El cine español jamás ha sabido tratar la historia de nuestro país, ni la más reciente, ni por supuesto, la más antigua. Esta semana hemos vivido en España un acontecimiento histórico, la coronación del nuevo Rey de España Felipe VI, es por ello, que la columna de esta semana he querido dedicarla en ver como el cine español ha tratado a los Borbones, y la verdad es que cuesta encontrar películas que lo hagan, y más aún que lo hagan bien. Cosa que contrasta mucho con otros países monárquicos. Sin ir más lejos, de Reino Unido en los últimos años, nos han llegado grandes retratos de sus últimos monarcas, de Isabel II de Reino Unido en The queen de Stephen Sommers y de Jorge VI en El discurso del Rey de Tom Hooper.

Donde vas Alfonso XII

En España es muy distinto, más allá de ver a Carlos IV como personaje secundario en diversas películas sobre la figura de Francisco de Goya como Volaverunt o Los fantasmas de Goya, lo cierto es que el primer Rey Borbón que nuestro cine ha retratado no es muy lejano, Alfonso XII. Y resulta curioso, porque realmente no es difícil imaginar que figuras como las del propio Carlos IV y su hijo Fernando VII encerrados en Barcelona y despojados de la corona por Napoleón, o los líos de faldas de Isabel II de la que se dice que ninguno de sus hijos fue realmente de su cónyuge Francisco de Asis, que prefería otro tipo de actividad sexual, dieran pie a películas bastante interesantes.

Como decíamos, fue Alfonso XII el primer Borbón que pisó el cine y no con una, sino con dos películas biográficas, ¿Dónde vas Alfonso XII? y su secuela ¿Dónde vas triste de ti?, cuyos nombres, tan peculiares, nacen de la cultura popular con una cancioncilla que se empezó a escuchar tras la muerte de su primera esposa María de las Mercedes y cuyas dos primeras estrofas empezaban así. En ellas, fue Vicente Parra el encargado de dar vida al monarca, y también aparecía su madre Isabel en la piel de Mercedes Vecino. No eran para nada grandes películas, venían claramente a la estela del éxito cosechado por Sissi Emperatriz y no dejan de ser lo que conocemos con el Cine de Barrio más simple. Es cierto que la primera deja algún apunte interesante, pese a la sonrilla picarona que nos pueda provocar ver al Rey que le pregunte a un mendigo que le acompañe al Palacio de Oriente porque no sabe llegar, y las canciones de Paquita Rico que daba vida a la reina, como reclamo popular, es una película de tono alegre que justamente mejora en su tramo final, cuando se tiñe de la tragedia que siempre acompañó al monarca con la muerte de su primera esposa que es donde termina la primera entrega. Esos minutos finales son sin duda los más ricos de la cinta, pero ese gran sabor trágico no se contagió en su secuela. Perdido, obviamente, el tono alegre y jovial de la primera por la vida del monarca obligado a encontrar una nueva esposa que le dé un heredero, ¿Dónde vas triste de ti? resulta una película bastante monótona, cuyo valor histórico no pasa de lo meramente anecdótico.

Las últimas horas

También su hijo Alfonso XIII coronado a los 16 años estuvo plasmado en el cine, aunque en este caso no fue un biopic al uso como el de su padre, sino un retrato de los últimos días de la monarquía antes de la instauración de la segunda república en la desconocida película Las últimas horas de Santos Alcocer, en la que Ángel Picazo daba vida al monarca. Que Las últimas horas sea una película perdida en el colectivo de la memoria general, no es una coincidencia, estamos ante un filme de clara propaganda franquista en el que la instalación de la república es vendido como un virus de grave alcance mortal que se propaga entre la gente. No por ello deja de resultar una película curiosa, pues está tratada como una película catastrófica de despachos. Vista con la perspectiva del tiempo, su terrible mensaje puede dar una visión bastante interesante de como el régimen dictatorial de Franco utilizaba el cine para mandar claros mensajes, con personajes tan evidentes como el de ese padre de familia que se considera republicano y que una vez que ve cómo se alza la República se lamenta de aquello a lo que ha votado desde su ignorancia. Poco más en una película, que como la dictadura, es mejor dejar que se la lleve el tiempo.

23F

La figura de Juan Carlos I también se ha visto plasmada en el cine, siempre desde el mismo objetivo, el golpe de estado del General Fernando Tejero el 23-F. En la fallida 23-F: La película (no sé muy bien en que pensaban al darle ese nombre) era Juan Cayo el encargado en dar vida al monarca, en una película en la que su rol no era el más importante, ya que la película trataba de explicar el golpe de estado desde distintos puntos de vista. Mucho más interesante es la miniserie 23-F: El día más difícil del Rey en la que el siempre excelente Lluís Homar realizaba un gran retrato del monarca. Es cierto que la película fallaba bastante cuando se trataban de tocar los temas más íntimos del Rey, la bochornosa presentación con un aún joven Príncipe Felipe no hace presagiar la interesante lectura sobre la comprometida posición en la que se vio el monarca. Narrada casi como una tragedia romana, el miedo impera en la figura del Rey creyendo que ese golpe de estado será el fin de su reinado y también del pueblo. Saquemos cada uno las conclusiones ideológicas que queramos, y es que debo de confesar que me resultaría hasta más creíble lo que plasmaba Jordi Évole en el falso documental Operación Palace que lo que narra la miniserie de Televisión Española, pero no por ello la forma de la que está tratada deja de ser bastante interesante.

Pero la más bochornosa versión cinematográfica de los Borbones ha caído precisamente en el recién coronado Felipe VI y su esposa La reina Letizia. Fue también para televisión, pero con resultados muy distintos a los de 23-F: El día más difícil del Rey. La miniserie Felipe y Letizia fue una producción de Telecinco en la línea de tantos otros biopics de personajes públicos que han realizado recientemente como los de Mario Conde o Lola Flores, una versión grabada de lo que podrían ser las páginas de alguna revista como el Hola o Lecturas. Aquella miniserie en la que Fernando Gil daba vida a Felipe y Amaia Salamanca hacía lo propio Letizia, estaba enfocada en el romance de ambos, con la desaprobación de los Reyes ante una plebeya divorciada y la rebelión del Príncipe contra sus padres, todo contado de manera tonta, acartonada. Hay en un momento en el que el Rey, al que da vida un Juanjo Puigcorbé que parece estar interpretando un continuo sketch, dice: “¿Regalo de Reyes? Siempre me ha hecho gracia esa expresión.” Y parece querer sintetizar con ello el tipo de serie que es, una especie de regalo de (Joaquín) Reyes, que parece haber escrito cada frase de guión, con la diferencia de que en lugar de chistes, se toma todo en serio. Por supuesto, la película no acaba con la boda, el cuál sería su final lógico, si no que espera un poco más para enseñar a una Letizia derrumbada por los ataques del 11-M y dejar claro a todos que es la princesa del pueblo.

Felipe y Letizia

La verdad es que si quieren convencer a alguien de que la Monarquía de la Casa Borbón es la mejor opción, el cine no es su mejor arma, y es que nunca se ha sabido tratar con acierto a nuestros monarcas. Si se ha hecho con algunos anteriores, como el maravilloso retrato que realizó Vicente Aranda en Juana la loca con una inspiradísima Pilar López de Ayala, pero parecen meras excepciones que poco tienen que ver, al menos, con la vida de nuestros más recientes monarcas en la gran pantalla.