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Nadie ve las películas de Nacho Vigalondo, resulta curioso cuando el tipo se ha convertido en todo un referente entre la cultura más freak de España. Vigalondo, que estuvo nominado al Oscar por el excelente corto 7:35 de la mañana que demostraba un sentido del humor prácticamente chanante, con los que ha estado ligado durante toda su carrera, se encontró mil problemas para estrenar su primera película. Los cronocrímenes se estrenó en muchos mercados antes que en el español, fue un éxito allá donde lo hizo, convirtiéndose rápidamente en una película de culto, pero a España llegó tarde y de tapadillo. Más sonoro fue aún el fracaso de Extraterrestre, una peculiar comedia romántica de extraterrestres, dónde no había extraterrestres más allá del título y en la que se satirizaba con la granhermanización de la sociedad. La película llegó además después de poner aún más a Vigalondo en el mapa por la censura del director en El país por poner un chiste nazi en su cuenta de twitter, pero ni siquiera eso le sirvió. El propio director se lamentaba diciendo que si cada uno de sus followers en dicha red social hubiera pagado la entrada para ir a verla, habría sido un rotundo éxito.

Su tercera película, la primera rodada en inglés, es también la más distinta de su filmografía hasta el momento la más valiente, todo un ejercicio de estilo, pero también la menos pulida. Nick es un chaval que acaba de ganar un concurso para conocer a su estrella de cine favorita, ha volado hasta Austin para conocerla ya que cenará con ella. Mientras que está esperando en el hotel, viendo la presentación de su nueva película por streaming, alguien entrará en su ordenador dándole acceso al teléfono de la actriz. Este juego de espionaje pronto se convertirá en una terrible cacería donde esa persona tras la pantalla enfrentará y torturará tanto a la estrella como a su seguidor.

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Sin lugar a dudas, lo que más llama la atención de Open Windows es el magnífico ejercicio de estilo que es. Toda la película es un gran plano secuencia (hay apenas un par de cambios de plano). Pero no es un plano secuencia cualquiera, si no que éste se refleja en la pantalla de un ordenador que va cambiando de una ventana a otra moviéndose por el escritorio. Lo que hace Vigalondo es dar una vuelta de tuerca al found footage para crear una película en la que por fin, todas las cámaras tienen un comportamiento completamente lógico en una historia que es un puzle que se va resolviendo poco a poco a tiempo real. La larga post-producción de la película se justifica por si sólo en este montaje que es todo un completo alarde de originalidad e inventiva, un trabajo de auténtica destreza que justifica por sí mismo la existencia de la película.

Pero existe una seria traba en la construcción de la película y es su pobre guión. Es algo que sorprende porque precisamente los anteriores trabajos de Vigalondo eran películas que se sostenían sobre todo en guiones sencillos pero bastante pulidos, aquí, por el contrario, todo parece desarrollado rápidamente sobre la marcha, sin hacer caso a los múltiples agujeros y decisiones ilógicas que este presenta. Vigalondo parece forzado a querer sorprender al espectador con multitud de giros de guión, Open Windows es una película que termina ocho veces haciendo que cada final pierda más el sentido con lo que viene a continuación. Es cierto que en su primera mitad funciona bastante mejor, hasta que el personaje de Elijah Wood (que últimamente da la sensación de hacer el mismo personaje) sale del hotel. Pero una vez lo hace todo parece forzado, inconcluso, dejando en el aire todo, presentando a un villano sin causa ni razón y hasta una policía que desaparece con la misma facilidad que introduces un truco en Grand Theft Auto.

Y todo se justifica en la manera en la que está rodada, porque rodada de una manera tradicional Open Windows sería un completo bodrio, pero todo tiene un motivo muy claro. Las intenciones de Open Windows son evidentes, el realizador plantea la película como un gran episodio de Black mirror en el que habla de los peligros de las nuevas tecnologías y la relación de estos con la obsesión del ser humano hacia la fama. Pero al igual que ocurre con todo en su hueco y tonto guión, esto está mostrado de manera completamente torpe, inconclusa. Un verdadera galimatías donde parece más que el espectador debe intuir el mensaje que Vigalondo quiere mandarle que éste mostrarlo.

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¿Puede un ejercicio de estilo justificar al completo una película? Pues la verdad es que pese a todos sus fallos, que no son pocos, es bastante complicado no disfrutar con una película como Open Windows que te atrapa de sobremanera en el escritorio de un ordenador trasladado a una pantalla gigante, sin que realmente importe demasiado que lo que te estén contando carezca de ningún sentido. Porque al menos, y eso sí, se plantea de manera bastante entretenida. Poco más tiene una película de la que esperábamos bastante más, porque aunque nadie vea el cine de Nacho Vigalondo, éste no deja de ser siempre interesante, y Open Windows también lo es, aunque sea una película que se quede lejos de ser tan redonda como podría haber sido.

Ficha técnica:

Título original: Open Windows Director: Nacho Vigalondo Guión: Nacho Vigalondo Música: Jorge Magaz Fotografía: Jon D. Domínguez Reparto: Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero, Ivan Gonzalez, Jaime Olias, Rachel Arieff, Jake Klamburg Distribuidora: eOne Spain Fecha de estreno: 04/07/2014