Tan fuerte, tan cerca es tan horrible, tan falsa, tan mentirosa, tan excesiva, tan idiota, tan histriónica, tan superficial, tan mentirosa, tan manipuladora, tan repetitiva, tan inverosímil, tan repulsiva, tan artificiosa, tan estomagante, tan cansina, tan manida, tan prepotente en definitiva, es tan estúpida que no hay por dónde cogerla. Stephen Daldry, es ese tipo… ¿Quién narices es Stephen Daldry? Pues Stephen Daldry es un tipo que tiene ya tres nominaciones al Oscar con sólo cuatro películas, más que las que tienen otros colegas más o menos contemporáneos como Quentin Tarantino, David Fincher, Gus Van Sant o Darren Aronofsky.

Lo cierto es que el tal Daldry empezó muy bien en esto del cine, Billy Elliot era una película fantástica, rompía por completo los estándares del musical para volcarse en el cine social de tanta tradición inglesa encabezado por nombres como Loach, el problema llegó cuando empezó a recibir alabanzas y premios por la película, esto debió de sentarle muy bien porque a partir de ese momento comenzó a hacer productos claramente premiables. Con Las Horas la jugada le salió más o menos bien, ya era una película bastante artificiosa, pero juntando a Meryl Streep, Julianne Moore y la nariz de Nicole Kidman luciéndose de lo lindo es imposible hacer una mala película aunque tampoco pasaba de ser correcta. Con The Reader lo volvió a intentar, a muchos se la coló, pero ya aquella me pareció una de las películas más tramposas y superficiales de aquel año, trataba de manipularte tanto que era imposible emocionarse, ni una Winslet radiante, que por fin consiguió su Oscar conseguía levantar mi interés ante tanto desasosiego.

Ahora este señor ingles ha ido un paso más allá, ha hecho, lo que podríamos llamar una solicitud para ganar el Oscar, de esas que van hasta con panfleto de instrucciones, realizadas con el cometido único y exclusivo de arrasar en los Oscar, conmover el corazoncito de esos señores de tan avanzada edad (tal y como revelaba ese reciente artículo de Los Angeles Times) que luego la votarán. El asunto no le ha acabado de salir del todo bien, se ha quedado sin su cuarta nominación al Oscar como mejor director, aunque sorprendentemente si se ha colado entre las nominadas a mejor película, una nominación que no podía ser más ridícula. Daldry se enfrasca del todo en una aventura americana, no importa que sea inglés de toda la vida, el se va a América a mostrar la Nueva York post 11-S, a mostrar como afecto aquello y como cambió a sus ciudadanos.

Si pensamos en una película que muestre a la perfección ese Nueva York post World Trade Center, la primera película que se nos viene a la cabeza es La última noche, allí un neoyorquino de pura cepa como Spike Lee mostraba todo el dolor y el odio generado tras esos ataques, nos ponía la piel de la gallina con el terrible monólogo de Edward Norton frente al espejo y desde luego que era capaz de trasmitirnos toda esa rabia que en ese momento había en la ciudad neoyorquina. Daldry no puede saber lo que había allí, porque simplemente ha llegado de paso, por eso sus personajes me resultan tan inverosímiles, no me creo su pena por mucho que se esfuercen en llorar, ni su dolor aunque quieran aparentar que están tan tristes, aquí no hay nada real, aquí no hay nada que un neoyorquino, un londinense o un malagueño se pueda creer. Es más e me olvidaría incluso que es una película que trata sobre las consecuencias en Nueva York tras el once de septiembre de no ser por la imperiosa necesidad que tiene el director de volver a los ataques a las torres gemelas de forma constante, una y otra vez haciendo hincapié en lo mismo, recordándole al espectador lo brutal de los ataques, recordándole al espectador que al pobre niño se le fue su padre, mostrándolo de todas las formas posibles, a través de unos insufribles mensajes en el buzón, la repetición constante de flashbacks y llamadas de teléfono, hasta con un ridículo cuento infantil y casi hasta mostrándonos directamente al buen hombre saltando por la ventana, una y otra vez, volviendo a lo mismo, de forma incesante, para que el espectador lo recuerde, para que no se le olvide. El problema es que para mostrar las consecuencias que deja la huella no hay que volver continuamente hacia esa pisada, porque la reiteración se hace cansina y el propósito de mostrar la consecuencia se queda eclipsado por la acción, pero es que encima si vuelves a ello, no lo hagas continuamente con el único propósito no de darle información al espectador, si no de que éste no pueda contener la lágrima y acabe llorando desconsoladamente.

Para acabar de redondear, de Daldry, ese mismo hombre que nos descubrió al genial Jamie Bell convertido ahora en un tipo de lo más simpático, si podíamos esperar que al menos hubiese tenido buen ojo a la hora de encontrar un chaval para protagonizar la película, pero Thomas Horn es desde el mismo momento que se estreno la película merecedor de un puesto alto entre los chavales más repelentes de la historia del cine. Histriónico, exagerado, hiperactivo, gritón, totalmente repulsivo, llega a cuotas que un ser humano no puede soportar, dan ganas de cogerle la pandereta y (con perdón) metérsela por el mismísimo culo, sólo para ver de ese modo si el chaval se consigue callar un rato. ¿No se veía en el rodaje lo insoportable que era el crío? No es algo de lo que cueste demasiado darse cuenta, la paciencia humana tiene un límite y soportarle durante dos horas es algo que simplemente no hay persona que lo aguante, y por mucho que quede bonita la historia del niño que ganó un concurso de la tele, es demasiado para cualquier cuerpo humano. Es cierto que una parte del sector adulto está más que correcta en especial un Max Von Sydow que se lleva el personaje más interesante de la película, aunque quede totalmente desaprovechado y una Sandra Bullock haciendo de una madre coraje, que pobrecita lo que le ha tocado como hijo. Pero ni siquiera por aquí se salvan un Tom Hanks en un minipapel haciendo del padre de la criatura, del que vemos de dónde ha sacado todos sus malos hábitos, ni una Viola Davis a la que ya empezamos a conocer como Viola la llorona, en serio, que pesadez de mujer.

Tan fuerte, tan cerca es una película horrible, de esas que tienen un tufo academicista tan descarado que acaba de salirles el tiro por la culata, Daldry no es buen director, podría serlo cuando rodó Billy Elliot, pero se ha pasado directamente al folleto, a ser uno de esos encargados que en los años del star-system hacían películas por encargo para el lucimiento de los actores y acabar brillando en los periódicos, un tío que se ha obsesionado tanto por el hecho de hacer cine para ganar premios que se ha olvidado por completo del espectador e incluso de él, lo ridícula que resulta Tan fuerte, tan cerca es sólo algo que viendo la decadente trayectoria del realizador inglés nos podíamos acabar esperando, lo peor de todo es que ahí la tenemos, nominada a dos Oscar, entre ellos el de mejor película, lo mismo Daldry sigue creyendo que este el camino, pero con sus tres nominaciones no deja de conducir directo hacia el olvido.

Título Original: Extremely Loud & Incredibly Close Director: Stephen Daldry Guión: Eric Roth Música: Alexandre Desplat Fotografía: Chris Menges Montaje: Claire Simpson Interpretes: Thomas Horn, Tom Hanks, Sandra Bullock, John Goodman, Max Von Sydow, Viola Davis, Jeffrey Wright Distribuidora: Warner Fecha de Estreno: 17/03/2012