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El principio del siglo XXI trajo consigo la aparición de la que es quizá la radiografía más certera de la pobreza de las favelas brasileñas que se ha rodado nunca, Ciudad de Dios. A partir de entonces hubo una explosión de películas de similar temática que ansiaban repetir su notable triunfo retratando de mil formas la difícil vida en las favelas. Años después, en 2008, Danny Boyle estrenó con inmenso éxito Slumdog Millionaire que narra historia de un chico indio habitante de un barrio muy desfavorecido que gana el concurso “Quien quiere ser millonario”. Este éxito vino de mano de un tipo de historia muy fácil para el público pues conecta de una forma muy directa con los sentimientos y la empatía de un espectador que evidentemente nunca tendrá que sufrir la pobreza.

La zona de convergencia de estos dos filmes es donde podríamos ubicar a Trash, con la ambientación de Ciudad de Dios y un desarrollo muy similar a Slumdog Millionaire. Pero todas las similitudes acaban aquí pues donde Ciudad de Dios es cruel, dura e inmisericorde con el espectador, Trash es benévola y bienintencionada mostrando la cara amable, si es que la hay, de las favelas brasileñas. Y donde Slumdog Millionaire conquista al espectador con una historia terriblemente imaginativa y audaz, Trash es previsible, entretenida pero nada arriesgada en prácticamente ningún aspecto.

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La historia que se esconde en la película es la de tres chavales habitantes de una favela que se dedican a rebuscar entre la basura y un buen día el descubrimiento de la cartera de un político provocará una serie de obvias y fatales situaciones. Todo es obvio en Trash: Los malos por ser muy malos, los buenos por ser muy buenos, la historia porque sabes a donde va desde el minuto uno pero aún y todo la primera parte de la película consigue el objetivo de introducirte dentro de la epopeya de estos tres chavales.

Esto se consigue debido al tratamiento de thriller que tiene toda la película y que crea gran interés en el espectador por ver qué ocurre de modo similar a como ya hizo en su día Slumdog Millionaire. El problema es que el hecho de saber por dónde van los tiros cada instante le resta a todo el conjunto el interés que podría tener una historia más arriesgada, no sólo en el aspecto narrativo sino ya en multitud de otros aspectos.

Trash no se quiere perder espectadores y es por eso que, además de narrativamente, no arriesgue un ápice en dureza, deambulando por la fina línea que separan a las buenas intenciones del mal gusto con el que a veces está tratado un tema que no debería mirarse con una lupa tan optimista. Se convierte en una película para todos los públicos a cambio de decepcionar en no intentar llegar a algo más importante y lo que es peor, a cambio de tocar el tema de la pobreza de forma chapucera.

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Un montaje caótico salpicado de canciones de rap brasileño dotan (a ratos) de un ritmo que de nuevo vuelve a ser algo incoherente con la historia que se está contando o al menos con su contexto (aunque no con el tono de la película, colorido y desenfadado). El buen hacer en la dirección de Stephen Daldry se deja ver en múltiples situaciones y aspectos, incluida una cuidada fotografía con algún plano muy bello.

Quizá se necesitaba algo más de mala leche, de verdadera crítica o incluso menos afán recaudatorio pero al menos Trash se confirma como una película que cumple los requisitos de “para todos los públicos” y entretiene, que no es poco.

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Ficha técnica:

Título Original: Trash Director: Stephen Daldry Guión: Richard Curtis Música: Antonio Pinto Fotografía: Adriano Goldman Reparto: Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein, Rooney Mara, Martin Sheen, Wagner Moura, Selton Mello, André Ramiro Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 28/11/2014