Parece increíble que a estas alturas estemos hablando tan sólo de la segunda película de Nacho Vigalondo, teniendo en cuenta el eco y el autobombo con el que siempre ha sabido venderse, desde su faceta de cortometrajista o miembro (a las sombras) del grupo Chanante, a la de blogger o twittero polémico o con ser simplemente el tío cachondo ése de “Me huele el pito a canela”. En este tiempo Nacho Vigalondo ha conseguido una auténtica legión de seguidores, convirtiéndose en todo un icono de la comunidad fandom española y generando expectación con cada nuevo trabajo que prepara, aunque pese a todo esto continúe teniendo problemas a la hora de conseguir estrenar sus trabajos en la gran pantalla. Con Extraterrestre cambia radicalmente de registro y se aleja de lo que hizo en Los Cronocrímenes, para realizar una película mucho menos compleja (no por ello inferior), que se vuelve a enmarcar en el cuadro de la ciencia-ficción, pero en esta ocasión usando una invasión alienígena como un simple macguffin a través del cual construir su historia, algo similar a lo que hiciera en su corto Domingo con el comparte algún punto en común. De nuevo el guión vuelve a ser el elemento más trabajado de Vigalondo, dejando aquí el complejo y retorcido de su primera obra con las continuas líneas temporales, para firmar un libro casi teatral y en el que sabiamente juega en todo momento con la expectación del que pasará a continuación algo que ya explicó a la perfección en aquella lección de cine que nos dio con una batbola y una vaca.

¿Qué pasaría si de repente una invasión extraterrestre asolará la tierra y de repente tú te vieras encerrada en tu casa con el ligue de la noche anterior? Ésta es la línea de arranque de Extraterrestre, una película formada con apenas cuatro personajes, a los que se suman el vecino cotilla y el novio de la ella, lo que da lugar a una divertidísima comedia de enredo pero que no tiene ningún problema a la hora de huir de los tópicos y con un sentido del humor que desde luego tiene bastante poco que ver con el que estamos acostumbrados en el cine español. Vigalondo divide la película en diversos actos, lo que ayuda a reforzar esa sensación teatral y aunque en alguna ocasión corra peligro de convertirse en una colección de sketches consigue huir de ello dándole forma a todo el conjunto introduciendo a los nuevo personajes en el momento adecuado, así como sacarles de escena en cuanto su presencia pueda empezar a ser agotadora. Son personajes que además, los cuatro, quedan perfectamente dibujados desde su primera aparición, cuidando de forma notable el tratamiento evolutivo de todos ellos y haciendo hincapié en cada pequeño detalle para acabar creando una fascinante historia romántica casi Alleniana, que es capaz de resultar encantadoramente enternecedora, como en el fantástico plano en el que la cámara se aparta de la nave espacial para enfocarla a ella, escena que además fue la primera con la que se vendió la película, algo bastante lógico puesto que es posiblemente la que mejor la describe. La relación entre los dos funciona notablemente gracias a la química que desprende Michelle Jenner y Julián Villagrán, capaces además de aguantar el tipo y no verse absorbidos cada vez que Carlos Areces y Raúl Cimas aparecen en pantalla, dos tipos que derrochan talento y a los que no les hace falta mucho más que su simple presencia para hacer que el público estalle en carcajadas.

Vigalondo utiliza todos los elementos que tiene a su alrededor para ampliar el campo de la historia sin apenas salir de ese apartamento, aunque nunca se imponga ningún límite y sea capaz de introducir nuevos elementos o incluso de abandonarlo si la situación lo precisa, pero sin despojarse nunca, hasta su acto final, de la sensación de que el hombre allí encerrado no es más que un pequeño ser enjaulado a examen no solo de los extraterrestres a los que realmente les deben importar poco, si no de un espectador voyeur que ansía ver como se desarrollo este improvisto Gran Hermano. Sin salir de esa casa que fácilmente podría haber estado ubicada en Guadalix de la Sierra, es capaz de dar entrada también al desternillante personaje interpretado por Miguel Noguera gracias a la televisión o de ayudarse del piso de enfrente para crear uno de los momentos más divertidos de toda la película en los que las pelotas de tenis cobran un protagonismo mucho mayor que el que pueda tener cualquiera de los platillos volantes de la película.

Extraterrestre es una comedia genial que anda a medio camino entre ser una película de Woody Allen y una de Borja Cobeaga, de convertirse en un sketch de La Hora Chanante o incluso de formar parte de un monologo de Larry David. La propuesta de Vigalondo es sencilla no tiene más propósito que hacer que el espectador estalle en carcajadas, pero consigue ir más allá de eso alimentándose de una serie de personajes miserables, arrastrados por completo por el fango en busca de conseguir sus objetivos. ¿El fin del mundo? ¿La invasión alienígena? Meras excusas para escarbar en la idea de que el hombre jamás cambiará por mucho que el fin del mundo se acerque. Vigalondo se confirma como uno de los realizadores más interesantes a seguir en el panorama mundial durante los próximos años, no sólo por estar cargado de ideas interesantes que realmente no dejan de ser una vuelta de tuerca a otras ya concebidas, sino también por ser capaz de desarrollarlas al máximo sin verse limitado por el hecho de contar con pocos medios para contarlas.

Título Original: Extraterrestre Director: Nacho Vigalondo Guión: Nacho Vigalondo Música: Jorge Magaz Fotografía: Jon D. Domínguez Interpretes: Michelle Jenner, Julián Villagrán, Carlos Areces, Raúl Cimas, Miguel Noguera Distribuidora: Vértigo Fecha de Estreno: 23/03/2012