterano actor consiguió uno de esos Oscar de reconocimiento con los que la Academia les gusta reconocer a los secundarios de siempre. Ganó por una película de medio pelo como era Cowboys de ciudad. Veinte años después esta película está completamente olvidada, si no la han visto, no se preocupen, tampoco se pierden nada, y su humor ha quedado bastante obsoleto. Bien es cierto que aquel año Palance no tenía demasiada competencia (aunque hubiera sido mucho más justo que Tommy Lee Jones ganase aquel premio por J.F.K.: Caso abierto que el que ganó un par de años después por El fugitivo). La situación parecía propicia para reconocer a Palance, y el premio fue para él.

Aquel discurso de Palance ya ha pasado para los anales de la historia, y no sólo por lo divertido que fue. Palance, que la última vez que fue nominado fue en 1953 por Raíces profundos, contó cómo el productor de su primera película le dijo que iba a ganar el Oscar, y que cuarenta años después debía darle la razón. Pero además, en un alarde de ¿locura? se puso a hacer flexiones con un solo brazo en medio del escenario, para levantar al público en carcajadas, mientras que una atónita Whoopi Goldberg le observaba desde la retaguardia. Pero la historia de Palance con los Oscar no terminaba ahí…

Llegamos a la gala de 1993. Como viene siendo habitual, el ganador del año anterior tiene que dar el premio a la Mejor actriz de reparto. Fue el primer premio de la noche, cosa que indicaba que la fiesta de Palance había empezado bien temprano, porque salió al escenario visiblemente ebrio. Llegó medio tambaleante, y entre una verborrea de chistes (alguno bastante gracioso), y continuas amenazas de repetir sus flexiones, anunció la ganadora… y con ello dio pie a uno de las más grandes leyendas de la historia de los Oscar.

Palance anunció que la ganadora era Marisa Tomei por Mi primo Vinnie, otra comedieta de tres al cuarto que levantó las suspicacias rápidamente. Justo antes de abrir el sobre, Palance había hecho una broma con la procedencia de las actrices (“Este es el primer año que ninguna de las nominadas es americana, tenemos cuatro actrices británicas y una de Brooklyn”, dijo en referencia a Tomei). Se cuenta que verdaderamente el nombre que había en el sobre era Vanessa Redgrave, que debía haber subido a recoger su segundo premio por Regreso a Howards End, pero que el estadio de embriaguez de Palance, no le dejó leer el nombre, y citó a Tomei porque era el nombre que tenía más fresco en la cabeza.

Por supuesto este rumor nunca se ha confirmado, la Academia no dijo nada de ello, quizá porque si fuera cierto, hubiera sido uno de los bochornos más fragrantes en su historia, y simplemente prefirió taparlo con ese Oscar que Marisa Tomei en realidad no había ganado.

Dos años, pero un momento inevitablemente unido por el nombre de Jack Palance, genio, figura y extravagancia… y pensar que todo tuvo su origen en una película como Cowboys de ciudad, por cierto, ¿qué fue de Daniel Stern?