MESSI - Camp Nou (6)

Tengo a Álex de la Iglesia no solo por uno de los directores más exitosos de la historia del cine español (las cifras son elocuentes) sino también por uno de los más interesantes y eficaces. Algunas de sus obras (La comunidad, Balada triste de trompeta, El día de la bestia) entran en el terreno de mis propias e intransferibles favoritas de siempre. Quizá sea suponer demasiado, pero a un director que ha sido capaz de pulsar en espectadores de muy variada condición emociones desenfrenadas se le anticipan algunas cosas en cada uno de sus nuevos proyectos, qué sé yo, que sea fiel a la universalidad de esas emociones, que tenga un afán de trascendencia en el mejor sentido de la palabra.

No tengo la menor duda de que Messi gustará mucho a los más recalcitrantes, fervientes fans del futbolista y del F.C. Barcelona. En el entendido de que a un cineasta universal le habría gustado llegar al menos a interesar también (o simplemente no molestar) a personas que no se adscriban a esa categoría, me voy a permitir señalar algunos puntos. Porque entiendo que Messi no gustará ni mucho ni poco a (por ejemplo) madridistas, amantes de la verdad y subconjunto resultante de ambos rangos, apartado este último donde me incluyo. Soy del Madrid a todas horas y amante de la verdad no necesariamente siempre, no por ejemplo cuando me siento ante una pantalla para disfrutar una obra de ficción, pero sí desde luego cuando me pongo delante de una pantalla para disfrutar de un documental, formato que debería consagrar en todo momento un afán de búsqueda de la verdad y un deseo de trasladarla al espectador. Ni ese deseo ni dicho afán parecen haber presidido nunca este proyecto. Lo cual quizá sea así por definición y no quede sino aceptar esa carencia sin reclamar lo contrario. Pero es bueno que se sepa.

Cuando uno tiene que glosar vida y milagros de una figura pública, suele encontrarse con el inconveniente de que tal vez no todo en dicha figura sea ejemplar. Puede que haya constancia de alguna mala acción o hábito nocivo en su historial, o al menos la sospecha de alguna conducta no irreprochable. Ante esto se pueden hacer muchas cosas, pero se resumen en dos. Uno, escudriñar en esas constancias y/o dudas con verdadero afán científico: lo que se dice porfiar en busca de la verdad a través de investigación y testimonios objetivos. Dos, ignorarlas por completo y hacer como si tales constancias y/o dudas no existieran. Existe sin embargo una tercera vía, que es el vericueto por el que opta transitar esta obra: como decantarse por la opción uno es inviable por la falta de apoyos que generaría, y optar por la dos no parece demasiado serio, haremos como que tratamos esos temas pero lo haremos de manera tangencial, superficial en extremo y dándole al espectador la respuesta más cómoda de la manera más rápida posible, no vaya a ser que le dé tiempo a pensar y reclame una porción de la verdad más suculenta y desacomplejada. Esta tercera vía podría denominarse “tomar al espectador por tonto”. Aunque las terceras vías suelen darse mucha importancia, e intentan constituirse en revolucionarias síntesis de tesis a priori irreconciliables, sucede que con frecuencia están ya muy vistas.

MESSI - Johan Cruyff

El momento más representativo de la opción que esa tercera vía representa es cuando escuchamos a uno de los personajes (uno de los varios periodistas que hablan con –seguramente- justificado arrobo del jugador argentino) utilizar el complemento circunstancial “cuando TUVO ese problema con Hacienda”. No es una frase, insisto: es un complemento circunstancial dentro de una frase, complemento que hace uso de un tiempo verbal (pretérito indefinido) a todas luces peleado con la tenaz realidad mostrada día tras día por portadas de periódicos cuya actualidad no ha prescrito, que se sepa. Un complemento circunstancial, y de estas características, es toda la referencia que el documental nos ofrece sobre este asunto, que seguramente no interesa a nadie, pues de otro modo no se nos escamotearía una mayor indagación sobre este particular.

También vemos (porque lo vemos, sí, para que no se pueda decir que no lo vimos) a Messi sacudiendo un balonazo a todas luces voluntario a un espectador del Santiago Bernabéu en el transcurso de un Clásico. Lo vemos durante dos segundos, aproximadamente, mientras una voz en off (la perteneciente a otro de los halagadores que participan) lo excusa con el argumento según el cual Messi es humano y los humanos cometen errores. Exacto. Los humanos cometen errores y en ocasiones, incluso, se disculpan por ellos. Sobre la completa ausencia de disculpas ante esa acción no escuchamos en cambio testimonio alguno. Se nos priva asimismo del delicioso plano inmediatamente posterior a dicho balonazo, gracias cual medio planeta vio al astro sonreír con una mueca de encantadora travesura.

Hay en el documental (sirva esta perla como último ejemplo de esta tercera vía) una legítima insistencia en el tema tratamiento con hormonas del crecimiento que marcó la niñez del crack. Vemos al doctor responsable de dicho tratamiento interpretándose a sí mismo en las muy correctas y hasta emocionantes secuencias que recrean la infancia de Messi, y luego le escuchamos sentado a la mesa loando también a su antiguo paciente, convertido él también en comensal del mismo restaurante donde todos los invitados vierten tantos elogios al astro como vino en sus copas. Todo muy bien hasta que le oímos, algo azorado, apresurarse a aclarar que nada tiene que ver dicho tratamiento con la excelencia futbolística del hombre que nos ocupa. No tengo por qué dudar de la veracidad de esa afirmación, pero soltarla así, tan a la ligera, sin demorarse ni por un segundo más en rebatir las (probablemente) viles insinuaciones que suelen intentar desprestigiar a Leo, nos hace recordar aquel dicho de nuestras abuelas sobre el remedio y la enfermedad. Oiga, mire, para decir eso, y tocar tan tangencialmente, con tan inexistente afán científico, uno de los temas menos claros en la biografía del argentino, casi mejor que no diga usted nada. Aquí sí que no caben más vías, me temo, que la uno o la dos, sin más alternativas ni paños calientes. O quiere usted poner a nuestra disposición todos los elementos para que juzguemos por nosotros mismos, o quiere usted negárnoslos del todo, pero estas medias tintas no convencen a nadie.

MESSI - Newell's (4)

Por lo demás, la originalidad del formato elegido (un restaurante donde todos los contribuyentes a esta hagiografía simulan coincidir) ve disminuida su capacidad de fascinación transcurrida una hora de proyección, y llega a cansar. Es un buen producto de propaganda hasta que manifiesta agotamiento en sus premisas al transcurrir dos tercios de su metraje. Segurola nos convence de lo bien que se le da perorar sobre fútbol ante abundante comida y bebida a medida que el producto, paradójicamente, va dejando de ser convincente.

Hay que señalar lo que antes apuntábamos: la parte relativa a la infancia es intachable desde un punto de vista técnico, y se deja ver en ella la mano de un director experto y brillante como el que nos ocupa. De la Iglesia mezcla con enorme destreza imágenes de archivo con planos propios. Los dos niños que encarnan a Messi en diferentes edades resultan muy convincentes, tanto por el innegable parecido físico como por su buen desempeño como actores. Aspectos estrictamente técnicos, como estos que comentamos, salvan el producto de la quema.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: Messi Director: Álex de la Iglesia Guión: Jorge Valdano Música: Joan Valent Fotografía: Kiko de la Rica Reparto: Documental Distribuidora: Avalon Fecha de estreno: 01/01/2015