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El actor francés afincado en Hollywood Louis Jourdan falleció el pasado sábado, a los 93 años, en su casa de Beverly Hills, según ha informado su amigo y biógrafo Olivier Minne.

Aunque quizá la película más popular de Jourdan sea una muestra tan tardía de su hacer como Octopussy (1983), una de las más famosas de la serie de James Bond de entre las protagonizadas por Roger Moore, en la que interpretó al villano Kamal Kahn, su época dorada en el cine tuvo lugar tres o cuatro décadas antes cuando, en el Hollywood de los años 40 y 50, le adjudicaron innumerables papeles de refinado galán europeo. Así, menos famosas para el gran público que Octopussy, pero más reconocidas por los cinéfilos, sus grandes películas serían, entre otras, El proceso Paradine, de Alfred Hitchcock, o la obra maestra de Max Ophüls, Carta de una desconocida. La primera de ellas supondría su debut en el cine americano, interpretando a un turbio sirviente, en una de las pocas ocasiones de esta etapa de su carrera en la que se le permitió mostrar un lado más oscuro de su personalidad. Antes de ella, once películas en Francia, realizadas entre 1939 y 1945, le habían permitido mostrar sus dotes como protagonista romántico.

Fueron probablemente su belleza y su elegante porte lo que le abrió las puertas del cine estadounidense, pero allí pudo demostrar que tenía talento y consiguió trabajar con varios de los más importantes directores del momento. Así, además de Hitchcock y Ophüls, llamaron a su teléfono Jacques Tourneur, Richard Fleischer, Jean Negulesco, Billy Wilder (para quien fue el narrador de sus aventuras afrancesadas, Ariane e Irma la Dulce) o Vincente Minnelli. Este último fue quien le dio sus mayores oportunidades de lucimiento, primero, en 1948, como uno de los amantes de la Madame Bovary interpretada por Jennifer Jones y, diez años después, como el protagonista masculino de Gigi, Gaston Lachaille, un papel para el que incluso tuvo que cantar, inmortalizando la canción que daba título a la película y consiguiendo su única nominación a un premio importante, como mejor actor de comedia o musical en los Globos de Oro de 1958. A pesar de que el filme arrasó en los Oscars de aquel año, Jourdan ni siquiera estuvo nominado, aunque su composición del personaje, cómicamente aburrido, siempre agudo e inteligente a pesar de sus cambios de humor y de parecer y de su hastío general, fue clave para el éxito de la obra.

Jourdan era el primer nombre que aparecía en la lista a finales de los años 40 y durante los 50 cuando había que contratar a alguien que pudiera interpretar tipos refinados europeos. Condes franceses, duques austriacos, príncipes o profesores de príncipes italianos, pianistas alemanes… Generalmente enamorando a americanas impresionables en historias de corte dulzonamente romántico. El encasillamiento al que su aspecto y acento le abocaron limitó mucho las películas que pudo hacer y, salvo las excepciones para algunos grandes maestros ya enumeradas, los títulos de esta época no son muy ilustres hoy día, pero si fueron enormemente populares entonces: El cisne, Creemos en el amor, Ave del paraíso, The Happy Time

Cuando su edad fue alejándole de estos papeles de galán, ya en los años 60, se refugió, como tantos otros, en la televisión, volviendo ocasionalmente al cine en películas de género como la citada Octopussy, o incluso una de terror de Wes Craven, La cosa del pantano, pero sus días de gloria quedaban atrás. En 2010, sin embargo, le fue concedida la Legión de Honor francesa.