Boyhood

  • Es una de las mejores películas de la historia. Sí, así, sin más. Ésa debe la primera carta de presentación de Boyhood (Momentos de una vida). Lo que ha hecho Richard Linklater es titánico, y es ya una obra cumbre de la historia del cine. Si miramos la última lista de Sight and sound, nos encontramos (y sólo hablando de películas norteamericanas) que ni Vértigo, ni Amanecer, ni Centauros del desierto o 2001: Una odisea del espacio llegaron a estar nominadas al Oscar. Y que tan solo Ciudadano Kane lo estuvo, pero no ganó. Basta ya de errores garrafales. Premiar a Boyhood es premiar a una de las mejores películas de la historia. Sólo por eso ya debería ganar.
  • Un hito histórico. Porque lo es. Vale, podemos aceptar que lo que ha hecho Boyhood no es en esencia algo puramente novedoso, porque la televisión lo ha hecho antes, también hemos visto documentales como la serie Up o cómo Truffaut hizo ir creciendo a Antoine Doinel a lo largo de una serie de películas. Pero jamás nadie había hecho lo que Linklater en una película. Rodarla en doce años y atrapar la esencia del crecimiento en apenas tres horas. Ahora es posible que le lluevan imitadores, pero en un futuro le recordaremos a él como el tipo que rompió las barreras del tiempo en el cine.
  • Es premiar a Europa, pero dejar el premio en casa. Sí, la tendencia de los premios en los últimos años ha sido alejarse de los americanos. De hecho, los últimos cineastas americanos en ganar el premio a Mejor director han sido Kathryn Bigelow y Los hermanos Coen. Con el premio a Richard Linklater se volvería a premiar a un cineasta americano, pero al mismo tiempo se estaría premiando al cineasta más europeo que ha salido de Estados Unidos en mucho tiempo. Y es que Linklater ha sido uno de los mayores innovadores de los últimos tiempos, ha jugado con el cine como ha querido, y desde luego que Boyhood es su obra magna, la cumbre de ese experimento completo que forma su filmografía. Pero hay que recordar que ya hizo algo como esto en otras ocasiones: con la trilogía Antes de… usó el tiempo como arma para ir explicando la visión del amor en una pareja, en A scanner darkly experimentó con técnicas como la rotoscopia y en Tape rodó tiempo real. Y encima, cuando ha tenido que irse a Hollywood ha entregado películas tan interesantes como Escuela de rock. La continua creatividad de este innovador merece ser reconocida.
  • Porque es la vida. Porque pocas películas son capaces de hablar de la vida como Boyhood. Es una película tan poco cinematográfica que apenas tiene grandes clímax dramáticos y, sin embargo, emociona continuamente porque es capaz de hacer que cualquier espectador se vea reflejado en sus personajes, y es que Linklater ha entendido a la perfección la sencillez de los conflictos humanos y ha rodado una película que crece a la vez que sus personajes, haciendo que éstos no sólo evolucionen, sino que confeccionen sus caracteres a raíz de cada una de las pequeñas situaciones que van formando la personalidad de los humanos.
  • Es un testimonio histórico de los primeros años del Siglo XXI. Y, sobre todo, de cómo era América. Dentro de 70-80 años, cuando alguien quiera entender cómo funcionaba la sociedad en los primeros años de este siglo, tendrá que echar obligatoriamente la vista atrás y ver Boyhood. Aquí se reflejan desde las cosas más mundanas como los cambios de la sociedad americana, marcados especialmente por la llegada de Obama o la evolución de la tecnología, hasta cosas tan relevantes como el comportamiento social, desde el funcionamiento de la familia en estos años, los objetivos de las personas y las formas de plantear las relaciones. Algo tan potente que a su mismo tiempo la conecta irremediablemente con otra de las grandes obras de la historia del cine: Avaricia.