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Inmersos en una época dorada en cuanto a televisión se refiere como vivimos desde el principio del siglo XXI, casi cualquier remake o secuela de series clásicas es bienvenido. Desde el fantástico remake/reboot de Battlestar Galactica en 2003 hasta la esperadísima continuación de Twin Peaks que hará su aparición en 2016, todo el género parece hallarse en un estado de gracia perpetuo. Incluso un remake de la aclamadísima y visionaria serie de divulgación científica de Carl Sagan no parecía una mala idea. Y se puede corroborar que no lo ha sido.

Desde que se emitiera la serie original en los años 80 ha cambiado el mundo de una forma vertiginosa y con él la técnica y la forma de narrar en el formato audiovisual. Carl Sagan es sustituido ahora por el narrador Neil deGrasse Tyson, pupilo de éste último y elección de casting inmejorable que, ayudado por las magias y maravillas de la tecnología digital, es inmejorable guía de lo que otro famoso divulgador, Brian Cox, calificaría como “wonders of the universo”.

El viaje a través del universo, o, mejor dicho, cosmos, es total. Desde la aparición de la vida en la Tierra y como ésta evolucionó hasta los próximos acontecimientos estelares y el futuro del ser humano en la Tierra y fuera de ella. La variedad de historias, datos y temáticas que se tocan es amplia, como ya lo fue en la serie original, pero insuficiente para un espectador que desearía que la serie durara 50 o 100 capítulos más.

Esto se debe a que el reboot o secuela (como deseen calificarlo) de Cosmos es no sólo respetuoso con su antecesor sino sorprendentemente apasionante, más aun teniendo en cuenta la época en la que se ha estrenado. En los años 80 el ser humano acababa de volver de la Luna y todo lo que se sabía (y se podía ver) desde el sillón de casa era escaso. Pero en 2013, inmersos en una era digital que permite ver videos de cualquier evento astronómico en cuestión de segundos y en la que el lanzamiento de un cohete tripulado es más rutina que noticia, el ver una animación de dos galaxias colisionando o escuchar historias sobre la grandeza de los antiguos científicos y pensadores que revolucionaron la ciencia, haga que se erice el vello no tiene precio. Y esta sensación tan grata es prácticamente constante los 13 capítulos de la serie. Todo un logro.

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Logro conseguido en parte por Neil deGrasse Tyson, que no cesará en toda la serie de referenciar a su mentor Carl Sagan, por el que guarda un evidente respeto y admiración, pero que sabe tomar su propio camino, hacer suyo el papel de narrador y evitando que echemos de menos a Sagan, quizá el mayor peligro que podía tener esta serie.

Se ha puesto gran mimo y dedicación a cada uno de los trece capítulos y se nota. Cosmos es el verdadero ejemplo que desde el respeto más absoluto es posible hacer un reboot espectacular de algo que cambió la historia de la televisión. Este respeto no es copiar las fórmulas de éxito de la serie precedente. Es saber evolucionar a los nuevos tiempos el lenguaje y la forma, saber narrar con un criterio acorde al siglo XXI y conseguir ese toque emocional que siempre parece ajeno a la ciencia. Por eso Cosmos es un logro capital pues ha conseguido que sintamos las mismas emociones en pleno siglo de la información que las que sintieron en los años 80 con aquel punto azul pálido.