Se denomina doppelgänger al doble de una persona viva y en cierta forma es lo que Otra Tierra, la segunda película del realizador de Mike Cahill, parece querer tratar pero todo es simple pose, no es más que un simple vestido para vendernos lo que realmente es Otra Tierra, una historia que ya hemos visto mil veces, mal contada y más digna de programarse en la sobremesa de Antena 3 que en un pantalla de cine.

Es curioso que coincidan en el tiempo Melancolía y Otra Tierra dos cintas que guardan muchas similitudes, entre ellas la creación de un nuevo planeta que se me muestra presente en todo momento y a raíz del cual se cuenta una historia. Incluso ambas tienen escenas que guardan bastante relación como una en la que Von Trier nos muestra a Dunst desnuda entregándose completamente al nuevo planeta, mientras que aquí la protagonista se desnuda en su presencia castigándose en su presencia. Pero hay acaban las coincidencias, porque si el realizador danés nos mostraba una película bien desarrollada, con personajes interesantes, aquí Cahill desarrolla una idea tonta y tópica, con dos personajes sin nada de fondo y que acaba resultando bastante aburrida.

La cinta arranca en una fiesta tras la cual una joven borracha tiene un accidente de coche matando a una madre (convenientemente embarazada) y un hijo y dejando a su padre en coma, destrozando de esta forma a una familia en la que el director en una patética escena ya se ha encargado de dejarnos claro los felices que son todos. El mismo día que ocurre esto en la tierra se ha descubierto un nuevo planeta, algo que también tiene mucha importancia puesto que esta joven es una enamorada de la astronomía. Cuatro años después de salir de la cárcel decide ir a disculparse con ese padre ya despierto del coma pero en lugar de eso terminará limpiándole la casa sin decirle de quién se trata.

El problema principal de la película es que Cahill se empeña en ahondar en la relación de estos dos personajes incesantemente, tanto busca ahondar en esta relación que hasta se olvida de unir los cables en todo lo demás que rodea a los personajes, dejándola bastante coja por todos los lados, y haciendo así que escenas como la que sucede en el hospital llegue a resultar bastante ridícula por no haber sabido crear un vínculo emocional lo suficientemente fuerte. Por si fuera poco, la relación entre sus protagonistas tampoco acaba de funcionar, porque no deja de ser excesivamente tópica y predecible, y lo que es peor, porque sus personajes resultan terriblemente repelentes.

¿Y la otra tierra? Pues la otra tierra mientras sigue ahí, somos conscientes de su presencia en todo momento, y aunque Cahill parece no olvidarse de ella en ningún momento, si es cierto que en ocasiones parece no saber cómo usarla, no sabemos si bien por las limitaciones que le impone el estar trabajando en un proyecto de tan poco presupuesto, o directamente por no querer o saber tratarlo. Y aunque suelta un par de teorías bastante buenas, a partir de las cuales se podrían haber construido historias mucho más satisfactorias, éstas solo sirven para crear un final increíblemente ñoño. El cual se ve seguido en un ataque de locura o genialidad, por una fantástica imagen final, pero que por el tono general del filme se convierte en innecesaria.

¿De dónde vienen los problemas para desarrollar Otra Tierra? Quizá sea todo culpa de querer hacer una cinta extremadamente independiente basada en los relatos de dos personajes patéticos o la necesidad de completar una idea increíblemente buena sin ninguna brillantez o simplemente a lo mejor es que el director no se quería dar cuenta de que el potencial de la película estaba en otro lado y el planeta era más que una simple excusa para mostrarnos planos bonitos. Sea como sea, Otra Tierra no acaba de funcionar y además nos deja una sensación amarga en el cuerpo ante el mal desarrollo de lo que hemos visto.

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