Guy Ritchie es un director de absolutos contrastes. Marcados por un gran virtuosismo en el montaje y un perfecto caos narrativo que mostró al mundo con su ópera prima Lock & Stock, continuó haciéndose eco en la maravillosa Snatch, en la decente Rock´n´Rolla y no tanto en el resto de sus películas. Quizá el mayor error de su carrera ha sido ponerse tras las cámaras de El rey Arturo. Una película absolutamente incomprensible partiendo de la base de quién la dirige.

La leyenda acerca del ficticio Rey Arturo es una poderosísima historia del folklore anglosajón, conocida en todo el mundo y que ha sido llevada en varias ocasiones a la gran pantalla. Y quizá el mismo carisma de la leyenda es el que ha echado por tierra Ritchie dirigiendo la que, junto con Barridos por la marea, es el mayor despropósito de su carrera cinematográfica. A través de uno de los guiones más infantiles y superficiales que ha dado el mundo del cine recientemente, nos trasladamos a Londonium, la principal ciudad de un reino sometido por el malo malísimo rey Vortimer, que tiene esclavizado a los habitantes de Inglaterra gracias a los poderes mágicos que ha ido obteniendo con el paso de los años.

La historia que se nos presenta es el mayor de los clichés en el cine comercial de héroes anónimos que aspiran a ser alguien. Hablamos del clásico personaje encerrado en sí mismo, con una historia oscura y llena de traumas emocionales a lo largo de su vida que harían las delicias de cualquier psicoanalista. Un hombre que apenas habla de su vida y que únicamente sus mejores amigos conocen mínimamente, con la imperiosa necesidad de descubrir sus límites y encontrar respuestas para comprender su pasado.  Y ésta es la principal baza sobre la que Ritchie quiere jugar en los 120 minutos que dura la película. Abusando del flashback como pocas veces se ha visto y desarrollando los personajes como si tuviesen cinco años y fuesen a la guardería.

A todo ello hay que sumarle un conjunto de secuencias en las que pasamos de cine dramático a cine fantástico sin apenas darnos cuenta. Importa lo mismo que aparezca el mayor de los monstruos que las razones que han llevado a Arturo a ser tan introspectivo en su día a día. Por ello, con mucha probabilidad, lo único que podríamos destacar de la que es, con muchas papeletas, una de las peores películas del año, es su banda sonora. Como ya hizo en Steve Jobs, Daniel Pemberton se adapta a lo que le echan y consigue crear una partitura que de vida y emoción incluso a secuencias de parvulario. Ojalá podamos escuchar a este compositor en una gran obra, pues podremos esperar grandes cosas viendo su trabajo en este disparate veraniego.

En lo que llevamos de año, el cine de acción y entretenimiento ha dado, por poner un simple ejemplo, películas maravillosas como Baby Driver. Hechas para el auténtico disfrute visual y pasar un rato de puro entretenimiento. En cambio, con esta cinta, no llegamos ni a la mitad de ello. La principal pregunta que se harán la mayoría de espectadores que conociesen de antemano el cine de Guy es, ¿Qué le ha ocurrido al creador de Snatch y Lock & Stock para hacer algo así? Ojalá que haya sido únicamente un bache en su carrera y vuelva el cineasta de antes. Y es que Rey Arturo marcará un punto de inflexión en el su cine: o bien volverá a sus orígenes o el Hollywood palomitero y superficial le habrá cogido en sus garras. Y qué triste sería eso. Porque, cuando acaba la película, da la sensación de que ni ha querido ni ha podido hacer algo mejor.

Título original: King Arthur: Legend of the Sword Director: Guy Ritchie Guión: Joby Harold, Guy Ritchie, Lionel Wigram Música: Daniel Pemberton Fotografía: John Mathieson Reparto:  Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsou, Eric Bana, Aidan Gillen, Freddie Fox, Craig McGinlay, Tom Wu, Kingsley Ben-Adir, Neil Maskell, Annabelle Wallis Distribuidora: Warner Bros. Pictures Fecha de estreno:  11/08/2017