Una de las películas que más interés ha suscitado de la Sección Oficial del Festival Cine-On ha sido Catfish. El éxito de esta producción tuvo como resultado el estreno del programa Catfish: Mentiras en la red, el reality de MTV que tantos fans ha cosechado durante estos últimos años. Es muy probable que la mayor parte de los espectadores hayan conocido antes el show televisivo que la película que lo inspiró, para ellos el grado de sorpresa será muchísimo menor, pero para todos los demás, para aquellos que no tienen ni idea de cuál es la base del programa, cómo se desarrolla o qué intenta transmitir, aunque sabrán hacia donde se dirige la película según avanza, Catfish les sorprenderá muy gratamente en todos los sentidos. Los programadores del Festival Cine-On pensaron en ello, y dada la notoriedad que ha alcanzado el programa de televisión en nuestro país, su elección como película en la SO es, sin duda, uno de los mayores aciertos de la edición (aunque la película se puede adquirir en DVD desde el 10 de abril).

Catfish fue la ópera prima de Henry Joost y Ariel Schulman, y desde su estreno en 2010 no se han despegado del (falso) documental, habiendo dirigido en los últimos años la tercera y cuarta secuela de Paranormal Activity. Ariel es el hermano del protagonista de Catfish, Yaniv Schulman, quien además de fotógrafo, a raíz del estreno de este documental, se ha convertido en el anfitrión y productor ejecutivo de la serie de MTV. La curiosidad será el principal motivo por el cual los espectadores que ya conocen el programa verán el largometraje, y también lo será para aquellos que tengan un conocimiento ínfimo de todo lo relativo a este show, ya que querrán saber cuál es el motivo de su fama. Este interés por saber qué ocurrirá (además del montaje y el magnífico desarrollo de la historia) será lo que hará que el visionado de Catfish se convierta en algo realmente ameno e interesante. Como considero que se trata de una gran película pero no un gran documental analizaré la cinta desde el punto de vista cinematográfico.

Nev, un fotógrafo de 24 años que reside en Nueva York, es contactado un día por Abby, una niña de 8 años que vive en el Michigan rural, que le pide permiso, a través de MySpace, para pintar una de sus fotografías. Cuando Nev recibe el cuadro de la niña, que resulta ser fantástico, éste empieza una amistad con la familia de Abby. Con el tiempo, esta amistad se convierte en algo más cuando Nev desarrolla un romance con Megan, la hermana mayor de la niña. Impulsado por algunas revelaciones sorprendentes acerca de Megan, Nev y sus amigos se embarcan en un viaje por carretera en busca de la verdad.

La historia de Catfish está tan bien estructurada que es realmente difícil no entrar en ella. Bien es cierto que para muchos esta esquematización tan perfecta resultará sospechosa, y por ello será relativamente fácil cuestionarse la veracidad de la historia, pero lo que no se puede negar es que Catfish es una buena película ya que, en conjunto, es tan redonda que su consumo se convierte en una delicia. Desde el primer minuto caminamos, chateamos y sentimos lo mismo que Nev (Yaniv Schulman), conocemos (o creemos conocer) a las personas tal y como lo hace él, nos dejamos llevar por sus conversaciones, por su inocencia, y, como él, no cuestionamos nada. Permanecemos inmersos en el universo de Catfish. El filme te maneja de la misma manera en que son manejados sus protagonistas. A medida que avanza, el largometraje deja caer una reflexión inevitable: ¿cuál es el límite de confianza en la Red? ¿Cuánto y de qué modo se debe sincerar el usuario? ¿Realmente somos tan fáciles de manipular? Cada uno encontrará su propia respuesta después de ver el largometraje.

A pesar de todo, la parte final de Catfish es la que más dará que hablar al espectador. Angela, la madre de Abby, quien refleja fragmentos de su vida, de su personalidad y de sus sueños perdidos en sus (cuestionables) actividades en las redes sociales, es la piedra angular de la cinta, en torno a ella se crea el debate más interesante que deja caer el filme de Joost y Schulman, la eterna discusión sobre lo que está bien y lo que no: ¿hasta qué punto está mal que alguien con una vida tan difícil se refugie en la infinidad de posibilidades que ofrece Internet y los perfiles sociales? Está claro que las consecuencias pueden ser desastrosas, pero como dice el padre de Abby, Vincent, en la cinta: “es bueno que alguien te mantenga alerta en la vida”.

En conclusión, el tratamiento de la historia es el mayor acierto de este filme, y si hubiera que destacar algo más sería la interpretación (llamemoslo así) de Yaniv. Un relato poco fiable pero tremendamente emocionante y sincero, simple pero atrayante. Consigue crear suspense de situaciones cotidianas. Catfish es un escaparate sobre las emociones y relaciones humanas y la manera en que éstas pueden salir a la luz. Sin duda, no dejará impasible a nadie…

Lo mejor: Consigue atrapar al espectador al instante. Está perfectamente narrada.

Lo peor: Como documental deja mucho que desear.